Aunque el agua escasee, un poco de abono puede marcar la diferencia en cómo resisten los pastizales al cambio climático.
Los pastizales cubren más de un tercio de la superficie terrestre y son fundamentales para la ganadería, la biodiversidad y el almacenamiento de carbono. Sin embargo, su supervivencia está amenazada por el cambio climático, especialmente por la sequía extrema. En ecología, se entiende por «pastizal» una comunidad de plantas dominada por hierbas, mientras que «sequía extrema» se refiere a una reducción anormal y prolongada en la disponibilidad de agua. Los nutrientes esenciales como el nitrógeno, el fósforo y el potasio, por su parte, son elementos que las plantas necesitan para crecer, y su aplicación en forma de fertilizantes puede modificar el equilibrio natural de los ecosistemas. El estudio que nos ocupa investiga cómo interactúan estos factores a escala global.
Un nuevo estudio internacional, en el que participaron investigadores de la Universidad de Binghamton (Nueva York), ha descubierto que la adición de fertilizantes puede ayudar a los pastizales a soportar periodos de sequía extrema, al menos durante el corto plazo. Estos hallazgos podrían tener implicaciones importantes para la agricultura y la seguridad alimentaria en un mundo cada vez más afectado por las crisis climáticas.
“Los recursos como los nutrientes y el agua han sido alterados a escala global por la acción humana, y esto puede afectar significativamente el crecimiento de las plantas”, explicó Amber Churchill, profesora asistente de ciencia de los ecosistemas en la Universidad de Binghamton y coautora del estudio. “Los cambios extremos en estos recursos tienen un potencial aún mayor de impacto, con consecuencias para sectores económicos clave. Esto es especialmente relevante en los pastizales del mundo, donde la disponibilidad de agua y nutrientes es crucial para el pastoreo y la ganadería en todos los continentes habitados”.
Para investigar esta cuestión, los científicos realizaron experimentos de campo en 26 sitios distribuidos en nueve países. El objetivo era evaluar cómo responden los pastizales a la sequía extrema cuando se combinan con un aumento en la disponibilidad de nutrientes.
“Tomamos metodologías que suelen aplicarse de forma específica en cada sitio —como estudiar el impacto de los nutrientes o la disponibilidad de agua— y las llevamos a una escala espacial mucho mayor”, explicó Churchill. “La posibilidad de analizar la variación de nutrientes y al mismo tiempo los efectos globales de la sequía en tantos lugares es precisamente lo que hace novedoso a este experimento”.
Durante el estudio, los investigadores añadieron nitrógeno, fósforo y potasio, que son nutrientes esenciales para todas las plantas, junto con una dosis única de micronutrientes. Descubrieron que, mientras que la sequía por sí sola reducía el crecimiento de las plantas en un 19%, la adición de fertilizantes lo incrementaba en un 24%. Lo más interesante fue que cuando ambos factores se combinaban, el resultado neto era que el crecimiento se mantenía sin cambios. Este equilibrio se debía, en gran parte, a que ciertas especies de hierba lograban aprovechar los nutrientes incluso en condiciones de sequía.
Más nutrientes contra la sequía
“La gran conclusión es que añadir nutrientes puede compensar los efectos negativos de la sequía, especialmente en regiones que ya son bastante secas”, comentó Churchill.
La investigadora trabajó directamente en dos de los sitios del estudio. En el sitio Yarramundi, perteneciente al Instituto de Medio Ambiente de la Universidad de Western Sydney, gestionó la recopilación de datos sobre el número de plantas presentes. En el Sitio de Investigación Ecológica a Largo Plazo de Cedar Creek, en Minnesota, se encargó de limpiar los datos y organizarlos para su uso por toda la red de científicos participantes.
“Cuando hay sequía, las plantas crecen menos; cuando se añade fertilizante, crecen más. Lo interesante es lo que ocurre cuando se combinan ambos factores”, dijo Churchill. “Tradicionalmente, se creía que en zonas áridas las plantas, al estar ya limitadas por la falta de agua, no podrían beneficiarse de la adición de nitrógeno. Pero lo que vimos fue justo lo contrario: en estas condiciones más secas, las plantas respondieron mejor al fertilizante. Es una diferencia bastante sorprendente con respecto a lo que esperábamos”.
Churchill planea replicar este tipo de tratamientos en la Universidad de Binghamton, dentro del experimento PLEDGE (Experimento Global sobre Diversidad en Pastos y Céspedes frente al Cambio Climático), que se llevará a cabo en Nuthatch Hollow, un “laboratorio al aire libre” de 30 hectáreas.
Sin embargo, Churchill advierte que aunque añadir fertilizante puede ser una solución temporal frente a la sequía, no es una estrategia viable a largo plazo. “En un sistema de producción de forraje donde se necesita contrarrestar los efectos de la sequía, usar fertilizante puede lograrlo, pero cuesta mucho dinero. Es una herramienta útil, pero no una solución definitiva”, explicó.
Además, señaló que la diversidad de especies presentes podría ser un factor aún más importante para resistir la sequía. “Cuantas más especies hay, más probable es que al menos una sobreviva a la sequía, y eso garantiza una cierta producción de biomasa. Así, tener más especies puede dar lugar a una producción más estable a largo plazo. Eso es algo que no podemos comprobar con estos datos, ya que el estudio cubre solo un año, pero los estudios a largo plazo podrán analizar esta cuestión en el futuro”.
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