Un cambio minúsculo en una proteína permite a los lagartos australianos bloquear el veneno neurotóxico y seguir adelante como si nada.

Los eslizones son lagartos que habitan en muchas regiones del mundo, y en Australia han desarrollado una habilidad extraordinaria: resistencia al veneno de serpiente. Un estudio liderado por la Universidad de Queensland ha revelado que estos lagartos australianos han desarrollado una especie de «armadura molecular» que los protege de los efectos letales del veneno de serpiente. En concreto, se trata del eslizón mayor de Australia (Bellatorias frerei), que presenta la misma mutación de resistencia al veneno que el tejón melero africano (Mellivora capensis), conocido por su capacidad para sobrevivir a mordeduras de cobras.

El profesor Bryan Fry, del School of the Environment de la Universidad de Queensland, explicó que este hallazgo representa un claro ejemplo de cómo la evolución puede encontrar soluciones ingeniosas ante amenazas mortales. “Lo que observamos en los eslizones fue evolución en su máxima expresión”, afirmó Fry. Según explicó, estos lagartos han desarrollado pequeñas modificaciones en un receptor muscular clave: el receptor nicotínico de acetilcolina. Este receptor es el blanco principal de las neurotoxinas presentes en el veneno de muchas serpientes. Cuando las toxinas se unen a este receptor, interrumpen la comunicación entre los nervios y los músculos, provocando una parálisis rápida y, si no se actúa, la muerte.

Sin embargo, el estudio descubrió que, en al menos 25 ocasiones distintas, los eslizones desarrollaron de forma independiente mutaciones en el sitio de unión de este receptor, impidiendo que el veneno pueda acoplarse. Para Fry, esto demuestra la intensa presión evolutiva ejercida por la aparición y propagación de serpientes venenosas en el continente australiano. “Las serpientes venenosas llegaron a un ecosistema lleno de lagartos indefensos y se convirtieron en depredadores dominantes. Esto obligó a los eslizones a adaptarse rápidamente o desaparecer”, señaló.

Tejón melero (Mellivora capensis) en el zoológico de Praga. Matěj Baťha - Trabajo propio

Tejón melero (Mellivora capensis) en el zoológico de Praga. Matěj Baťha – Trabajo propio

Lo más sorprendente, sin embargo, es que estas mismas mutaciones también aparecieron en otros animales de distintos continentes, como las mangostas, que son depredadores naturales de cobras. El estudio confirmó, mediante pruebas funcionales, que el eslizón mayor australiano posee exactamente la misma mutación que le da al tejón melero su famosa resistencia. “Ver este mismo tipo de resistencia evolucionar en un reptil y en un mamífero es algo realmente notable: la evolución sigue apuntando al mismo blanco molecular”, concluyó Fry.

Las mutaciones en el receptor muscular observadas en los eslizones incluyen un mecanismo que añade moléculas de azúcar para bloquear físicamente las toxinas, así como la sustitución de un aminoácido específico (arginina en la posición 187). Para comprobar la efectividad de estas mutaciones, el equipo de investigación utilizó péptidos sintéticos y modelos de receptores, simulando lo que ocurre a nivel molecular cuando el veneno entra en el cuerpo.

La doctora Uthpala Chandrasekara, del laboratorio de Biotoxicología Adaptativa de la Universidad de Queensland, lideró esta parte del trabajo de laboratorio y quedó asombrada con los resultados: “Los datos fueron clarísimos: algunos de los receptores modificados simplemente no respondieron al veneno”, explicó. Según Chandrasekara, es fascinante pensar que un cambio tan pequeño en una proteína pueda marcar la diferencia entre la vida y la muerte frente a un depredador altamente venenoso.

Este descubrimiento no solo ofrece una nueva perspectiva sobre la evolución de la resistencia al veneno, sino que también podría tener aplicaciones médicas muy valiosas. Comprender cómo ciertos animales logran neutralizar el veneno de forma natural puede abrir la puerta al desarrollo de nuevos antídotos o tratamientos terapéuticos más eficaces frente a mordeduras de serpiente. “Cuanto más aprendamos sobre cómo funciona la resistencia al veneno en la naturaleza, más herramientas tendremos para diseñar antivenenos innovadores”, concluyó la doctora Chandrasekara.

El proyecto fue posible gracias a la colaboración con museos de todo Australia, lo que permitió reunir muestras y datos clave sobre estos reptiles resistentes. A medida que el cambio climático y la actividad humana alteran los hábitats de muchas especies, entender estos mecanismos evolutivos no solo es una cuestión de curiosidad científica, sino también una herramienta vital para conservar la biodiversidad y mejorar la salud humana.

Imagen principal: El lagarto mayor de Australia (Bellatorias frerei) ha desarrollado la misma mutación de resistencia al veneno que el tejón melero (Mellivora capensis), que se encuentra en África, el suroeste de Asia y el subcontinente indio. Crédito: Scott Eipper