En menos de un año, Estados Unidos ha registrado diez casos de científicos desaparecidos o asesinados, todos ellos vinculados a proyectos críticos de defensa, energía nuclear y tecnología aeroespacial

En las últimas semanas, un escalofrío ha recorrido los pasillos de las instituciones científicas más prestigiosas de Estados Unidos. Lo que comenzó como una serie de incidentes aislados se ha transformado en un patrón inquietante que parece sacado de un thriller de Hollywood: una serie de muertes y desapariciones en circunstancias desconcertantes de diez expertos vinculados a tecnologías críticas 

Mientras los científicos desaparecen el silencio de la Casa Blanca ante estos incidentes sigue generando más preguntas que respuestas 

Expertos y exfuncionarios no han tardado en alzar la voz. Chris Swecker, ex subdirector del FBI sostiene que este aumento de bajas no puede analizarse de manera aislada y ha denunciado la posibilidad de que una red de espionaje internacional esté operando en suelo estadounidense. La hipótesis sugiere que potencias extranjeras podrían estar ejecutando una operación de espionaje industrial y sabotaje selectivo a gran escala para extraer información sobre sistemas de defensa como el Aegis. 

Por su parte, políticos en Washington han comenzado a exigir respuestas a la Casa Blanca. El congresista Tim Burchett ha calificado el patrón como «inquietante» y exige una investigación federal unificada. No se trata de científicos de cualquier área; los desaparecidos trabajaban en tecnología de defensa hipersónica, energía nuclear y sistemas de satélites, campos que hoy definen quién ostenta el poder global. 

Los casos de los científicos desaparecidos 

La desaparición más reciente es la de Steven García, de 48 años, un contratista del gobierno en el Campus de Seguridad Nacional de Kansas City (KCNSC). García, quien custodiaba equipos valorados en millones de dólares y poseía una autorización de seguridad de alto nivel, fue visto por última vez saliendo de su casa en Albuquerque portando únicamente una pistola. 

El caso de García no es el único que ha hecho saltar las alarmas en el Pentágono. Entre los desaparecidos destaca el general retirado William Neil McCasland, de 68 años, quien supervisaba proyectos de investigación de la Fuerza Aérea relacionados con secretos nucleares y fenómenos aéreos no identificados. McCasland se esfumó el 27 de febrero de 2026 tras salir de su domicilio equipado solo con botas de montaña y un revólver, dejando atrás su teléfono. 

Antes de estos acontecimientos, en junio de 2025, la ingeniera aeroespacial Mónica Jacinto Reza también desapareció mientras practicaba senderismo en California. Reza era directora en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA y creadora del Mondaloy, un metal avanzado vital para los motores de misiles que reduce la dependencia de la tecnología rusa. Curiosamente, McCasland había supervisado la financiación de sus investigaciones. 

La tragedia también ha golpeado con violencia. Nuno Loureiro, un físico teórico del MIT experto en fusión nuclear, fue asesinado a tiros en diciembre de 2025 al abrir la puerta de su casa en Boston. Meses después, el astrofísico Carl Grillmair, conocido por sus trabajos sobre exoplanetas y sistemas de rastreo de satélites para la NASA, murió tiroteado en el porche de su hogar. A estos casos se suman las desapariciones casi idénticas de Melissa Casias y Anthony Chavez, ambos empleados del Laboratorio Nacional de Los Álamos, quienes dejaron atrás todas sus pertenencias personales en 2025.

científicos desaparecidos y asesinados

Relación entre científicos desaparecidos y asesinados. Crédito: Daily Mail

Poca información y mucho miedo 

¿Qué une a estas personas? Todos compartían acceso a información clasificada sobre propulsión de cohetes, inteligencia artificial aplicada a drones y sistemas de encriptación de última generación. Documentos del Departamento de Energía revelan que varios de ellos asistieron a una conferencia técnica cerrada en febrero donde se discutieron vulnerabilidades críticas de seguridad. Además, el análisis de los dispositivos electrónicos de algunos fallecidos ha revelado comunicaciones encriptadas con servidores extranjeros semanas antes de su muerte. 

Durante la rueda de prensa de este miércoles 15 de abril en la Casa Blanca, se le preguntó por primera vez a la secretaria de prensa Karoline Leavitt sobre la serie de misteriosas desapariciones y asesinatos de científicos.

La pregunta fue si la administración Trump estaba al tanto de los incidentes y si la comunidad de inteligencia estadounidense ya estaba investigando si estaban relacionados, a lo que la portavoz Leavitt declaró: “No he hablado con los organismos pertinentes al respecto. Sin duda lo haré y les daré una respuesta. Si es cierto, por supuesto, creo que este gobierno y esta administración considerarían que vale la pena investigarlo. Así que permítanme que lo haga por ustedes”. 

Ante la falta de información, la respuesta insuficiente de la Casa Blanca y el aumento de las desapariciones se ha generado un clima de paranoia en el que cada accidente de tráfico o cada científico que no llega a cenar se analiza con lupa, mientras que el público piensa que los funcionarios federales no se han tomado en serio este patrón o que han estado trabajando para encubrirlo. 

Este fenómeno plantea un problema ético y práctico: ¿Cómo proteger a quienes poseen el conocimiento más peligroso del mundo sin limitar su libertad? Si la comunidad científica empieza a sentir que su trabajo la convierte en un blanco, el avance tecnológico podría estancarse por puro miedo. 

Mientras las investigaciones continúan la lista de científicos desaparecidos o asesinados crece, y con ella, el misterio sobre qué sabían y quién podría verse beneficiado con su silencio. 

REFERENCIAS 

White House finally breaks silence on 10 missing scientists… but leaves more questions yo be answered 

Missing nuclear official become TENTH person tied to dark pattern surrounding US secrets