Un ensayo con pacientes en quimioterapia muestra que tres sesiones semanales de ejercicio de intervalos de alta intensidad reduce la fatiga relacionada con el cáncer un 40%
La fatiga relacionada con el cáncer es uno de los síntomas más prevalentes y debilitantes del tratamiento oncológico: afecta al 70-100% de los pacientes en quimioterapia y en muchos casos persiste durante años después de finalizar el tratamiento. A diferencia de la fatiga normal, no se alivia con el descanso y puede ser tan severa que interfiere con el trabajo, las relaciones y la autonomía cotidiana.
El cuidado estándar para la fatiga relacionada con el cáncer sigue siendo en muchos centros la recomendación de «descansar cuando se esté cansado», una indicación que la evidencia de los últimos años ha ido erosionando consistentemente: el ejercicio moderado es mejor que el reposo. Un ensayo clínico multicéntrico noruego-neerlandés publicado en JAMA Oncology da un paso más radical: el ejercicio de alta intensidad durante la quimioterapia, no después, es seguro y especialmente eficaz.
El ensayo: HIIT durante la quimioterapia activa
El equipo reclutó a 266 pacientes con cáncer de mama en estadio I-III que iban a iniciar quimioterapia neoadyuvante o adyuvante. La mitad fueron asignadas al azar al grupo de ejercicio (tres sesiones semanales de 35 minutos de HIIT (High Intensity Interval Training, entrenamiento de intervalos de alta intensidad) supervisado en cicloergómetro, con intensidades del 70-90% de la frecuencia cardíaca máxima) y la otra mitad recibieron el cuidado estándar sin prescripción de ejercicio específico. El seguimiento duró todo el período de quimioterapia (entre 16 y 24 semanas según el régimen).
El criterio de seguridad primario (que el ejercicio no aumentara los eventos adversos graves de la quimioterapia ni requiriera reducción de dosis) se cumplió completamente: no hubo diferencias significativas en la tasa de eventos adversos grados 3-4 entre los dos grupos. La fatiga relacionada con el cáncer (medida con la escala FACIT-Fatigue) se redujo un 40% más en el grupo de ejercicio que en el control al final de la quimioterapia. La capacidad cardiorrespiratoria (VO2peak), que normalmente se deteriora significativamente durante la quimioterapia, se mantuvo estable en el grupo de ejercicio y cayó un 8% en el grupo control. La calidad de vida global también fue significativamente mejor en el grupo de ejercicio.
Por qué el HIIT y no el ejercicio moderado
La elección del HIIT sobre el ejercicio moderado continuo fue deliberada y respaldada por evidencia mecanística. La quimioterapia produce cardiotoxicidad (daño al músculo cardíaco), reducción de la masa muscular y alteraciones mitocondriales que juntas explican la fatiga persistente. El HIIT activa señales moleculares (PGC-1alfa, AMPK) que estimulan la biogénesis mitocondrial y tienen efectos cardioprotectores directos que el ejercicio moderado activa en menor medida.
En el contexto de un tratamiento activo que está dañando el corazón y el músculo, el estímulo más potente del HIIT puede ser necesario para contrarrestar ese daño de forma efectiva. En España, donde la oncología de ejercicio (la especialidad que integra el ejercicio en el tratamiento del cáncer) está todavía en proceso de institucionalización en los hospitales de referencia, este ensayo proporciona la evidencia más sólida hasta ahora para justificar la prescripción de HIIT supervisado como parte del tratamiento estándar durante la quimioterapia.
REFERENCIA