Inglaterra, Francia y Bélgica arrojaron 200.000 barriles de residuos nucleares al Atlántico, ahora hay un problema

A barrel oozing radioactive waste at the bottom of the Atlantic Ocean. (NODSSUM Campaign, CNRS, French Oceanographic Fleet)

Una expedición del CNRS localiza a 4.700 metros de profundidad los barriles con residuos radiactivos que Europa arrojó al Atlántico entre 1946 y 1993.

Entre 1946 y 1993, los países europeos arrojaron al Atlántico nordeste más de 200.000 barriles con residuos radiactivos de baja intensidad. El vertido era legal: la Convención de Londres lo autorizaba, y la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE supervisaba las operaciones. La prohibición llegó en 1993, pero los barriles llevan décadas en el fondo del océano. Dos expediciones del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS) han descendido hasta los 4.700 metros para fotografiarlos, y lo que han encontrado supera lo que cualquier modelo de seguridad de la época había previsto: los contenedores rezuman, y en torno a ellos ha crecido vida.

Índice
  1. Un vertido legal que duró medio siglo
  2. Los barriles localizados a 4.700 metros de profundidad
  3. La vida que nadie esperaba encontrar
  4. REFERENCIA

Un vertido legal que duró medio siglo

Durante casi cinco décadas, los países europeos (entre ellos el Reino Unido, Bélgica, los Países Bajos, Francia, Alemania y Suiza) vertieron en el Atlántico residuos radiactivos de baja actividad: materiales de laboratorio, herramientas contaminadas, equipos y trapos procedentes de instalaciones nucleares. El material, envasado en bidones de cemento o metal, se arrojaba desde barcos en zonas autorizadas a profundidades de entre 3.000 y 5.000 metros. La lógica de la época era la dilución: el océano profundo es inmenso, el volumen de residuos comparativamente pequeño y la profundidad suficiente para que los isótopos más activos se desintegren antes de que cualquier contaminante alcance la superficie. El total acumulado superó las 150.000 toneladas de material, con cesio-137, plutonio, tritio, cobalto-60, niobio-94 y americio-241 entre los isótopos presentes. La Convención de Londres prohibió definitivamente la práctica en 1993.

Los barriles localizados a 4.700 metros de profundidad

El proyecto NODSSUM (Nuclear Ocean Dump Site Survey and Monitoring), coordinado por el CNRS y codirigido por Patrick Chardon (Universidad de Clermont Auvernia) y Javier Escartín (École Normale Supérieure de París), realizó en junio de 2025 un primer reconocimiento con el vehículo autónomo submarino UlyX, con el que localizó y cartografió 3.355 barriles en la llanura abisal del Atlántico nordeste. En mayo de 2026, el sumergible Nautile completó 20 inmersiones a más de 4.700 metros de profundidad para tomar muestras directas: 5.000 litros de agua, 345 núcleos de sedimento del fondo marino y 34 especímenes de organismos vivos.

Las imágenes revelaron contenedores con corrosión severa y material del interior rezumando hacia el sedimento circundante. Los niveles de radioactividad detectados están por encima de los valores de fondo esperados para la zona, aunque el equipo califica la contaminación de «limitada» y señala que los valores descienden bruscamente a pocos metros de los barriles.

La vida que nadie esperaba encontrar

La sorpresa de las expediciones llegó por el lado biológico. Los barriles corroídos actúan como arrecifes artificiales: están colonizados por anémonas, esponjas, pepinos de mar, peces y crustáceos. Una colonización que los investigadores no habían previsto con esa densidad y que plantea una pregunta crítica que el laboratorio aún no ha respondido: si los isótopos detectados (cesio-137, cobalto-60, niobio-94 y americio-241) se acumulan en los tejidos de estos organismos y a qué concentraciones.

La bioacumulación, el proceso por el que un contaminante se concentra progresivamente en los eslabones de una cadena trófica, podría transportar los isótopos a distancias y profundidades muy superiores a las que alcanza la dispersión física. Las 34 muestras de organismos recogidas están siendo analizadas en laboratorio.

Los datos preliminares del equipo del CNRS indican que no se ha detectado contaminación ambiental significativa más allá del entorno inmediato de los barriles. Ahora bien, el análisis de 345 núcleos de sedimento y de las muestras biológicas acaba de comenzar. Lo que Europa selló en el Atlántico hace entre treinta y ochenta años podría revelar aún mucho sobre las consecuencias de haber delegado al océano profundo la gestión de los residuos más peligrosos de la civilización industrial.

REFERENCIA

Foto: A barrel oozing radioactive waste at the bottom of the Atlantic Ocean. (NODSSUM Campaign, CNRS, French Oceanographic Fleet)

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