Un equipo de investigadores ha desarrollado una innovadora herramienta que puede relacionar a las víctimas de asesinos en serie por sus rasgos faciales y arrojar luz sobre casos que llevan décadas congelados.
En criminología las pruebas son la parte que determina la resolución de un caso, sin embargo, en demasiadas ocasiones no se encuentran testigos o no quieren hablar, y el ADN o las huellas dactilares no están disponibles.
Muchos de los casos que quedan sin resolver están relacionados con asesinos en serie, que a veces son capturados, pero no se les puede relacionar con todos los crímenes cometidos.
Por esta razón, un equipo de investigadores de la Universidad de Murdoch ha desarrollado una herramienta forense capaz de analizar las similitudes faciales entre las víctimas para guiar las investigaciones sobre un asesino en serie, porque, en la mayoría de los casos, estos criminales eligen a quien matan por su cara.
Los patrones de los asesinos en serie para elegir a sus víctimas
No es ningún secreto que muchos delincuentes seriales tienen preferencias conscientes o subconscientes a la hora de elegir a sus víctimas. Factores como la edad, el sexo y la apariencia física influyen al elegir un objetivo.
En algunos casos, estos asesinos buscan personas que se asemejen a un progenitor o a un familiar que asociado con algún trauma infantil. Como ejemplo histórico tenemos a Ted Bundy y su predilección por las mujeres con el cabello oscuro y la raya en el medio, lo que demuestra que estos criminales suelen repetir un perfil visual específico.
El objetivo de este nuevo estudio, liderado por el profesor Brendan Chapman, es que estas comparaciones, que hasta ahora han tenido casi siempre un valor subjetivo o anecdótico, se puedan considerar observaciones de peso en una investigación, basadas en el rigor científico para que así puedan servir como herramientas prácticas de inteligencia policial.
La ciencia de las proporciones del rostro
La técnica que propone el estudio se denomina Vínculo de Similitud Facial, (FSL por sus siglas en inglés). Esta técnica no se basa en una simple inspección visual, sino en la geometría facial profunda.
Los investigadores aislaron 21 puntos de referencia clave en el rostro, como las comisuras de los labios, los bordes de los ojos, la punta de la nariz y el mentón. Tuvieron en cuenta una de las mayores dificultades para este tipo de análisis que se suelen encontrar en una investigación, y es que las fotos de las víctimas suelen provenir de redes sociales o colecciones personales, con ángulo informales y muchas veces poco identificativos.
En un panorama donde miles de homicidios quedan sin resolver, la geometría de un rostro podría ser la clave para hacer justicia.
Para poder superar este reto, el equipo convirtió las medidas de distancia entre los puntos faciales en proporciones, permitiendo evitar las distorsiones causadas por el ángulo de la cámara o el tamaño de la imagen y logrando comparar los rostros de una forma mucho más fiable.
Diagrama estilizado para ilustrar los puntos de referencia de 21 puntos (círculos rojos) y las medidas de recuento de 19 píxeles. Fuente: Sage Journal
Los resultados fueron que, tras pruebas exhaustivas, los investigadores lograron identificar 55 medidas faciales específicas, incluso en fotografías imperfectas, logrando de esta manera distinguir de forma eficaz a individuos relacionados y no relacionados y el tipo de similitud en cada caso.
El siguiente paso: la automatización con inteligencia artificial
Una de las ventajas de esta herramienta es su accesibilidad, incluso investigadores sin una formación previa lograron mantener tasas de error de tan solo un 5% siguiendo instrucciones sencillas.
Sin embargo, el futuro de este sistema está ligado a la tecnología. Tiene el potencial de ser automatizado a través de inteligencia artificial, lo que permitiría a la policía analizar miles de imágenes de víctimas potencialmente relacionadas de forma rápida y precisa, pudiendo encontrar conexiones ocultas o que se hayan pasado por alto previamente, y trazar la conexión entre víctimas y asesinos que aún no se han podido descubrir.
El FSL no sustituirá al ADN u otras técnicas forenses ya existentes, sino que servirá como una herramienta de inteligencia estratégica en los casos en los que pueda ser de utilidad, aportando un arma más en casos donde la evidencia física es escasa o se ha degradado con el tiempo.
Ser capaces de detectar similitudes geométricas entre víctimas de diferentes jurisdicciones puede ser el hilo que permita a los investigadores unir los puntos y centrar sus esfuerzos en un sospechoso común.
REFERENCIA
Imagen: Netflix