Las «fotobombas» de los satélites de Elon Musk y otras empresas amenazan a los telescopios: salen hasta en el 95% de las imágenes del cielo tomadas desde el espacio
La promesa es tener conexión a Internet en cualquier parte del mundo, pero tiene un precio. Para que funcionen los sistemas como StarLink, propiedad de Elon Musk, es necesario lanzar a una órbita baja miles de satélites. Estos enjambres, llamados megaconstelaciones, llevan tiempo arruinando las fotografías que los astrónomos toman con sus telescopios desde tiera. Pero ahora también ponen en jaque a los telescopios espaciales Hubble, SPHEREx, ARRAKIHS y Xuntian, con contaminación en casi todas sus tomas.
La astronomía lleva años alertando del impacto de los satélites en los telescopios de superficie. Rayas brillantes cruzan las fotos, sube el ruido de fondo y se pierden datos valiosos. Inicialmente se pensó que los observatorios espaciales, por estar lejos de la atmósfera y la contaminación lumínica, estarían a salvo. Pues no. Un estudio recién publicado en Nature y un reportaje asociado advierten que los enjambres de satélites que ya orbitan la Tierra, y los cientos de miles que se planea lanzar, contaminarán una porción creciente de las imágenes incluso en el espacio.
Los satélites de Elon Musk que arruinan las imágenes del cielo

Un lote de satélites Starlink de SpaceX antes de su despliegue. (Crédito de la imagen: SpaceX)
Según el estudio, si se completan las megaconstelaciones propuestas, varios telescopios en órbita verán trazas en la práctica totalidad de sus exposiciones. Los autores analizan cuatro plataformas en órbita baja, desde el veterano Hubble hasta proyectos como SPHEREx, de la NASA, el telescopio chino Xuntian y la misión europea propuesta ARRAKIHS. Simularon sus observaciones frente a configuraciones de constelaciones registradas ante reguladores, con escenarios que van desde los satélites actuales hasta medio millón y más.
El resultado es contundente: con las constelaciones completadas, más de un tercio de las imágenes de Hubble tendría al menos un rastro de satélite, mientras que en SPHEREx, ARRAKIHS y Xuntian la fracción superaría el 96%. No se trata de una raya esporádica, sino de múltiples cruces por exposición, con medias de 5,6 para SPHEREx, 69 para ARRAKIHS y 92 para Xuntian. La luz parásita ronda una brillantez superficial media de 19 ± 2 magnitudes por segundo de arco cuadrado, suficiente para degradar las observaciones astronómicas de bajo brillo superficial.
El problema crece por la explosión de satélites de comunicaciones desde 2020. El coste de lanzamiento ha caído, los cohetes pesados facilitan despliegues masivos y las solicitudes ante los organismos reguladores FCC y la UIT apuntan a decenas o cientos de miles de aparatos en capas orbitales desde 340 hasta 8.000 kilómetros. En 2025 se contaban unos 15.000 satélites, apenas el 3% de lo que podría venir. Con esa densidad, las trazas no solo aparecen al anochecer y al alba, cuando reflejan más luz solar, sino también a medianoche, sobre todo para constelaciones altas que permanecen iluminadas durante más tiempo.
¿Tiene solución?
Se han probado recubrimientos oscuros y viseras para atenuar el brillo de los satélites. Estos funcionan algo para el ojo humano, pero siguen siendo demasiado luminosos para los detectores astronómicos. Para complicarlo, asoman satélites «direct to cell» con paneles mucho mayores que reflejan más luz, y prototipos superbrillantes que rivalizan con las estrellas más notables del cielo. Dejar de utilizar los telescopios terrestres en los crepúsculos evita parte del problema de los satélites en órbitas bajas, pero también impide observaciones muy importantes como la caza de asteroides potencialmente peligrosos, que justo requieren observar en esas ventanas de tiempo.
El estudio propone un paquete de medidas para convivir con el creciente enjambre de satélites mientras se negocian soluciones de fondo. Recomienda que los operadores de satélites compartan efemérides precisas y en tiempo real, y que diseñen superficies menos reflectantes desde el inicio. A los astrónomos les sugiere planificar observaciones con modelos predictivos, ajustar orientaciones y tiempos de exposición, y desarrollar algoritmos de corrección que modelen la luz dispersa y reconstruyan la señal científica sin sesgos. Todo ello tiene costes y no elimina el riesgo de perder datos únicos, pero reduce el impacto y permite salvar programas sensibles, desde cartografiados de galaxias difusas a medidas de cosmología de precisión.
El cielo nocturno es un recurso compartido por toda la humanidad. La regulación internacional ahora mismo se ha quedad por detrás de la tecnología y del mercado. Si se autorizan megaconstelaciones de satélites sin límites ni estándares de brillo, la astronomía asumirá pérdidas crecientes, dentro y fuera de la atmósfera. Actuar ahora, coordinados, puede evitar que el rastro de la nueva conectividad borre trazas de nuestro pasado cósmico.
REFERENCIA
Satellite megaconstellations will threaten space-based astronomy