Con solo 90 cm de largo y menos de un año de vida, este esqueleto de un dinosaurio bebé encontrado en Saskatchewan, Canadá, desvela el misterio de su especie

Los pachycefalosaurios, esos dinosaurios bípedos famosos por su cúpula craneal, han sido un rompecabezas con demasiadas piezas repetidas: cráneos por todas partes y muy poco del resto. La razón es simple y cruel, su “casco” óseo resiste mejor el paso del tiempo que las costillas, la pelvis o las patas, así que el registro fósil nos dejó una historia incompleta sobre cómo crecían y se movían, especialmente cuando eran crías.

Un equipo liderado por el paleontólogo Bryan Moore ha descrito un fósil juvenil catalogado como CMNFV 22039, hallado en la Formación Frenchman, al sur de Saskatchewan, en Canadá. Ese yacimiento guarda sedimentos del final del Cretácico, y el ejemplar ronda los 67 millones de años.

Lo extraordinario no es solo su antigüedad, sino su edad biológica. El animal probablemente murió con menos de un año. En el mundo de los pachycefalosaurios, eso equivale a encontrar una foto de bebé cuando solo tenías retratos de abuelos. Además, CMNFV 22039 representa el ejemplo más joven conocido con restos postcraneales, es decir, del cuerpo, no del cráneo.

El cuerpo del dinosaurio bebé que lo cambia todo

Elementos conservados de un paquicefalosaurio juvenil (CMNFV 22039) – Diagrama esquelético ©Journal of Vertebrate Paleontology

Elementos conservados de un paquicefalosaurio juvenil (CMNFV 22039) – Diagrama esquelético ©Journal of Vertebrate Paleontology

El pequeño medía unos 90 cm de largo, más o menos como un perro pequeño con ambiciones jurásicas. Aun así, su esqueleto ya muestra rasgos típicos de los pachycefalosaurios adultos. Esa mezcla resulta clave porque sugiere que ciertas “señas de identidad” del grupo aparecen muy pronto, antes de que la famosa cúpula del cráneo se forme por completo.

El detalle que más llama la atención está en las patas traseras. En proporción, parecen largas para un animal tan joven. Esa configuración apunta a un juvenil hecho para moverse rápido, más corredor que tanque. Si un depredador asomaba entre la vegetación, la estrategia no sería embestir con la cabeza, sino salir disparado.

Esa imagen contrasta con la de los adultos, que suelen presentar un cuerpo más robusto y pesado. El nuevo fósil sugiere que el cambio hacia una forma más compacta pudo ocurrir más tarde, a medida que crecían y se transformaban. En otras palabras, el “modo velocista” pudo ser una fase temprana, útil para sobrevivir cuando todavía no tenían el equipamiento craneal que los hizo famosos.

Para apoyar la edad del ejemplar, el equipo analizó la microestructura ósea. La histología, el estudio de tejidos al microscopio, reveló un patrón de hueso entretejido y muy vascularizado, típico de un crecimiento rápido. Además, no aparecen señales de remodelación ósea secundaria ni marcas claras que indiquen ciclos anuales de crecimiento, lo que encaja con un animal que no llegó a cumplir su primer año.

Este fósil ayuda a reconstruir cómo cambiaba el cuerpo con la edad, cómo se desplazaban los juveniles y qué rasgos del esqueleto sirven para identificar al grupo incluso cuando falta el cráneo. Y en un linaje donde la mayoría de pistas venían de una sola parte del cuerpo, eso es una pequeña revolución con patas largas.

REFERENCIA

The ontogenetically youngest known pachycephalosaur (Dinosauria: Ornithischia) postcranium