La inteligencia artificial ha rastreado casi 100 millones de imágenes del archivo del telescopio espacial Hubble y ha sacado a la luz cientos de rarezas cósmicas nunca vistas
El telescopio espacial Hubble lleva desde 1990 tomando imágenes que han cambiado la cosmología, pero su mayor tesoro quizá no está en las portadas, sino en el almacén. Los archivos astronómicos crecen tan deprisa que ningún equipo humano puede revisarlo todo a ojo, y ahí es donde la inteligencia artificial, bien entrenada, puede funcionar como una linterna en la oscuridad.
La NASA y la Agencia Espacial Europea, ESA, llevan décadas guardando observaciones del Hubble en enormes bases de datos. Muchas se analizaron en su momento para responder a preguntas concretas, pero una parte inmensa quedó a la espera. Ahora, en vez de buscar una cosa, se rastrea todo el archivo para encontrar lo que no encaja.
El archivo perdido del telescopio espacial Hubble
La clave ha sido una técnica asistida por inteligencia artificial que revisa millones de imágenes diminutas, recortes de apenas unos pocos píxeles que capturan galaxias, estrellas y manchas raras a escalas de segundos de arco. El equipo analizó casi 100 millones de estos recortes del Hubble Legacy Archive y lo hizo en apenas dos días y medio, un ritmo que haría llorar a cualquiera que haya pasado tardes enteras tratando de distinguir una galaxia espiral de una mota de polvo.
El resultado suena a inventario de gabinete de curiosidades: más de 1.300 objetos con una apariencia extraña, y más de 800 de ellos nunca habían aparecido en la literatura científica. En la práctica, significa que llevábamos años pasando por delante de fenómenos raros sin verlos.
Anomalías en las que se encontraron menos de cinco objetos en este trabajo. Encontramos dos sistemas de anillos colisionales, otros dos discos protoplanetarios de canto y dos galaxias que contienen supernovas.
Muchos de esos “anómalos” resultaron ser galaxias en pleno choque o interacción, sistemas que se estiran, se retuercen y dejan colas de estrellas y gas como si alguien hubiera tirado de ellas. Otros encajan en un clásico espectacular: las lentes gravitacionales, cuando la gravedad de una galaxia cercana curva el espacio-tiempo y dobla la luz de otra más lejana hasta formar arcos o anillos. También aparecieron galaxias con enormes grumos de formación estelar, galaxias tipo medusa con “tentáculos” gaseosos y discos protoplanetarios vistos de canto en nuestra propia galaxia que, por alguna razón muy humana, recuerdan a una hamburguesa.
Lo más intrigante llega cuando el catálogo se queda sin etiquetas. “Sorprendentemente, varias docenas de objetos desafiaron por completo los esquemas de clasificación existentes”, señalaron desde la NASA al describir un puñado de hallazgos que no encajan bien en las categorías habituales. Esa frase tiene un sabor especial: no dice “hemos encontrado algo nuevo” en abstracto, dice “no sabemos ni dónde ponerlo”, que en ciencia suele ser el principio de algo interesante.
Buscando anomalías en el cielo
La herramienta que ha permitido este repaso se llama AnomalyMatch, una red neuronal diseñada por los investigadores David O’Ryan y Pablo Gómez, de la ESA. El sistema aprende patrones visuales para detectar rarezas, de forma parecida a como nuestro cerebro se fija en lo que rompe la rutina, pero lo hace sin cansarse y sin necesitar café. Después, los investigadores revisan manualmente las candidatas mejor puntuadas para confirmar cuáles son verdaderas anomalías y cuáles eran falsos positivos.
Este enfoque llega en el momento justo. El Hubble no es el único que acumula datos, y los próximos observatorios, como Euclid, el telescopio Nancy Grace Roman o el Vera C. Rubin Observatory, prometen una avalancha aún mayor. Si queremos exprimir el universo, tendremos que mezclar ojos humanos con herramientas capaces de rastrear océanos de información sin perderse en las olas.
REFERENCIA
Imagen principal: GSFC/NOAO/NASA/ESA/STIS Instrument Definition Team