Los primeros animales pasaron por una verdadera revolución sexual para sobrevivir y adaptarse a las condiciones en la Tierra

magina un mundo en silencio, sumergido bajo un océano profundo y oscuro, donde no hay peces, corales, ni siquiera depredadores. Hace unos 570 millones de años, durante el periodo Ediacárico que se extendió desde hace unos 635 hasta 539 millones de años, la Tierra dio la bienvenida a los primeros animales, sin embargo, no se parecían en nada a los que conocemos hoy en día, eran criaturas extrañas, más parecidos a helechos gigantes, que vivían anclados al lecho marino como si fueran plantas.

Durante millones de años, estas criaturas, conocidas como rangeomorfos, apenas sufrieron cambios, como el fractofusus que podía alcanzar hasta los dos metros, aunque carecían de boca o capacidad de movimiento, manteniendo un ritmo evolutivo asombrosamente lento. Eran los reyes del océano, llevaban una existencia tranquila y sin sobresaltos, pero su evolución parecía haberse congelado en el tiempo. No se movían, no competían demasiado entre sí, y se reproducían de forma asexual.

Según un estudio reciente publicado en Nature Ecology and Evolution por investigadores de la Universidad de Cambridge, la razón de por qué la vida tardó tanto en evolucionar y diversificarse es mucho más sencilla y básica de lo que cabría esperar: el problema es que no tenían sexo.

De los clones a la revolución sexual

Para entender este estancamiento, los científicos utilizaron láser de alta resolución y modelos de inteligencia artificial mapeando así la posición de miles de fósiles en Terranova, Canadá. Lo que descubrieron fue una sociedad de clones.

Estos primeros animales se reproducían de forma asexual utilizando para ello una red de “corredores” o estolones, lanzaban un filamento por el suelo y de ahí brotaban crías genéticamente idénticas. Este tipo de reproducción mantenía a los individuos conectados físicamente entre sí, padres, hijos, hermanos… todos estaban enchufados a la misma red y compartían los nutrientes de forma cooperativa.

Fractofusus rodeado de sus larvas y conectado a ellas mediante filamentos (revolución sexual)

Fractofusus rodeado de sus larvas y conectado a ellas mediante filamentos

«La vida era bastante agradable durante el Ediacárico, así que la necesidad del sexo era bastante limitada», explica la investigadora principal, la Dra. Emily Mitchell, del Departamento de Zoología de Cambridge. «Había relativamente poca competencia, por lo que no había ninguna presión real para cambiar nada.»
Un escenario de paz y clonación donde no existía la competencia, y sin competencia por los recursos, no había una razón para evolucionar. La vida estaba atrapada en una zona de confort biológica que duró millones de años.

Sexo, viajes y diversidad

Todo cambió cuando las condiciones ambientales se volvieron más difíciles, a medida que la vida se desplazaba hacia aguas menos profundas, enfrentándose a mareas y tormentas, la supervivencia se volvió menos predecible, mientras que el abismo marino era estable y tranquilo, las zonas costeras eran un caos de tormentas, cambios de temperatura y variaciones de alimento.

En este entorno hostil, la estrategia de quedarse pegado al suelo mediante clones dejó de funcionar, comunidades enteras morían y no había nadie para reemplazarlas. Bajo el estrés de las aguas superficiales, estos animales desarrollaron la capacidad de reproducirse sexualmente. Esto mezcló sus genes, creando individuos diferentes y más resistentes y permitió que sus crías se convirtieran en propágulos, una especie de semillas o larvas primitivas, capaces de flotar en la corriente.

ediacárido

La tranquila vida del Ediacárido

Con la reproducción llegó la dispersión, en lugar de quedarse pegados a sus progenitores por un corredor, las crías podían alejarse arrastradas por las corrientes, explorar y colonizar nuevos territorios. La distancia entre individuos aumentó, y con ella la competencia por los recursos, la selección natural se aceleró y la diversidad se disparó.

Este proceso dio lugar a una segunda gran ola evolutiva preparando el terreno para la explosión cámbrica, cuando los animales empezaron a adquirir la habilidad de moverse por sí mismos. El sexo fue la herramienta que permitió a la vida romper las cadenas de la monotonía y acelerar el increíble proceso evolutivo de nuestro planeta.

REFERENCIA

The influence of reproductive mode on resource competition and diversity patterns in Ediacaran early animal communities

Video: Paleozoo