Entre el uno y el cuatro por ciento de la población experimenta la sinestesia, una fusión involuntaria de los sentidos que la neurociencia lleva décadas intentando descifrar y que empieza a revelar sus secretos.
Para la mayoría de las personas, leer la palabra «limón» no produce ninguna sensación en la lengua. Pero hay quienes, al escuchar una nota musical, ven un destello de color azul que no está ahí. O quienes, al leer un número, lo perciben siempre teñido de un naranja vívido. No son alucionaciones, es sinestesia, y la neurociencia está empezando a explicar con precisión qué ocurre en el cerebro de estas personas.
Qué es la sinestesia y cuántas formas adopta
La sinestesia es un fenómeno neurológico en el que la estimulación de una vía sensorial desencadena, de forma involuntaria, una experiencia en otra vía completamente distinta. Se calcula que afecta a entre el uno y el cuatro por ciento de la población, aunque la prevalencia exacta es difícil de determinar porque muchos sinestetas no saben que lo son: simplemente asumen que todo el mundo experimenta el mundo como ellos.
Se conocen más de 60 variantes. La más común y estudiada es la sinestesia grafema-color, en la que las letras y los números evocan colores concretos. Una persona puede ver la «A» siempre en rojo y el «7» siempre en verde, de manera automática y consistente a lo largo del tiempo. También existe la cromotestesia (los sonidos producen colores o formas), la sinestesia léxico-gustativa (las palabras tienen sabor), o la que asocia conceptos abstractos como los días de la semana con posiciones concretas en el espacio. Lo que todas comparten es que la experiencia es involuntaria, vívida y estable: el sinesteta no elige sus asociaciones y no puede cambiarlas.
Lo que ocurre en el cerebro
Durante décadas, la sinestesia fue tratada con escepticismo en la comunidad científica. Hoy, gracias a técnicas de neuroimagen funcional, sabemos que no se trata de una alucinación ni de un proceso puramente cognitivo: hay actividad cerebral real en zonas que no deberían estar activas. En el caso de la sinestesia grafema-color, los estudios han mostrado que leer una letra activa no solo las regiones del lenguaje, sino también el área V4, la zona de la corteza visual responsable de procesar el color, incluso cuando la letra está escrita en negro.
La explicación más aceptada apunta a una mayor conectividad entre regiones cerebrales adyacentes. El área de procesamiento de grafemas y el área de color V4 se encuentran muy próximas en el cerebro; en los sinestetas, parece haber más conexiones entre ellas (o una poda neuronal insuficiente durante el desarrollo) que permite que la activación de una arrastre a la otra. Investigaciones más recientes también proponen modelos de retroalimentación: la señal viaja de las regiones de reconocimiento hacia las áreas sensoriales, generando la experiencia añadida.
Un rasgo heredado con ventajas inesperadas
La sinestesia tiende a aparecer en familias, lo que apunta a una base genética. Sin embargo, los genes implicados son numerosos y su interacción es compleja: no existe un único «gen de la sinestesia». La investigación genética sugiere que el fenómeno es poligénico y heterogéneo, lo que dificulta rastrear su origen evolutivo. Una pregunta que ha intrigado a los investigadores es por qué este rasgo se ha conservado en la población si no parece aportar ninguna ventaja obvia.
La respuesta podría estar en los beneficios cognitivos que se han ido documentando. La sinestesia es entre cinco y siete veces más frecuente en artistas, escritores y músicos que en la población general. Los sinestetas suelen tener mejor memoria (usan las asociaciones sensoriales como estrategia mnemotécnica) y procesamiento semántico más rico. También se ha observado que, lejos de ser un trastorno, no interfiere en la vida cotidiana; de hecho, muchos sinestetas la viven como una ventaja perceptiva. Todo ello sugiere que puede ser un subproducto de una mayor conectividad cerebral que, en conjunto, resulta beneficiosa.
Una ventana hacia la percepción humana
El estudio de la sinestesia trasciende el interés por el fenómeno en sí. Comprender por qué algunos cerebros mezclan los sentidos ayuda a entender cómo se construye la percepción en todos nosotros, incluso en quienes no son sinestetas. Las fronteras entre los sentidos son más permeables de lo que parecen: experimentos con personas sin sinestesia muestran que el sonido puede influir en la percepción visual, y que el lenguaje moldea la forma en que procesamos los colores. La sinestesia, en ese sentido, no es una rareza al margen de la experiencia humana normal, sino una versión amplificada de algo que está en la arquitectura de todos los cerebros.
REFERENCIA