Si piensas «los antidepresivos no me funcionan», un análisis ha encontrado que fallan en depresión atípica, y tienen más efectos adversos, como el aumento de peso
Los antidepresivos llamados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y noradrenalina están entre los más consumidos en el mundo, y son el tratamiento más habitual para la depresión clínica. Sin embargo, los estudios en los últimos años indican que su principio de funcionamiento no corresponde a la causa de la depresión y, además, no funcionan mejor que el placebo para la mayoría de los pacientes.
La depresión mayor no es una sola enfermedad. Desde hace décadas, los psiquiatras distinguen subtipos clínicos. Uno de los más debatidos es la depresión atípica, que suele cursar con mayor apetito y sueño excesivo. La utilidad de esta etiqueta ha levantado dudas por la falta de biomarcadores claros y por resultados dispares con tratamientos. Un nuevo trabajo en Biological Psychiatry sostiene que este subtipo tiene entidad clínica y biológica, lo que puede abrir la puerta a una mejor selección de tratamientos, ya que los actuales no funcionan.
Cuando los antidepresivos no me funcionan
El estudio, liderado por la investigadora Mirim Shin con datos del Australian Genetics of Depression Study, analizó a 14.897 participantes y clasificó como depresión atípica al 21% según dos rasgos autorreportados en su peor episodio, aumento de peso e hipersomnia. Comparó después su perfil clínico y demográfico, su respuesta y efectos secundarios a antidepresivos y su carga genética mediante puntuaciones poligénicas, conocidas como PGS, que suman miles de variantes para estimar riesgo de rasgos como enfermedades mentales, vías inflamatorias o ritmos circadianos. Los resultados apoyan que este grupo forma un subtipo reconocible y útil para la clínica.
Los autores informan de un dato muy relevante para pacientes y médicos: quienes presentaban el patrón atípico respondían peor a los antidepresivos más usados y notificaban más efectos no deseados. La señal más repetida en las noticias y el comunicado institucional es que los tratamientos estándar, incluidos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y de serotonina y noradrenalina, ayudan menos a este grupo y tienen mayor probabilidad de efectos secundarios como la ganancia de peso.
«Encontramos que las personas con depresión atípica tienen mayores riesgos genéticos para marcadores metabólicos, inmunes, inflamatorios y circadianos. Esto sugiere que podrían actuar vías biológicas distintas», explicó Shin.
Cuando los antidepresivos me hacen engordar
El patrón genético de la depresión atípica refuerza esa idea. Las PGS de este grupo mostraron asociaciones más altas con trastornos mentales comórbidos y con condiciones físicas como la diabetes, un nexo inmunometabólico que encaja con trabajos recientes que vinculan la depresión con una activación inmune crónica y con alteraciones del metabolismo. Esta convergencia, señalada por revisiones en The Lancet y en otras fuentes, sugiere que la depresión atípica podría beneficiarse de abordajes que tengan en cuenta inflamación, peso y sueño, y no solo neurotransmisores.
En la práctica, el mensaje no es abandonar de golpe los antidepresivos, sino reconocer que «una talla única» no encaja con todos. Si un paciente encaja con el perfil atípico, el clínico puede anticipar menor probabilidad de respuesta a los fármacos de primera línea y un riesgo mayor de efectos, y plantear desde el inicio opciones como estrategias combinadas, intervenciones dirigidas a peso y metabolismo, o la monitorización estrecha de efectos secundarios. En paralelo, conviene atender a problemas del sueño, muy frecuentes en este subtipo, y ajustar los horarios de medicación y hábitos para mejorar los ritmos circadianos, el sistema biológico que regula sueño y vigilia.
El trabajo también tiene límites. La clasificación se basó en autoinformes de síntomas durante el peor episodio, no en entrevistas estructuradas, y la muestra, aunque enorme, procede de una única cohorte nacional. Aun así, el salto de escala, la integración genética y la consistencia de los hallazgos con literatura previa hacen que la conclusión sea difícil de ignorar: la depresión atípica no solo suena distinta en la consulta, también se comporta de forma distinta en los datos.
REFERENCIA