Los restos de los fuegos artificiales envenenan el agua
Un estudio en China demuestra que los residuos sólidos de los petardos, al caer en lagos y ríos, liberan metales y compuestos orgánicos capaces de alterar la química del agua durante días.
Cada vez que termina un espectáculo de fuegos artificiales, queda en el suelo y en el agua algo más que el olor a pólvora quemada: cartón chamuscado, restos de combustible sin quemar del todo y sales metálicas responsables de los colores del espectáculo. Ese material, cuando cae directamente en lagos, estanques o ríos cercanos al punto de lanzamiento, no desaparece sin más. Un equipo de investigadores chinos, liderado por el químico Guan-Lin Chen, ha analizado con detalle qué le ocurre al agua cuando entra en contacto con esos restos.
Lo que queda flotando después del espectáculo
El estudio, publicado en Environmental Science & Technology, se centró en los residuos de petardos y buscó entender su interacción con el agua a nivel molecular, algo que la investigación anterior sobre contaminación por fuegos artificiales apenas había abordado con este grado de detalle. Los investigadores sumergieron restos reales de petardos en muestras de agua de lago y de río, y siguieron con técnicas analíticas de alta precisión cómo cambiaba la composición química del agua a lo largo del tiempo.
Los resultados mostraron un doble efecto. Por un lado, los restos liberan cantidades significativas de iones metálicos, entre ellos potasio y manganeso, además de materia orgánica disuelta, incluyendo fenoles sencillos y compuestos que contienen azufre. Por otro lado, y de forma menos intuitiva, el propio material sólido que queda flotando o hundido también absorbe parte de las sustancias que ya estaban disueltas en el agua antes de la explosión, actuando como una especie de esponja química que retiene compuestos preexistentes.
Un cambio químico con consecuencias para la vida acuática
Ese doble movimiento (liberar unas sustancias mientras se absorben otras) reconfigura por completo el perfil químico del agua en las horas y días posteriores a un espectáculo pirotécnico. Los autores advierten de que estos cambios pueden interferir con las comunidades microbianas que sostienen buena parte del ecosistema acuático, desde las bacterias que descomponen materia orgánica hasta las que forman la base de la cadena alimentaria de peces e invertebrados.
El riesgo no es solo teórico. Cuando los fuegos artificiales se repiten con frecuencia en un mismo lugar, algo habitual en celebraciones como el Año Nuevo Lunar en China o el 4 de julio en Estados Unidos, los residuos se van acumulando en el fondo de lagos y ríos cercanos, y el efecto de cada nueva explosión se suma al de las anteriores en lugar de disiparse por completo entre celebración y celebración.
Qué pueden hacer los organizadores de espectáculos
El equipo de Chen no plantea prohibir los fuegos artificiales, pero sí señala varias medidas prácticas que podrían reducir su huella en el agua: alejar los puntos de lanzamiento de lagos, estanques y cursos de agua sensibles, organizar la retirada sistemática de los restos flotantes en las horas siguientes a cada espectáculo, y priorizar formulaciones pirotécnicas con menos contenido metálico allí donde exista esa alternativa.
El estudio se suma a otros dos trabajos recientes de la Sociedad Química Americana que analizan el impacto ambiental de los fuegos artificiales desde ángulos distintos, entre ellos la contaminación del aire por partículas y aminas durante grandes celebraciones. En conjunto, ese conjunto de investigaciones traza un retrato cada vez más completo de un fenómeno festivo cuya huella ambiental, hasta hace poco, apenas se había medido con rigor científico.
Referencia
- Molecular-Level Perturbations of Dissolved Organic Matter Driven by Episodic Firecracker Residue Leaching (Guan-Lin Chen et al., Environmental Science & Technology, 2026)
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