El océano absorbe nuestro CO₂, pero cada vez le cuesta más
Un informe de Naciones Unidas advierte de que el cambio climático está debilitando la capacidad del mar para almacenar carbono
Si no nos hemos convertido ya en un desierto ardiente por el calentamiento global, es porque los océanos nos protegen, hasta cierto punto. Los océanos llevan décadas ayudándonos a contener el calentamiento global y amortiguando las consecuencias de nuestras emisiones. Absorben alrededor del 30 % del dióxido de carbono que emitimos y cerca del 90 % del exceso de calor atrapado por los gases de efecto invernadero. Cada vez que quemamos carbón, petróleo o gas, una parte considerable acaba bajo el agua.
¿Qué está sucediendo en el océano?
El Climate Technology Progress Report 2026, elaborado por el Centro del Clima de Copenhague del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente junto con organismos de la Convención de la ONU sobre el Cambio Climático, reúne las evidencias sobre esa transformación. Su mensaje es claro: necesitamos conocer mejor cómo funciona el carbono en el océano para proteger su papel en el clima. El calentamiento global, los cambios en la química, las corrientes y los ecosistemas marinos están alterando la capacidad de los océanos para captar y almacenar carbono.
Una de las cifras más llamativas del informe es que el cambio climático ya ha reducido aproximadamente un 6 % la capacidad del océano para captar carbono. Esto no significa que el mar absorba un 6 % menos que el año pasado, la comparación se hace con un escenario hipotético en el que el CO₂ atmosférico aumenta, pero no se producen los cambios climáticos provocados por las actividades humanas. Es decir, el océano sigue retirando una enorme cantidad de carbono de la atmósfera, pero captura menos del que podría absorber sin esas alteraciones, y el carbono que no entra en el agua contribuye a que haya más CO₂ en el aire.
Sara Traerup, autora principal del informe, explica que el océano está teniendo cada vez más dificultades para realizar esta actividad, si se debilita, una mayor proporción de nuestras emisiones permanecerá en la atmósfera.
Más allá de un mar más caliente en verano
El intercambio de carbono entre el aire y el agua depende de varios procesos, la temperatura influye ya que el agua más caliente disuelve menos menos CO₂, pero también cuentan los vientos, las corrientes, la química del agua y los organismos marinos.
Los vientos, por ejemplo, ayudan a mover y mezclar el océano. Cuando cambian, pueden favorecer que asciendan aguas profundas cargadas de carbono y al llegar a la superficie, parte de ese carbono puede volver a la atmósfera.
Además, el calentamiento refuerza la separación entre las capas del mar. El agua superficial, más cálida y ligera, se mezcla con mayor dificultad con la que tiene debajo, esto dificulta el transporte de carbono hacia las profundidades, donde permanece apartado de la atmósfera durante mucho tiempo.
La absorción del propio CO₂ también modifica la química marina y provoca acidificación. A medida que avanza ese proceso, disminuye la eficiencia con la que el agua puede incorporar más dióxido de carbono.
Nos faltan datos donde más los necesitamos
Puede parecer sorprendente, pero todavía nos falta mucha información sobre cómo circula y se almacena el carbono en el mar. El océano no responde igual en todas partes: hay regiones que captan carbono y otras que lo liberan, y ese balance cambia con las estaciones y entre unos años y otros.
Por eso, medirlo bien resulta fundamental para distinguir una tendencia de las oscilaciones naturales. Sin embargo, siguen existiendo importantes lagunas de observación, especialmente en el océano Austral, el Ártico, el Índico y numerosas zonas costeras.
El informe propone combinar observaciones, tecnologías, datos locales y modelos para comprender mejor esos cambios, Ocean Carbon Intelligence, se trata de tener información útil y suficiente para saber qué está ocurriendo y comprobar si las medidas que adoptamos funcionan.
Tres formas de actuar sobre el carbono oceánico
La primera es observar el océano. Incluye sensores, sistemas de seguimiento, infraestructuras para compartir datos y modelos que ayudan a interpretarlos, son las tecnologías más antiguas y una de las inversiones más urgentes.
La segunda se centra en el llamado carbono azul, el que almacenan ecosistemas costeros como los manglares, las marismas y las praderas marinas, estos ambientes captan unos 407 millones de toneladas de CO₂ al año. Conservarlos y restaurarlos puede ayudar a mantener ese almacenamiento y, al mismo tiempo, proteger las costas, favorecer la biodiversidad y sostener actividades de las que dependen las comunidades costeras.
Por ultimo, el tercer grupo reúne métodos que buscan aumentar la retirada de dióxido de carbono mediante el océano y almacenarlo de manera duradera. Su desarrollo plantea preguntas que todavía necesitan respuestas, se debe comprobar cuánto carbono eliminan, cuánto tiempo permanece almacenado y qué efectos tienen las intervenciones sobre el medio marino. El informe reclama más investigación, seguimiento y regulación. Estas tecnologías pueden complementar los recortes de emisiones, pero su desarrollo no nos exime de la necesidad de tratar de reducirlas.
Las islas necesitan medios para proteger sus costas
Los pequeños Estados insulares en desarrollo generan menos del 1 % de las emisiones mundiales, pero están especialmente expuestos a los impactos del cambio climático sobre el océano, ya que la subida del nivel del agua puede hacerlas desaparecer. Para tratar de responder necesitan financiación, acceso a tecnología y formación.
Seychelles ofrece un ejemplo, en 2015 acordó reestructurar parte de su deuda externa a cambio de compromisos de conservación marina. La operación permitió financiar la protección del océano y medidas de adaptación al cambio climático.
En el Pacífico, Fiyi, Papúa Nueva Guinea, las Islas Salomón y Vanuatu han recibido apoyo para cartografiar manglares y praderas marinas y evaluar el carbono que almacenan, y han formado a más de cien personas para realizar esas tareas.
También se deben tener en cuenta los conocimientos de las comunidades locales y los pueblos indígenas. El informe propone su integración con la investigación científica para diseñar medidas adaptadas a cada territorio ya que quienes gestionan sus costas y recursos marinos pueden aportar experiencia valiosa para decidir qué proteger y cómo hacerlo.
Referencias
UNEP Copenhagen Climate Centre (2026). The Climate Technology Progress Report 2026: Navigating Ocean-based Technologies.
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