El Renault 4 E-Tech recupera el espíritu práctico del mítico “Cuatro Latas” y lo transforma en un SUV eléctrico de hasta 150 caballos, con baterías de 40 y 52 kWh y una autonomía que roza los 400 kilómetros. Un icono popular que ahora se mueve en silencio, pero con la misma vocación de coche para todo.

El Renault 4 ha vuelto. Y no como pieza de museo para románticos del carburador, sino como un SUV compacto 100% eléctrico dispuesto a demostrar que la nostalgia también puede enchufarse a la red. El nuevo Renault 4 E-Tech es hoy un crossover del segmento B con hasta 150 caballos, batería de 40 o 52 kWh, una autonomía que se mueve entre 300 y 400 kilómetros WLTP según versión y un maletero que ronda los 400 litros con portón amplio y vertical. Es práctico, es tecnológico y, sobre todo, intenta ser fiel a una idea que nació hace más de sesenta años. Porque antes de ser eléctrico, antes de ser SUV y antes incluso de ser icono, el Renault 4 fue una herramienta.

De herramienta rural a crossover eléctrico: el Renault 4 E-Tech reinterpreta uno de los modelos más influyentes de la historia europea con tecnología, conectividad y cero emisiones.

En 1961, Renault presentó un coche pensado para la Francia rural, para caminos de tierra y para familias que necesitaban algo más que un simple utilitario urbano. Frente a la sofisticación burguesa de otras propuestas, el R4 apostó por la tracción delantera, una suspensión con generoso recorrido y un portón trasero que lo convertía en algo casi revolucionario para su tamaño. Podías llevar sacos, herramientas, bicicletas o niños embarrados sin demasiados remordimientos. Era el coche del agricultor, del estudiante, del cartero. Más de ocho millones de unidades después, quedó claro que aquello no era una moda.

Un planteamiento desde cero

El nuevo Renault 4 E-Tech recoge ese espíritu y lo traduce al lenguaje de la sostenibilidad. Se asienta sobre una plataforma específica para coches eléctricos pequeños, lo que significa suelo plano, baterías integradas en el piso y un centro de gravedad bajo que mejora la estabilidad. No es un térmico reciclado con cables añadidos; está pensado desde cero para funcionar sin gasolina.

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Las versiones de 120 y 150 caballos ofrecen agilidad urbana y solvencia en carretera. Como buen eléctrico, entrega el par de forma inmediata, así que la sensación de respuesta es más viva de lo que sugieren las cifras. La batería de 40 kWh está orientada a quienes se mueven principalmente en ciudad y alrededores, mientras que la de 52 kWh amplía el radio de acción hasta rozar los 400 kilómetros homologados, una cifra que ya permite escapadas sin necesidad de planificar la ruta como si fueras de expedición por el Sáhara.

Esto huele a «Cuatro Latas»

El diseño es, quizá, el guiño más evidente al pasado. El frontal reinterpretado recuerda la parrilla rectangular del modelo original, ahora iluminada y cerrada por razones aerodinámicas. La silueta mantiene proporciones verticales y superficies limpias que evocan al “Cuatro Latas”, aunque ahora con una musculatura SUV y detalles modernos. No es un disfraz retro; es un ejercicio de memoria bien entendido porque las formas rectas no responden solo a una cuestión de estética: permiten un mejor aprovechamiento interior gracias una trasera casi vertical que maximiza la capacidad de carga.

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Es este uno de los puntos clave. El maletero, en torno a los 400 litros, mantiene viva la vocación práctica del R4. El portón amplio facilita el acceso, los asientos abatibles amplían el espacio y la modularidad responde a esa vieja idea de coche útil para todo. En los años sesenta eran sacos de patatas; hoy pueden ser tablas de paddle surf o la compra del Mercadona, pero la filosofía es la misma.

Renault 4 E-Tech, del carburador al algoritmo

La diferencia radical está bajo la piel. Donde antes había carburador y mecánica complicada, ahora hay gestión electrónica, recuperación de energía en frenada y actualizaciones remotas de software. El Renault 4 E-Tech incorpora asistentes de conducción, sistemas de conectividad permanente y una interfaz digital que convierte el salpicadero en un centro de información más propio de un gadget que de un coche clásico. La eficiencia ya no depende solo del conductor, sino de algoritmos que optimizan cada kilovatio.

Hasta 150 CV, cerca de 400 litros de maletero y una autonomía pensada para el día a día: el nuevo R4 no vive de la nostalgia, vive de la lógica.

Lo interesante es que Renault no ha querido hacer un coche nostálgico sin más. Ha intentado reinterpretar qué significaba el Renault 4 en su época. Entonces era democratizar la movilidad práctica. Hoy es ofrecer movilidad eléctrica accesible y razonable en tamaño y autonomía.

Con hasta 150 caballos, baterías equilibradas y una autonomía que cubre el día a día sin drama, el nuevo R4 evita el sentimentalismo, pero no la lógica. Como su antepasado, quiere ser el coche que encaje en muchas vidas distintas. Solo que ahora, en lugar de arrancar con estrangulador y olor a gasolina, lo hace en silencio. Y ese silencio, paradójicamente, dice mucho sobre cómo han cambiado las cosas.