Un pequeño pez luminoso de las profundidades del Pacífico occidental, de apenas unos siete centímetros, roba proteínas luminosas a otros organismos para apropiarse de su luminiscencia 

El pez se llama salivón amarillo o golden sweeper (Parapriacanthus ransonneti), y brilla en la oscuridad, pero un nuevo estudio liderado por la Universidad de Tohoku ha revelado que esta habilidad no es innata, sino que se la roba a otros organismos al comérselos. 

Este fenómeno, bautizado como cleptoproteinismo, es el primer caso confirmado de un animal vertebrado que secuestra proteínas funcionales de otra especie para usarlas como si fueran propias.

El pez luminoso de las profundidades es un ladrón de guante blanco

Primero debemos entender cómo funciona la luminiscencia en la naturaleza. La mayoría de los animales bioluminiscentes, como las luciérnagas, necesitan dos ingredientes para emitir luz, luciferina, que funcionaría como combustible, y luciferasa, la enzima necesaria para la reacción lumínica, es decir, lo que serviría como la chispa que activa esta luz. 

Hasta ahora, la ciencia sabía que muchos peces obtenían la luciferina comiendo pequeños crustáceos, sin embargo, se pensaba que cada animal debía fabricar su propia luciferasa basándose en sus propios genes. Aquí es donde el salivón amarillo rompe las reglas, ya que no fabrica la enzima, la roba. 

El pez es genéticamente hablando, incapaz de brillar por sí mismo, depende por completo de las proteínas lumínicas que roba. 

Este pez obtiene la luciferasa alimentándose de diminutos crustáceos conocidos como luciérnagas marinas u ostrácodos (Cypridina noctiluca). Durante años, los científicos sospecharon de este comportamiento, pero no podían descartar otras explicaciones. ¿Y si el pez tenía sus propios genes de luciferasa ocultos? ¿O tal vez los había adquirido mediante una transferencia horizontal de genes desde sus presas? 

Para resolver la incógnita y confirmar si realmente se trataba de cleptoproteinismo, el equipo liderado por el profesor Manabu Bessho-Uehara utilizaron tecnologías de secuenciación avanzadas para analizar el genoma completo del salivón amarillo y los resultados fueron concluyentes: no existe rastro alguno de los genes necesarios para producir la encima de la luz, la luciferasa, en el genoma del pez. El pez es genéticamente hablando, incapaz de brillar por sí mismo, depende por completo de las proteínas lumínicas que roba. 

¿Por qué el Parapriacanthus ransonneti necesita la luminiscencia? 

Este robo genético es una cuestión de vida o muerte. Este pez tiene un cuerpo semitransparente y la capacidad para expandir o contraer pigmentos rojos que le permiten ajustar su apariencia según el entorno, para poder ocultarse en la oscuridad marina y protegerse de sus depredadores. 

Sin embargo, en ocasiones la luz proveniente de la superficie puede generar sombras que delaten su posición y poniéndoles en peligro, suele habitar zonas donde la luz ambiental es tenue, y en esas condiciones, cualquier sombra proyectada hacia abajo puede delatar su presencia ante depredadores que acechan desde el fondo 

Por ello utilizan esta luminiscencia como una técnica de supervivencia, llamada contra-iluminación, emitiendo un brillo azul desde su vientre que les permite borras su propia sombra. Un camuflaje que lo hace prácticamente invisible para los depredadores que acechan en las profundidades, permitiéndoles nadar en bancos de miles de individuos con cierta seguridad. 

Para apropiarse de la capacidad lumínica de las luciérnagas marinas, el golden sweeper o salivón amarillo, en lugar de digerir las proteínas de la luz y romperlas en nutrientes, su cuerpo es capaz de transportarlas intactas, protegiéndola de la digestión y manteniéndolas en un estado funcional, desde el estómago hasta unos órganos especializados llamados fotóforos. 

Siempre se ha pensado que las proteínas ingeridas se descomponían en aminoácidos, el hecho de que un vertebrado sea capaz de mantener una proteína compleja funcionando dentro de su cuerpo abre nuevas puertas para la biotecnología y la medicina. 

Según los investigadores, entender este mecanismo podría ayudar en el desarrollo de nuevas formas de administrar medicamentos proteicos, como la insulina. En un océano lleno de depredadores, este pequeño pez ha encontrado una forma de convertir la luz de otros en su propia defensa, y lo ha conseguido sin modificar su ADN, sin adquirir genes nuevos, sin reinventar la bioluminiscencia, simplemente aprendiendo a usar lo que ya existía. 

El Parapriacanthus ransonneti demuestra que la evolución no solo inventa soluciones, también recicla, adapta y, a veces, incluso roba. 

REFERENCIA 

Absence of the luciferase gene in the genome of the kleptoprotein bioluminescent fish Parapriacanthus ransonneti