El fin de la caries podría llegar el año que viene: este gel regenera el esmalte
Un material creado con proteínas, con participación de la Universidad de Valladolid, rellena las grietas del diente y aprovecha el calcio y el fosfato de la saliva para hacer crecer una capa mineral casi idéntica al esmalte sano
El esmalte de tus dientes tiene una peculiaridad incómoda: es el tejido más duro de tu cuerpo y, al mismo tiempo, uno de los pocos que no se regenera. Cuando se desgasta o se pierde, no vuelve a crecer, y por eso el dentista recurre al torno y al empaste en lugar de esperar a que la naturaleza haga su trabajo. Un equipo internacional acaba de presentar un gel capaz de darle la vuelta a ese dogma, al menos en el laboratorio, consiguiendo que sobre el diente crezca esmalte nuevo con la misma estructura que el original.
El único tejido del cuerpo que no se repara
El esmalte es la capa exterior que protege el diente de la presión, los cambios de temperatura, los ácidos y el desgaste diario. Su gran fortaleza esconde una debilidad: no contiene células vivas, así que, una vez dañado, no puede repararse por sí mismo. Ese deterioro está detrás de la caries y de otros problemas dentales que afectan a casi la mitad de la población mundial, con consecuencias que van del dolor y la infección a la pérdida de piezas, y que incluso se han relacionado con enfermedades más generales como la diabetes o los problemas cardiovasculares. Los productos actuales, como los barnices de flúor, ayudan a reforzar el esmalte que queda o a calmar los síntomas, pero no reconstruyen la estructura perdida.
Un gel que imita a la infancia
Aquí es donde entra el nuevo material, desarrollado por científicos de la Universidad de Nottingham junto a un equipo internacional. La idea, publicada en la revista Nature Communications, es copiar el proceso biológico que forma el esmalte cuando somos bebés. El gel prescinde del flúor y se fabrica con unas proteínas diseñadas para reproducir la función de las que guían de forma natural la creación del esmalte durante la infancia. El dentista podría aplicarlo en la consulta con la misma rapidez que un barniz de flúor. Una vez sobre el diente, forma una capa fina y resistente que penetra en la superficie y rellena grietas y poros, y a partir de ahí actúa como un andamio. Ese armazón atrae los iones de calcio y fosfato presentes en la saliva y dirige la formación ordenada de nuevos cristales minerales, en un proceso llamado mineralización epitaxial: los cristales nuevos crecen alineados con la estructura que ya tiene el diente y se integran con el tejido natural, en vez de quedarse como una costra separada y desorganizada. Así, la superficie reparada recupera tanto la arquitectura microscópica como las propiedades mecánicas del esmalte sano.
Merece la pena destacar el sello español del trabajo. El corazón del material son unos recombinámeros similares a la elastina (unas proteínas artificiales de diseño) desarrollados por el grupo BIOFORGE de la Universidad de Valladolid, que dirige el investigador José Carlos Rodríguez-Cabello, referencia mundial en este tipo de biomateriales.
También para los dientes sensibles
El gel apunta a un segundo uso que interesará a mucha gente: la dentina expuesta. La dentina es la capa más blanda que hay bajo el esmalte, y queda al descubierto cuando este se desgasta o cuando las encías se retraen. Como está atravesada por diminutos canales que conducen hasta el nervio, su exposición provoca esa punzada de sensibilidad al frío, al calor o al dulce que tantos conocen. Aplicado sobre la dentina, el material hace crecer una capa mineral parecida al esmalte que podría reducir la sensibilidad y, de paso, ofrecer una superficie más firme para que se adhieran los empastes. El equipo sometió el tejido regenerado a condiciones que imitan la vida real (cepillado repetido, fuerzas de masticación y contacto con alimentos ácidos) y comprobó que se comportaba igual que el esmalte natural sano.
Prometedor, pero todavía en el laboratorio
Todas estas pruebas se han hecho sobre dientes humanos extraídos y en el laboratorio, no dentro de la boca de un paciente a lo largo del tiempo, de modo que aún está por demostrar cómo aguanta el material frente al ambiente real de la boca, con su saliva cambiante, sus bacterias y años de uso. Conviene también no confundir los términos: regenerar esmalte no equivale a curar una caries ya formada, que es una infección bacteriana con su propio tratamiento. Lo que ofrece este gel es reparar el mineral perdido por erosión o desgaste y reforzar la pieza, algo especialmente útil en fases tempranas. El propio equipo, que ha creado la empresa Mintech-Bio para comercializar la tecnología, confía en tener un primer producto el año que viene, una previsión optimista que conviene tomar con la cautela habitual, sabiendo además que detrás hay un interés comercial.
Con esas reservas, la dirección es esperanzadora. Si el material confirma en la boca lo que promete en el laboratorio, la odontología podría empezar a moverse desde la lógica de perforar y rellenar hacia otra de regenerar y reforzar. Mientras ese día llega, la receta de siempre sigue siendo la más eficaz y la más barata: cepillado, menos azúcar y una visita al dentista de vez en cuando. El esmalte que no gastas es, por ahora, el único que tienes garantizado.
REFERENCIA
- Biomimetic supramolecular protein matrix restores structure and properties of human dental enamel (Hasan et al., Nature Communications 16, 9434, 2025. DOI: 10.1038/s41467-025-64982-y)
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