Un diminuto y lejano cúmulo de estrellas, más pequeño que cualquier otro detectado, está haciendo tambalear nuestras ideas sobre cómo nacen y mueren las galaxias.
Las galaxias enanas son pequeñas colecciones de estrellas que orbitan galaxias mayores como satélites. Aunque parecen simples, su estudio revela secretos fundamentales sobre la evolución del universo. Debido a su tamaño reducido y baja luminosidad, son difíciles de detectar, especialmente cuando se encuentran a millones de años luz de distancia. Estas galaxias también son clave para entender cómo las condiciones extremas del universo primitivo afectaron la formación estelar. Sorprendentemente, algunas han sobrevivido hasta hoy, desafiando las teorías sobre cómo se cocinan —literalmente— los elementos cósmicos en los primeros e intensos momentos del cosmos.
Astrónomos han descubierto una galaxia enana tan pequeña y tenue que ha roto todos los récords: se llama Andrómeda XXXV y, a pesar de medir apenas unos 1.000 años luz de diámetro y contener unas 20.000 masas solares en estrellas, se las ha arreglado para existir y formar estrellas durante miles de millones de años. Está ubicada a unos 3 millones de años luz de la Tierra, orbitando la galaxia de Andrómeda, vecina de la Vía Láctea.

La galaxia recién descubierta, Andrómeda XXXV, se ve dentro de la elipse blanca. (Crédito de la imagen: CFHT/MegaCam/PAndAS (Investigador principal: Alan McConnachie; Procesamiento de imágenes: Marcos Arias))
La nueva galaxia ha sido descrita como «una persona perfectamente funcional del tamaño de un grano de arroz», según Eric Bell, profesor de astronomía en la Universidad de Míchigan. Su existencia ha dejado perplejos a los investigadores, que esperaban que objetos tan pequeños hubiesen sido destruidos por las condiciones extremas del universo temprano.
Andrómeda XXXV fue descubierta gracias al análisis de grandes bases de datos astronómicos, incluyendo observaciones del Telescopio Espacial Hubble y el telescopio Canadá-Francia-Hawái. Este hallazgo forma parte del proyecto Pan-Andromeda Archaeological Survey (PAndAS), un esfuerzo para mapear las galaxias satélite alrededor de Andrómeda.
Hasta ahora, la mayoría de lo que sabíamos sobre las galaxias enanas provenía de las que orbitan la Vía Láctea, ya que detectar otras más allá de esta ha sido especialmente complicado. Andrómeda, al ser nuestra galaxia vecina más cercana, ofrece una oportunidad única para identificar estos diminutos compañeros galácticos. Sin embargo, la mayoría de los que se habían encontrado antes eran demasiado grandes y brillantes como para cambiar las teorías existentes. Andrómeda XXXV, en cambio, lo cambia todo.

Andrómeda XXXV no sólo es la galaxia satélite más débil y pequeña conocida del sistema de Andrómeda, sino que se encuentra a unos 3 millones de años luz de distancia, por lo que es muy difícil de detectar. La elipse del recuadro muestra dónde se descubrió esta galaxia compañera. (Crédito de la imagen: CFHT/MegaCam/Investigador principal: Alan W. McConnachie; Procesamiento de imágenes: Marcos Arias)
Las galaxias enanas de Andrómeda
Una de las grandes preguntas que plantea este hallazgo tiene que ver con la historia de formación estelar en estas pequeñas galaxias. En la Vía Láctea, las galaxias satélite enanas suelen contener estrellas muy antiguas, formadas hace unos 10.000 millones de años. Pero las de Andrómeda muestran signos de haber formado estrellas hace apenas 6.000 millones de años.
Formar nuevas estrellas requiere una reserva constante de gas y polvo. Cuando esa reserva se agota, el proceso se detiene y la galaxia muere. Por eso, el equipo de investigación plantea la duda de si estas galaxias pequeñas dejaron de formar estrellas por causas internas o si fueron víctimas del entorno galáctico hostil que les arrebató el gas necesario para seguir vivas.
Mapa de la galaxia de Andrómeda y sus satélites. La galaxia compañera de Andrómeda XXXV, recientemente descubierta, aparece resaltada en negrita roja. (Crédito de la imagen: M. Arias et al. Astrophys. J. Lett. (2025))
En el caso de la Vía Láctea, parece que las galaxias satélite simplemente agotaron su combustible. En cambio, las de Andrómeda —incluyendo Andrómeda XXXV— parecen haber sido “asesinadas” por su galaxia madre, que les robó el gas mediante fuerzas gravitacionales. “Es un poco siniestro, pero la pregunta es: ¿se cayeron o las empujaron?”, dijo Bell. “Y todo indica que las empujaron”.
Pero lo más asombroso de Andrómeda XXXV no es solo su tamaño, sino que haya conseguido mantener la formación estelar durante tanto tiempo, incluso en las condiciones del universo primitivo. En aquella época, el cosmos era como una olla de presión cósmica: tras el Big Bang, el universo era extremadamente caliente y denso, y la radiación proveniente de las primeras estrellas y agujeros negros debería haber evaporado el gas necesario para formar nuevas estrellas, especialmente en las galaxias más pequeñas.
“Pensábamos que estarían todas fritas, porque el universo se convirtió en una olla de aceite hirviendo”, dijo Bell. “Debería haber perdido todo su gas, pero aparentemente eso no pasó”.
Línea de tiempo del universo que muestra cuándo se formaron las primeras galaxias (Crédito de la imagen: NASA, ESA y A. Feild (STScI))
La gran incógnita es cómo esta galaxia minúscula evitó ser cocinada por la radiación cósmica. Esa resistencia sugiere que el proceso de evolución galáctica es mucho más complejo de lo que se pensaba, y que los modelos actuales deben revisarse para incluir estos casos extremos.
A medida que nuevas misiones espaciales se pongan en marcha y telescopios más potentes entren en funcionamiento, los astrónomos esperan encontrar más galaxias enanas escondidas en el vecindario galáctico. Cada una podría arrojar nueva luz sobre el nacimiento del universo y ayudarnos a entender mejor cómo hemos llegado hasta aquí.
“Todavía tenemos mucho que descubrir”, concluyó Marcos Arias, líder del estudio. “Hay tantas cosas que aún no sabemos, incluso sobre lo que está cerca de nosotros. Entender la formación y evolución de las galaxias es clave para descifrar la historia del universo”.
REFERENCIA
Andromeda XXXV: The Faintest Dwarf Satellite of the Andromeda Galaxy