Sin lugar a dudas, irte a vivir con tu pareja es uno de los pasos más importantes en una relación. Cuando ambos tienen claro que quieren verse cada mañana al despertar y cada noche al acostarse y deciden compartir su día a día, saben que su vida cambiará por completo a todos los niveles. Se convierten en un equipo de dos, se mimetizan y empiezan a hacer las mismas cosas casi sin darse cuenta con el fin de adaptarse el uno al otro y empezar un bonito camino. Lo que hasta ahora no sabíamos, es que incluso nuestras células se compenetran en este trámite, provocando cambios en nuestro organismo.

Según una nueva investigación publicada en Nature, irnos a vivir con nuestra pareja provoca la mímesis de ambos a nivel celular. Esto no debería sonar extraño. En los adultos, tan solo el 25% de las variaciones vienen determinadas por la genética. Del resto se encarga nuestro sistema inmunológico. Llegados este punto, debemos explicar que los humanos somos iguales con respecto al resto de sistemas internos, pero totalmente diferentes en el caso del encargado de ayudarnos a evitar enfermedades. Este, que es «altamente elástico«, se va configurando mediante nuestro estilo de vida (deporte, dieta, lugar de residencia…) e infecciones.

Lo que más ha sorprendido a los científicos de la Universidad Católica de Lovaina, es que la variación genética se produce entre dos personas que conviven juntas se modifica un 50% menos que las de cualquier persona. Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron muestras de sangre de 670 personas durante seis meses, de las cuales 70 de ellas estaban casadas. Hubo dos hallazgos sorprendentes. El primero de ellos fue que los sistemas inmunológicos de hombres y mujeres de la misma edad son prácticamente iguales. Esto es curioso porque estudios anteriores han demostrado que las mujeres sufren más enfermedades autoinmunes que los hombres. Según explica Adrian de Liston, autor principal del estudio, «es posible que las pequeñas diferencias que existen entre ambos sexos tengan un gran impacto en las mujeres a medida que envejecen».

Sin embargo, el descubrimiento más inesperado es que los sistemas inmunes de las parejas que viven juntas son muy parecidos. Las 70 parejas analizadas mostraron, en promedio, un 50% menos de variación en sus sistemas inmunológicos que el resto. «Aunque no estudiamos las parejas de hecho, estoy seguro de que el resultado sería muy similar», puntualiza Liston.

Convivir con alguien implica una letanía de pequeños cambios: la dieta, la ingesta del alcohol o las rutinas de ejercicio convergen. Lo mismo ocurre con la exposición a la contaminación o infecciones. Incluso compartimos nuestros microbios. En un beso de 10 segundos intercambiamos 80 millones de bacterias de 300 especies distintas. Según explica Liston, todo esto conduce a que nuestro sistema inmune se parezca al de nuestra pareja.

Aún no comprendemos muy bien cómo los factores medioambientales influyen en las células del sistema inmune. Por eso, son tan importantes esta clase de investigaciones, ya que estos cambios pueden hacernos más o menos susceptibles a padecer ciertas enfermedades.

Fuentes:qz.com | nature.com |

Redacción QUO