Un equipo de la Universidad de Florida y la NASA publican un experimento químico realizado por primera vez en otro planeta: el análisis reveló más de 20 compuestos orgánicos en el suelo marciano, incluyendo una molécula con estructura similar a los bloques de construcción del ADN.
El rover Curiosity lleva más de una década rodando por la superficie de Marte. En 2020, en una zona del cráter Gale conocida como Glen Torridon, realizó un experimento químico que nunca antes se había ejecutado en otro mundo. Los resultados, publicados ahora en la revista Nature Communications, son los más ricos en diversidad molecular obtenidos hasta la fecha en Marte: más de 20 compuestos orgánicos distintos, entre ellos una molécula con nitrógeno cuya estructura se parece a los precursores del ADN, que nunca había sido detectada en el planeta rojo.
Un experimento con solo dos intentos posibles
El nombre técnico del experimento es SAM-TMAH, por las siglas del instrumento Sample Analysis at Mars y del reactivo utilizado, el hidróxido de trimetilamonio (TMAH). El TMAH tiene la propiedad de romper moléculas orgánicas grandes en fragmentos más pequeños que los instrumentos del rover pueden identificar. Es una técnica habitual en laboratorios terrestres, pero llevarla a Marte requirió años de planificación por una razón crucial: el Curiosity solo llevaba dos pequeñas tazas de TMAH a bordo. Dos oportunidades. Solo dos.
«Creemos que estamos mirando materia orgánica preservada en Marte durante 3.500 millones de años», explicó Amy Williams, profesora de Ciencias Geológicas de la Universidad de Florida y científica de las misiones Curiosity y Perseverance, que lideró el estudio. «Es muy valioso tener evidencia de que la materia orgánica antigua se conserva, porque eso es una forma de evaluar la habitabilidad de un entorno».
La elección del lugar no fue casual. Glen Torridon es una región excepcionalmente rica en minerales arcillosos, lo que indica que aquí hubo agua en el pasado. Las arcillas son especialmente buenas preservando moléculas orgánicas al protegerlas de la radiación ultravioleta y los oxidantes de la superficie marciana. Si existía algún lugar en Marte donde los compuestos orgánicos podrían haberse conservado desde hace miles de millones de años, Glen Torridon era la apuesta más razonada.
Qué se encontró exactamente
El inventario de moléculas detectadas es el más diverso jamás identificado in situ en Marte. Entre los compuestos más significativos destacan dos: una molécula con nitrógeno cuya estructura se asemeja a los precursores del ADN (nunca antes vista en el planeta rojo) y el benzotiofeno, un compuesto sulfuroso de doble anillo que suele llegar a los planetas transportado por meteoritos.
Este segundo hallazgo tiene una implicación notable. «La misma materia que llovió sobre Marte desde los meteoritos es la que llovió sobre la Tierra, y probablemente proporcionó los bloques de construcción para la vida tal como la conocemos en nuestro planeta», señaló Williams. En otras palabras, el inventario químico inicial de Marte y el de la Tierra primitiva podrían haber sido sorprendentemente similares. Lo que divergió fue la historia posterior de cada planeta.
La gran pregunta que el experimento no puede responder
El hallazgo es extraordinario, pero los investigadores son explícitos sobre sus límites: el experimento SAM-TMAH no puede distinguir entre compuestos orgánicos producidos por procesos geológicos o depositados por meteoritos, y compuestos orgánicos que alguna vez formaron parte de organismos vivos. Detectar las moléculas no es lo mismo que encontrar vida. Para responder a esa pregunta, los científicos necesitan traer muestras de roca marciana a la Tierra, donde los laboratorios terrestres podrían analizarlas con una precisión imposible de replicar a bordo de un rover.
«Ahora sabemos que hay grandes orgánicos complejos preservados en el subsuelo poco profundo de Marte, y eso tiene mucho potencial para preservar orgánicos complejos que podrían ser diagnósticos de vida», apuntó Williams. La misión de retorno de muestras marcianas, una colaboración entre la NASA y la ESA que lleva años en desarrollo aunque con retrasos presupuestarios, sería el paso necesario para cerrar esta pregunta.
Un experimento que viajará más lejos
El éxito del SAM-TMAH en Curiosity ya tiene continuación. La misión Rosalind Franklin, el rover europeo-estadounidense que espera su lanzamiento, llevará el mismo tipo de experimento a bordo. También la misión Dragonfly, que volará hasta Titán, la luna de Saturno, equipada con tecnología similar para buscar compuestos orgánicos en un mundo cuya química podría parecerse a la de la Tierra primitiva. Los dos únicos vasos de TMAH que Curiosity llevó durante años en su vientre acaban de convertirse en el argumento más sólido para volver a usarlos, esta vez con más muestras y mejores instrumentos, en mundos aún más lejanos.
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