Un cohete de Blue Origin, la empresa aeroespacial de Jeff Bezos, llevará la misión a Marte de la NASA: dos sondas gemelas para estudiar la atmósfera marciana
Desde hace décadas, explorar Marte funciona como termómetro del progreso espacial. Las primeras órbitas revelaron un planeta con una atmósfera tenue y azotado por el viento solar. Más tarde, misiones como MAVEN dibujaron un retrato dinámico de la pérdida atmosférica. En paralelo, la llegada de cohetes reutilizables transformó los costos y el ritmo de lanzamiento. Con ese telón de fondo, la NASA prepara ESCAPADE, su primer vuelo con dos satélites idénticos a otro planeta, montados esta vez sobre el New Glenn de Blue Origin, el gigante orbital de Jeff Bezos.
El plan, anunciado el 9 de noviembre, es claro indica que el cohete New Glenn, de 98 metros de altura, afrontará su segunda misión con una ventana de despegue de 88 minutos desde Cabo Cañaveral. Llevará a bordo a Blue y Gold, las dos naves de ESCAPADE, que viajarán hacia Marte para trazar la historia climática del planeta y mejorar la preparación de futuras misiones humanas. La empresa intentará además recuperar el propulsor, un hito que no logró en su vuelo inaugural de enero. Solo SpaceX ha logrado esa maniobra de forma rutinaria.
La apuesta tecnológica importa tanto como la científica. En su primer vuelo, New Glenn alcanzó la órbita y cumplió con las pruebas del satélite, pero perdió la etapa durante el descenso. Blue Origin quiere demostrar ahora que puede aterrizarla con precisión sobre una plataforma oceánica. El resultado medirá su madurez en un mercado donde SpaceX y United Launch Alliance compiten por contratos gubernamentales y comerciales. Como resumió el ejecutivo y veterano de la industria George Nield, lo que ocurra será “un indicador” del progreso real de la compañía.
La misión a Marte de la NASA que se le escapó a Elon Musk
ESCAPADE, siglas de Escape and Plasma Acceleration and Dynamics Explorers, servirá a una pregunta de fondo. ¿Cómo interactúa el viento solar con la magnetosfera híbrida de Marte y qué procesos drenan su atmósfera? Las dos naves, idénticas, volarán en trayectorias coordinadas alrededor del planeta rojo. Medirán campos magnéticos y poblaciones de iones y electrones a distintas altitudes y regiones. Esta visión en estéreo permitirá seguir la energía y la materia desde el viento solar hasta la atmósfera, y cuantificar mejor el “escape” que, a lo largo de eones, dejó a Marte frío y seco. La misión, liderada por el Space Sciences Laboratory de la Universidad de California en Berkeley dentro del programa de sondas de bajo costo SIMPLEx, persigue datos que MAVEN no podía obtener con un solo satélite.
El calendario se ha ido ajustando por motivos que nada tienen de académicos. La agencia federal de aviación de Estados Unidos, la FAA, ha impuesto restricciones temporales a los lanzamientos comerciales para reducir la congestión del espacio aéreo durante el prolongado cierre del gobierno. La medida limita los despegues a franjas nocturnas y busca aliviar una red de control aéreo bajo tensión. Cualquier retraso por meteorología o problemas técnicos puede encajar con dificultad en ese marco. De hecho, la meteorología ya empujó a mover el intento de lanzamiento hasta el 12 de noviembre, según informaron varios medios.
Si todo va según lo previsto, Blue y Gold alcanzarán la órbita marciana en 2027 y, tras una fase de ajuste orbital, iniciarán campañas de ciencia con separaciones variables. Ese ballet orbital permitirá comparar regiones distantes casi al mismo tiempo. Con ello, los equipos esperan cerrar incertidumbres sobre cómo el viento solar penetra la magnetosfera marciana, dónde y cuándo se acelera el plasma, y qué peso tiene cada mecanismo en la fuga de gases. Son claves que, sumadas a lo ya aprendido por orbitadores y rovers, ayudan a reconstruir la evolución del clima marciano y a dimensionar riesgos para la electrónica y la salud de futuras tripulaciones.
El vuelo también pesa en la batalla por la reutilización. Si New Glenn logra recuperar su primera etapa, Blue Origin dará un salto de credibilidad y presión competitiva. Si no lo consigue, seguirá sumando experiencia, pero tardará más en alcanzar la cadencia y los costes que hoy marcan la pauta. En cualquier caso, un competidor adicional que coloca sondas hacia Marte amplía opciones, estimula ideas y acelera aprendizajes. Más lanzamientos significan más datos y, con suerte, más ciencia.