Un tren de borrascas, una NAO negativa y un Caribe muy cálido explican el diluvio invernal que hace que la gente se pregunte cuándo dejará de llover en España

El sol en España ha sido durante mucho tiempo el principal reclamo turístico de nuestro país, pero si tomamos como referencia lo que llevamos de 2026, parecería que estamos en Irlanda. Ahora llega la borrasca Nils, un ciclón extratropical nombrado por Météo-France el 10 de febrero  y que va a afectar a España entre el 11 y el 12 de febrero con viento fuerte, temporal marítimo y lluvias, con avisos que han llegado a rojo en la costa de Galicia, y al naranja en varias comunidades, según AEMET. Es la octava borrasca que recibe nombre desde el 1 de enero y una más dentro del «tren de borrascas» que hemos tenido este invierno. ¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué no deja de llover?

Cuándo dejará de llover en España y por qué no para

En los inviernos del Atlántico norte domina un juego de fuerzas bien conocido: el anticiclón de las Azores, la oscilación del Atlántico Norte, el chorro polar y, a veces, ríos atmosféricos que conducen vapor de agua a miles de kilómetros. Cuando estos engranajes se alinean, la península Ibérica recibe lluvia a raudales. Este año, el encaje ha sido perfecto para el agua. Las investigaciones previas ya han descrito cómo una fase negativa de la NAO (la oscilación del Atlántico Norte por sus siglas en inglés) en la que baja la guardia del anticiclón y abre la puerta a las borrascas que llegan desde Terranova en Canadá hacia nuestras latitudes.

NAO positiva y negativa. NOAA Climate.gov

NAO positiva y negativa. NOAA Climate.gov

El famoso anticiclón de las Azores es una zona de altas presiones centrada alrededor de estas islas del Atlántico. La NAO mide la diferencia de presión entre las Azores e Islandia, y describe cómo se organiza el flujo de vientos del Atlántico norte. En fase positiva, el anticiclón de las Azores se refuerza, actuando como una barrera protectora, y las borrascas suben hacia el norte de Europa, lo que suele dejar a España con tiempo más seco y templado en invierno. En fase negativa, el anticiclón se debilita y desciende el chorro, las borrascas cruzan hacia la península Ibérica y aumentan las lluvias y los temporales, sobre todo en la mitad occidental.

El tren de borrascas y la octava borrasca Nils

La secuencia empezó en septiembre de 2025 con Alice y ha seguido con Benjamin, Claudia y, ya en febrero de 2026, con Marta. La agencia estatal AEMET, integrada en el Grupo Suroeste europeo de servicios meteorológicos, asigna nombres a las borrascas de alto impacto siguiendo el alfabeto y alternando géneros. Este invierno ya han pasado Ingrid, Joseph, Kristin y Leonardo, además de Marta. Si el patrón persiste, llegarán Nils, Oriana, Pedro y Regina. La denominación no es un gesto simbólico, ayuda a la población a percibir el riesgo y a responder mejor a avisos naranjas y rojos por viento o lluvia. En provincias como León y Málaga se vigilan los suelos encharcados y ríos crecidos como el Bernesga, el Torío y el Guadalhorce ante posibles subidas rápidas.

Con ese escudo del anticiclón de las Azores bajo se forma una “autopista” directa para que los frentes atlánticos impacten en España y Portugal. Como resume la meteoróloga Isabel Moreno, son “puertas atlánticas abiertas de par en par”. Además, un río atmosférico de humedad alimentado por un mar Caribe excepcionalmente cálido ha supercargado las borrascas de humedad y ha intensificado las precipitaciones. Los océanos absorben más del 90% del exceso de calor, lo que hace mucho más probables superficies marinas tan cálidas en esta cuenca.

Otra pieza es el chorro polar, la corriente de vientos muy intensos en altura que guía las borrascas de oeste a este. Este invierno, las inestabilidades del vórtice polar estratosférico han favorecido ondulaciones del chorro de aire del polo hacia latitudes más bajas, es decir, hasta nosotros. Cuando el chorro baja, las borrascas lo siguen, y esto a su vez refuerza la propia fase negativa de la NAO y mantiene la puerta abierta a nuevos temporales.

El cambio climático y la lluvia en invierno

¿El tiempo se está volviendo loco? Sí, y la causa es el cambio climático. El Artico está más caliente, y la comunidad científica está advirtiendo de los riesgos del deshielo en el polo norte del planeta. Un Ártico más cálido podría desestabilizar con más frecuencia ese chorro de viento polar, algo que se ha podido observar en los últimos años.

El resultado se nota en los valores acumulados. En los cinco primeros días de febrero, muchas zonas de España recogieron el triple de la lluvia normal para esas fechas. Siete borrascas de alto impacto en un mes han aportado unos 4.500 hectómetros cúbicos a los embalses, pero también han causado inundaciones, cortes y evacuaciones, como en Grazalema y en varias localidades de Cádiz. A cambio del alivio hídrico hemos sufrido el daño a infraestructuras, los temporales marítimos y los vientos que superan los umbrales de aviso.

¿Hay más borrascas atlánticas de lo normal? No necesariamente, pero están llegando con más frecuencia a nuestro país, y eso también es una consecuencia del cambio climático. Con océanos más cálidos, las lluvias que traen tienden a ser más intensas. Y con un chorro polar más ondulado, es más fácil que los trenes de borrascas se prolonguen durante semanas. Por ahora, los modelos apuntaban a más inestabilidad hasta mediados de febrero. Es pronto para asegurar si 2026 batirá todos los récords. Históricamente hubo inviernos con más temporales, como en 1936. Lo que es evidente es que ahora se producen con más frecuencia, igual que las olas de calor en verano.

REFERENCIA

Climate variability: North Atlantic Oscillation

Foto: ID 33914226 © Mikel Martinez De Osaba | Dreamstime.com