Casi un siglo extinto, y ahora sabemos que el tigre de Tasmania no cazaba como los lobos

tilacino

Durante un siglo, el tilacino fue el ejemplo perfecto de evolución convergente con el lobo, pero un análisis de su mordida y su mandíbula única lo desmonta

Casi cualquier libro de biología evolutiva incluye la misma fotografía comparativa: a un lado, el cráneo de un lobo. Al otro, el de un tilacino, el llamado tigre de Tasmania, extinto desde 1936. Son tan parecidos que llevan décadas ilustrando la evolución convergente, ese fenómeno por el que dos especies sin parentesco cercano acaban con soluciones anatómicas casi idénticas al enfrentarse al mismo problema. El tilacino era un marsupial, separado evolutivamente de perros y lobos (mamíferos placentarios) desde hace unos 160 millones de años. Aun así, su calavera parecía calcada.

Índice
  1. Lo que el cráneo dice de verdad
  2. Un mordisco que no se parece al de un lobo
  3. Por qué la comparación con el lobo nació, y por qué falla
  4. El límite de trabajar con huesos de museo
  5. REFERENCIAS

Lo que el cráneo dice de verdad

Un equipo liderado por Vera Weisbecker ha comparado la forma del cráneo del tilacino con la de 60 especies de 14 familias de mamíferos carnívoros actuales, en un trabajo publicado en Nature Communications el 31 de agosto de 2026. La conclusión rompe con el relato de manual: la cabeza del tilacino era desproporcionadamente grande para un cuerpo de apenas 17 kilos, con un hocico alto y grácil, una región canina más ensanchada de lo esperado y unos forámenes infraorbitarios (los orificios por los que pasan nervios y vasos sanguíneos de la cara) llamativamente grandes. Ninguna combinación así aparece en los carnívoros vivos analizados.

Un mordisco que no se parece al de un lobo

Esa mezcla de rasgos apunta a un estilo de caza propio: un mordisco rápido y de alto impacto, distinto de la mordida sostenida y de fuerza progresiva que emplean los cánidos actuales para reducir presas grandes. Los propios autores lo resumen con una frase que conviene tomar en serio: la función del cráneo del tilacino puede no ser deducible a partir de la observación de los mamíferos que sobreviven hoy. Comparar al tilacino con un lobo, por muy parecidos que resulten a simple vista, puede llevar a conclusiones equivocadas sobre cómo cazaba de verdad.

Por qué la comparación con el lobo nació, y por qué falla

La convergencia con el lobo no es un error inventado, tiene una razón de ser. Los dos animales llegaron, cada uno por su lado, a un cuerpo alargado, patas relativamente largas y un hocico estrecho, la solución anatómica típica de un cazador que persigue presas en campo abierto. El problema aparece al mirar el detalle, no la silueta general: la forma exacta del cráneo, que es donde se concentran los músculos y los puntos de apoyo de la mordida, no sigue el mismo patrón en las dos especies. Confundir un parecido a distancia con una función idéntica es, precisamente, el error que este trabajo corrige.

El límite de trabajar con huesos de museo

El estudio se apoya en morfología comparada sobre cráneos conservados en colecciones, no en observaciones directas de tilacinos cazando: el último ejemplar en cautividad murió en el zoo de Beaumaris, en Hobart, hace 90 años. No hay medición de fuerza de mordida en un animal vivo, ni registro de presas reales, y el propio dato de 17 kilos es una estimación basada en el esqueleto, no un peso tomado en una báscula. La inferencia sobre el estilo de caza es una hipótesis sólida derivada de la forma del hueso, y los propios autores señalan la genética como la vía más prometedora para ponerla a prueba en el futuro, la misma disciplina que alimenta hoy los debates sobre si alguna especie extinta podría llegar a resucitarse.

La próxima vez que aparezca la comparación entre el tilacino y el lobo en un libro de texto, vale la pena mirar el cráneo con más atención. Los restos del último tilacino conocido llevan casi 90 años guardados, y todavía tienen cosas nuevas que contar sobre cómo vivía un animal que ningún humano vivo llegó a ver cazar.

REFERENCIAS

Weisbecker, V.; Pask, A. J.; Newton, A. H.; Rovinsky, D. S. "Skull morphology of the extinct Tasmanian tiger suggests unique biting style". Nature Communications, vol. 17, art. 8729, 31 de agosto de 2026. DOI: 10.1038/s41467-026-76614-0.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a Casi un siglo extinto, y ahora sabemos que el tigre de Tasmania no cazaba como los lobos puedes visitar la categoría NATURALEZA.

Continúa Leyendo

Subir