Un virólogo crea una cerveza con levaduras vivas que portan partículas similares a virus, y se enfrenta a la regulación de la industria farmacéutica y a los negacionistas de las vacunas

Si vacunarse fuera tan sencillo como beberse una cerveza, quizá habría menos negacionistas de las vacunas, ¿verdad? Pues no está tan claro. Las vacunas orales no son nuevas, pero siguen siendo raras. Funcionan bien cuando el patógeno se instala en el intestino, como ocurre con el poliovirus. En cambio, muchas proteínas virales se deshacen en el ácido del estómago.

Por eso la idea de usar levaduras vivas, el microbio con el que hacemos el pan y la cerveza, para llevar el “paquete” inmunitario hasta el intestino suena ingeniosa y, a la vez, arriesgada. Desde hace años, científicos exploran las llamadas VLP, partículas similares a virus, que imitan la envoltura del patógeno sin su genoma, es decir, es inofensivo, pero suficiente para activar el sistema inmunitario.

Los estudios previos sugieren que utilizar estas VLP frente a poliomavirus disparan anticuerpos en primates y podrían proteger a pacientes trasplantados. El proyecto que ha desvelado Science News consiste en mezclar ese concepto con una bebida cotidiana como la cerveza.

La regulación y los negacionistas de las vacunas

El protagonista es Chris Buck, virólogo del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, NCI por sus siglas en inglés. En su tiempo libre ha montado Gusteau Research, una entidad personal para experimentar, fuera del laboratorio oficial, con una “cerveza vacuna” que contiene levaduras portadoras de VLP del poliomavirus BK.

No hay virus vivos. La levadura, Saccharomyces cerevisiae, actúa como un vehículo comestible para arrastrar las VLP más allá del estómago hasta el intestino. En ratones, su equipo observó que la levadura viva mezclada con el pienso inducía anticuerpos, mientras que las VLP purificadas dadas por vía oral no lo lograban. “Repetimos este experimento con ratones un par de veces. Me resistía a creerlo”, dijo Buck en un congreso, y añadió que “se sintió como un terremoto” al ver los primeros resultados.

Entonces llegó el momento de probarlo en seres humanos, y empezó por sí mismo. Buck, junto con su hermano, bebió cinco pintas del lote experimental. Según afirma, tras esas tomas sus anticuerpos frente a dos de los cuatro subtipos del poliomavirus BK alcanzaron umbrales considerados protectores en candidatos a trasplante de riñón. No hubo efectos adversos.

Los datos, compartidos en diciembre de 2025 como preprints en Zenodo, no han sido revisados por pares, y no incluyen análisis de sangre de otros familiares que también probaron la bebida. Aquí aparece el primer freno. Comités de ética del Instituto Nacional de Salud (NIH) desaconsejaron el autoexperimento y criticaron la difusión sin revisión. Buck replicó en su blog llamado «Los virus deben morir» que la burocracia “inhibe la ciencia” y que esperar “una semana con gente muriendo por no conocer esto no es trivial”.

Los virus deben morir

La comunidad científica, entre curiosidad y cautela, recuerda el estándar. Las vacunas se validan en ensayos con cientos o miles de voluntarios. Se mide seguridad y eficacia, se monitorizan efectos raros, y solo entonces se autorizan. El bioeticista Arthur Caplan lo resumió así: “Hace falta innovar en cómo administramos vacunas”, pero la cerveza casera “podría coger una buena idea y arruinarla”, alimentando dudas y miedos injustificados. Otros, como Preston Estep, que impulsó un aerosol nasal experimental contra la covid, creen que el temor a erosionar la confianza pública se usa sin evidencia. El debate está servido.

Más allá del show mediático, hay razones claras para intentar una vacuna contra poliomavirus BK y JC. Son ubicuos. En personas inmunodeprimidas pueden dañar riñón o cerebro, y se han relacionado con cáncer de vejiga. En 2023, un trabajo en macacos demostró que una vacuna multivalente de VLP, inyectada y fabricada en células de insecto, elevó los anticuerpos a niveles protectores sostenidos durante casi dos años.

La novedad de Buck está en cambiar la aguja por la jarra. También en su lectura regulatoria. Recuerda que los alimentos y suplementos, en Estados Unidos, siguen vías diferentes a las de fármacos ante la FDA, la agencia reguladora. Eso no le autoriza a vender una “cerveza vacuna” como tratamiento, pero sugiere que la levadura podría comercializarse como alimento o suplemento que “apoya” la salud inmunitaria, mientras acumula datos.

¿Funcionará en humanos y a gran escala? Nadie lo sabe aún a ciencia cierta. Quedan por resolver dosis, durabilidad, variabilidad individual, producción y, sobre todo, la validación clínica que exige cualquier vacuna. Si algún día una cerveza protege a trasplantados frente a BK, será porque pasó por esos filtros, no por la espuma.

REFERENCIA

He made beer that’s also a vaccine. Now controversy is brewing