Un estudio corrobora la percepción generalizada de que TikTok te vuelve tonto y cuantifica el coste cognitivo de los vídeos cortos: menos autocontrol y menos capacidad de concentración

La idea de que las redes sociales “fríen” la cabeza, especialmente los vídeos cortos de TikTok, los reels de Instagram y los shorts de YouTube, no es nueva. Pero más allá del escándalo de los «boomers» sobre la degradación de la generación Z, la neurociencia tiene algo que decir. Algunos estudios ya habían asociado el consumo excesivo de contenido breve con problemas de atención, impulsividad y hábitos difíciles de cortar, aunque no siempre quedaba claro qué pasaba en el cerebro mientras la persona intentaba concentrarse en una tarea con Instagram delante.

Un equipo de la Universidad de Zhejiang, en China, analizó hasta qué punto el vídeo corto en el móvil se relaciona con la atención y el control ejecutivo, es decir, esa función mental que usamos para ignorar distracciones, frenar impulsos y mantenernos en una tarea aunque sea menos divertida que un baile de 12 segundos.

El trabajo, publicado en la revista científica Frontiers, se ha vuelto viral tiempo después por una razón simple: pone palabras técnicas a algo que mucha gente reconoce en su día a día, abres una app “un momento” y, sorpresa, ha anochecido.

Sí, TikTok te vuelve tonto (o al menos afecta seriamente tus capacidades)

El estudio contó con 48 participantes, 35 mujeres y 13 hombres, con una edad media de 21,8 años. Todos usaban redes sociales con regularidad y consumían vídeos cortos, así que la comparación no era entre “monjes del Himalaya” y gente normal, sino entre distintos niveles de enganche.

Primero, los investigadores pasaron cuestionarios y escalas para medir la tendencia a un uso adictivo del vídeo corto y el autocontrol. También evaluaron impulsividad, estrés, divagación mental, control de la atención y síntomas de ansiedad o depresión, para tener una foto más completa y no culpar a un solo factor.

Después llegó la parte menos Instagram y más laboratorio. Los participantes realizaron una prueba conocida como Attention Network Test, con 192 ensayos diseñados para medir vigilancia, orientación espacial de la atención y control ejecutivo. Mientras tanto, les registraron la actividad cerebral con un EEG, un electroencefalograma, que capta patrones de ondas cerebrales mediante sensores en el cuero cabelludo.

Los resultados señalaron una relación clara: quienes reportaban mayor consumo problemático de vídeo corto tendían a mostrar menos autocontrol. Además, rindieron peor en la parte de enfoque del test y presentaron una actividad más débil en una zona frontal relacionada con concentración y control, dentro de la corteza prefrontal, que es como el “director de orquesta” cuando toca pensar con calma.

El propio artículo lo resume así: “Estos resultados sugieren que una mayor tendencia a la adicción a los vídeos cortos en el teléfono móvil podría afectar negativamente al autocontrol y disminuir el control ejecutivo dentro del ámbito de las funciones atencionales”.

El estudio también subraya que no se trata de afirmar que TikTok, Reels o Shorts “te destruyan el cerebro” en sentido literal. Habla de correlaciones observables entre más tendencia a engancharse al vídeo corto y peores indicadores de control inhibitorio y atención sostenida, justo lo que necesitas para estudiar, trabajar o leer algo más largo que un pie de foto.

Los autores añaden otra frase que explica por qué piden tomárselo en serio: “Este estudio arroja luz sobre las consecuencias adversas derivadas del consumo de vídeos cortos y subraya la importancia de desarrollar intervenciones para mitigar la adicción a los vídeos cortos”.

En otras palabras, quizá el problema no es que el contenido sea breve, sino que está optimizado para que no pares, y tu cerebro, que no nació para resistir una máquina tragaperras en el bolsillo, hace lo que puede.

REFERENCIA

Mobile phone short video use negatively impacts attention functions: an EEG study