El trigo mantiene su productividad gracias a los avances en genética que lo hacen más resistente y rentable, pero puede que no sean suficientes si no cumplimos con las condiciones para frenar la crisis climática

El trigo es, literalmente, el combustible de la humanidad. Representa aproximadamente una cuarta parte de la producción mundial de cereales y nos aporta el 20% de las calorías y proteínas que consumimos. Por ello, durante décadas, hemos confiado en que la mejora genética de las semillas sería nuestro “as en la manga» para alimentar a una población creciente en un planeta cada vez más hostil, haciendo al trigo más productivo y más resistente.

Sin embargo, el planeta está enviando señales cada vez más claras de que el clima, tal y como lo hemos conocido, está cambiando de forma acelerada. Un reciente estudio publicado en Nature Communications indica que no estamos avanzando en la mejora del trigo como deberíamos, y gran parte de nuestro esfuerzo se está perdiendo en intentar no retroceder.

La ilusión del progreso infinito en la agricultura

Hasta ahora, la ciencia asumía que cada nueva variedad de trigo superaba con creces a la anterior en capacidad de producción. Pero los investigadores, tras analizar más de 13.000 combinaciones de datos en países como Argentina, Francia, Reino Unido y Estados Unidos, han descubierto que estas cuentas no salen. 

Resulta que casi la mitad de la mejora genética que observamos (33 kg por hectárea al año) no es un aumento real de la capacidad de la planta, sino lo que llaman «crianza de mantenimiento». Esto significa que los científicos emplean gran parte de su esfuerzo en crear variedades resistentes a nuevas plagas, enfermedades y cambios climáticos solo para evitar que el rendimiento caiga, en lugar de mejorarlo.  

Correr para quedarse en el mismo sitio 

Este fenómeno se conoce como «erosión del rendimiento». A medida que el clima cambia, las plagas evolucionan y el entorno se degrada, las variedades de trigo que antes eran excelentes pierden su adaptación. Si dejáramos de investigar hoy mismo, la producción de alimentos caería en picado. 

Esta es una llamada urgente a la acción. No podemos confiar ciegamente en que la tecnología nos salvará de la crisis climática mientras mantenemos un estilo de vida de consumo infinito. La mejora continua es esencial para evitar la expansión de las tierras de cultivo, lo que provocaría aún más deforestación y emisiones de gases de efecto invernadero. Pero el estudio deja claro que la tecnología tiene límites físicos y biológicos. Si el entorno sigue deteriorándose, llegará un momento en que ni la genética más avanzada podrá compensar la erosión causada por el clima. 

¿Menos personas o más productivas? 

Al igual que nos preocupa si habrá suficiente trigo para todos, a menudo surge la alarma por la baja natalidad, acompañada de la creencia de que la disminución de la población implica necesariamente el colapso económico. Sin embargo, algunos demógrafos sugieren que la prosperidad de un país no depende tanto del número total de habitantes, sino de su estructura y, sobre todo, de su productividad y educación. 

En un mundo con recursos limitados, una población menor pero más capacitada y eficiente podría ser una vía hacia la sostenibilidad, permitiendo invertir más recursos en el capital humano y en innovaciones que no dependan de un crecimiento de la población infinito. Tanto en la agricultura como en la demografía, la clave no es «más», sino «mejor». 

Cambiar para frenar la crisis climática

La conclusión es que necesitamos cambiar nuestra forma de vida. Seguir forzando la máquina del planeta bajo la promesa de que la ciencia encontrará siempre una solución es una apuesta arriesgada. La mejora genética es una herramienta vital para combatir el hambre, pero no es un sustituto de la acción climática. Reducir nuestra huella ambiental, cerrar la brecha de rendimiento en las granjas actuales y adoptar un modelo de consumo más responsable son pasos que no pueden esperar. El trigo está luchando por adaptarse a nuestro caos, lo mínimo que podemos hacer es dejar de empeorar su entorno. 

 REFERENCIA

Maintenance breeding and breeding for yield potencial both contribute to genetic improvement in wheat yield