Darío Pescador, director de Quo, habla de la influencia de los eclipses en la mente humana y en nuestra historia, durante la charla «El eclipse y nuestro lugar en el Universo», organizada por el Ayuntamiento de Soria
Un eclipse solar total es mucho más que un prodigio astronómico: es un instante en el que la historia, la ciencia y la mente humana se alinean. Los eclipses de sol han cambiado imperios, confirmado teorías científicas y ayudado a que las personas sean más conscientes de su lugar en el universo. Son breves apagones celestes que han servido como laboratorios naturales, oráculos políticos y catalizadores de emociones profundas en millones de seres humanos.
Soria, lugar privilegiado para ver el eclipse
El director de Quo, Darío Pescador, abordó así la relevancia que el eclipse del 12 de agosto de 2026 tendrá en las personas que lo contemplen desde España en una charla ofrecida en el Centro Cultural Gaya Nuño en Soria. La provincia será uno de los mejores lugares de España para vivir este acontecimiento.
Tanto la ciudad como gran parte de la provincia se encuentran dentro de la franja de totalidad, lo que permitirá disfrutar de esos 120 segundos en los que el Sol quedará completamente oculto por la Luna y el día se transformará en noche.
El observatorio de Boronia, en Soria, un lugar privilegiado para ver el eclipse de 2026
Soria, además, ofrece unas condiciones excepcionales por la limpieza de sus cielos, la baja contaminación lumínica con certificación Starlight y sus amplios espacios naturales. Entre los múltiples puntos de observación de la provincia está el Monte Valonsadero, cerca de la ciudad, que proporcionará autobuses en ese día para que los visitantes se puedan desplazar a verlo con comodidad. El Ayuntamiento de Soria también ha convocado una llamada para reclutar voluntarios que orienten y ayuden a las personas en ese día tan especial.
Los eclipses, testigos de la historia humana
A lo largo de los siglos, los eclipses solares han sido mucho más que espectáculos astronómicos. Han actuado como puntos de inflexión en batallas, como la legendaria paz entre lidios y medos en el 585 a.e.c., en la que los contendientes decidieron bajar las armas, por miedo a que el cielo cayera sobre sus cabezas, o la fundación de Tenochtitlán, en el actual México, en 1325.
El eclipse de 1912 en las noticias de la época
En España, la memoria histórica guarda con especial cariño el eclipse híbrido de 1912, una brevísima totalidad de apenas unos segundos que movilizó expediciones científicas a puntos como Cacabelos, en El Bierzo, y O Barco de Valdeorras, en Galicia. Aquel fenómeno, por desgracia, se vio eclipsado, ya que ocurrió solo dos días después del hundimiento del Titanic. Aún así, fue un eclipse «perlado», un raro evento intermedio entre anular y total que dejó una huella en la crónica científica del país.
Sin embargo, ningún eclipse ha tenido un impacto científico tan profundo como el del 29 de mayo de 1919. Fue el evento que transformó nuestra comprensión del cosmos al permitir poner a prueba la teoría de la relatividad general de Albert Einstein. El astrónomo Arthur Eddington lideró una expedición a la isla de Príncipe, mientras otro equipo viajaba a Sobral, Brasil, con un objetivo tan ambicioso como delicado: fotografiar estrellas cercanas al disco solar oscurecido.
La luz se «tuerce» por el efecto de la gravedad del Sol y las estrellas aparecen desplazadas durante el eclipse
La comparación con imágenes nocturnas confirmó que la gravedad del Sol curvaba la trayectoria de la luz, desplazando las estrellas aparentemente hacia afuera. Aquella desviación de 1.75 segundos de arco, el grosor de un cabello a diez metros, fue la primera prueba experimental de que el espacio y el tiempo se curvan, catapultando a Einstein a la fama mundial.
El efecto Ricitos de oro, el eclipse y la mente humana
La gravedad, según la relatividad general, no es una fuerza, sino la curvatura misma de ese tejido. Esta visión se opone a la interpretación de un cosmos diseñado a medida; el «principio de Ricitos de Oro», que describe las condiciones «justas» de la Tierra para la vida, no demuestra una providencia divina, sino un sesgo de selección: es la vida la que se adapta a las condiciones existentes, como un charco a su agujero.
Darse cuenta de que, en realidad, no somos tan especiales, es algo inevitable cuando un eclipse nos coloca en nuestro lugar, diminuto frente a la inmensidad del cosmos. La oscuridad repentina durante día provoca reacciones profundas en la biología y la psicología, tanto de los animales como de las personas. Estudios recientes muestran cómo las plantas ralentizan su fotosíntesis y los árboles sincronizan sus impulsos bioeléctricos a través de las redes de raíces, mientras que animales como las abejas, desorientadas al perder su referente solar, cesan por completo su actividad.
Familias contemplando el eclipse en Riverside, EE.UU. en 2017
En los seres humanos, la neurociencia ha medido la emoción del «asombro», revelando que durante un eclipse total se reduce la actividad cerebral relacionada con el ego y se disparan los sentimientos de conexión social. Un análisis de millones de tuits durante el eclipse de 2017 mostró un cambio del lenguaje del «yo» al «nosotros», confirmando que estos fenómenos celestes nos desarman, recordándonos lo pequeños que somos y, a la vez, lo mucho que nos necesitamos unos a otros. Los eclipses nos vuelven mejores personas, aunque sea brevemente, y nos dan una historia que contar a los nuestros.