Los cactus siempre han sido un símbolo de resistencia, plantas capaces de soportar condiciones extremas con recursos limitados, por eso nos pueden enseñar cómo sobrevivir al cambio climático
En los últimos 20 a 35 millones de años, los cactus han tenido una de las expansiones evolutivas más rápidas del mundo vegetal, dando lugar a unas 1.850 especies que van desde pequeños cactus esféricos hasta gigantes de varios metros, muchos de ellos con características únicas.
La nueva investigación, publicada en Royal Society Publishing, muestra que los cactus evolucionan y generan nuevas especies con una rapidez asombrosa, además de presentar una evolución acelerada en factores importantes como las flores. Una capacidad que les permite adaptarse a condiciones muy diversas.
El estudio de su historia evolutiva ha demostrado que las especies que se “dividen” más rápido en nuevas especies son, precisamente, las que cambian más deprisa su tolerancia hacia los cambios climáticos. El descubrimiento de esta “agilidad evolutiva” nos ofrece una lección vital: en un mundo que cambia rápidamente, no sobrevive el más fuerte, sino el que se adapta más rápido.
Cómo se adaptan los cactus
Tradicionalmente, la ciencia pensaba que la gran diversidad de especies de los cactus se debía principalmente a su adaptación a la sequía (aridificación) o a la especialización de sus flores para atraer a polinizadores específicos como murciélagos o colibríes. Se creía que tener las flores más largas y complejas aceleraba la creación de nuevas especies.
Sin embargo, después de analizar más de 750 especies, los científicos descubrieron que el tamaño y la forma de la flor apenas influye en la velocidad a la que surgen nuevas especies. Lo verdaderamente importante son los cambios constantes en forma y tamaño que experimentan estas flores. No importa si la flor termina siendo corta o larga, lo que importa es la rapidez con la que cambia de una forma a otra a lo largo del tiempo.
El concepto utilizado en el estudio es evolucionabilidad (evolvability). No es la evolución en sí, sino el potencial de un sistema biológico para cambiar y crear nuevas formas, rasgos funcionales o respuestas al medio ambiente. En este caso la velocidad de cambio de sus flores adaptándose a múltiples polinizadores.
Los cactus nos están enseñando que tener una morfología especializada, como estar perfectamente adaptado a un solo tipo de murciélago o abeja, puede llegar a ser una trampa mortal, ya que ese polinizador puede que desaparezca a causa del cambio climático.
Sin embargo, los cactus también tienen un límite. A pesar de ser resistentes y adaptativos, hoy son uno de los grupos de plantas más amenazados del planeta, con un 31% de especies en peligro de extinción y con el riesgo de perder su hábitat en las próximas décadas como consecuencia del cambio climático. Esto se debe al ritmo actual del cambio, que puede ser demasiado rápido incluso para ellos. Además, algunas especies de cactus tienen ciclos de vida lentos y dependen de condiciones muy específicas.
Cuando el entorno cambia más rápido de lo que pueden adaptarse, incluso estos supervivientes se vuelven vulnerables.
Cómo sobrevivir al cambio climático si eres un cactus
La investigación, liderada por Jamie Thompson y Chris Venditti, ha demostrado que, pese a que estas plantas siempre han sido grandes supervivientes que se enfrentan a condiciones extremas ahorrando, almacenando y absorbiendo agua rápidamente, ahora, además nos están mostrando el camino para un enfoque más eficiente sobre conservación:
- La resistencia está en la flexibilidad: para proteger la biodiversidad no basta conservar especies estáticas en museos naturales o laboratorios. Debemos proteger los procesos que permiten que estas especies se diversifiquen y cambien rápidamente para poder adaptarse.
- Los más especializados se mueren antes: las especies que han tardado millones de años en perfeccionar un solo rasgo son las más vulnerables. La velocidad del cambio climático hace que la especialización lenta y específica ponga en serio peligro a estas especies.
- Más diversidad de especies en el ecosistema: los ecosistemas más diversos son los que más posibilidades tienen de adaptarse a los cambios cada vez más frenéticos que estamos sufriendo y que no parece que vayan a acabar próximamente. Cuantas más variantes existan, es más probable que alguna pueda sobrevivir a nuevas condiciones.
Los cactus son, en definitiva, un ejemplo de cómo enfrentarse a un mundo con un clima inestable. El estudio sobre su facilidad para evolucionar rápidamente nos recuerda que la adaptación no es un estado, sino un proceso dinámico donde explorar y reajustar límites puede ser la mejor estrategia para atravesar periodos de cambio rápido.
Si queremos que nuestra sociedad y ecosistemas sean tan resistentes como un cactus necesitamos aprender de ellos a ser más flexibles, a tener mayor diversidad y cambiar más rápidamente para adaptarnos un clima cada vez más caótico e impredecible.
REFERENCIA