Un estudio rescata una frase de un teólogo llamado Nicole Oresme que denuncia el lienzo de Lirey como fraude, siglos antes del famoso informe de 1389.
La Sábana Santa de Turín es un trozo de lienzo de lino venerado por millones, asociado a la Pasión de Jesús y famoso por una imagen tenue de un cuerpo humano, supuestamente el de Jesucristo. La autenticidad de este lienzo ha sido discutida durante siglos y la ciencia ha puesto a prueba su datación, su iconografía y su modo de formación de la imagen. La nueva evidencia medieval vuelve a cuestionar la autenticidad del famoso lienzo de Turín. Un documento hasta ahora desconocido, analizado por el historiador Nicolas Sarzeaud, aporta la referencia escrita más antigua que rechaza la relilicidad de la Sábana.
El estudio, publicado en la revista Journal of Medieval History, muestra que el teólogo normando Nicole Oresme, figura muy respetada en su tiempo, desestimó la Sábana y la calificó de falsificación. En su tratado, Oresme atribuyó el engaño a clérigos que recaudaban ofrendas. La pieza no es un panfleto, es una reflexión racional que encaja con su estilo.
El lienzo, de unos 4,3 metros de largo, presenta la impresión tenue del anverso y reverso de un hombre desnudo. Esa imagen coincide con relatos tradicionales sobre el cuerpo de Jesús tras la crucifixión. La controversia no ha cesado, aunque la investigación científica ha acumulado datos incómodos para su autenticidad.
Este mismo verano, un trabajo en la revista Archaeometry aplicó análisis 3D y concluyó que el tejido se ajustó a una escultura, no a un cuerpo real. La evaluación de la geometría de la imagen no cuadraba con un cadáver humano. Es un resultado que se suma a una cadena de evidencias técnicas.
Las dataciones por radiocarbono ya situaron el lino en el final del siglo XIII o el XIV. Esa ventana temporal coincide con las primeras apariciones del lienzo en Francia. La cronología, de momento, no juega a favor de la tradición.
“Esta reliquia ahora tan polémica lleva siglos en el centro de una disputa entre devotos y detractores”, explica Sarzeaud, autor principal del nuevo trabajo. Es investigador en historia en la Université Catholique de Louvain y becario de la Villa Médicis, la Academia de Francia en Roma. Su especialidad son las reliquias, las imágenes y el rastro material de lo sagrado en la Baja Edad Media.
El valor del hallazgo, señala Sarzeaud, es doble. Primero, el pasaje localizado por Alain Boureau y Béatrice Delaurenti en un tratado de Oresme constituye la primera desautorización escrita, oficial y con autoridad de la Sábana. Segundo, adelanta en años el famoso documento de 1389 del obispo de Troyes, Pierre d’Arcis, que denunció el lienzo como fraude y citó a un predecesor que ya lo había hecho hacia 1355.
Oresme, que más tarde fue obispo de Lisieux, era conocido por buscar explicaciones racionales de supuestos milagros y fenómenos extraños. Fue influyente por sus obras de economía, matemáticas, física, astrología, astronomía y filosofía.
“Lo descubierto supone una desestimación significativa de la Sábana”, afirma Sarzeaud. No se trata de un comentario al margen, sino de un ejemplo elegido con intención.
Oresme escribe: “No necesito creer a nadie que afirme: ‘Alguien realizó tal milagro para mí’, porque muchos clérigos engañan así a otros, con el fin de obtener ofrendas para sus iglesias. ‘Este es claramente el caso de una iglesia en Champaña, donde se decía que estaba la sábana del Señor Jesucristo, y del número casi infinito de quienes han forjado tales cosas, y otras’”.
Según Sarzeaud, Oresme no eligió un objeto cualquiera como ejemplo de fraude. Eligió la pretensión del santuario de Lirey, en Champaña, de poseer la Sábana, como un caso llamativo de mentiras fabricadas por el clero. Destaca también el método del filósofo. Oresme intentó ofrecer explicaciones naturales a lo inexplicado, en lugar de ver la mano de lo divino o lo demoníaco en cada esquina. Llegó a clasificar a los testigos por su fiabilidad y advirtió contra el rumor.
Oresme no sacrificó su enfoque académico en aras de la pastoral. Denunciar errores y manipulaciones formaba parte de su deber intelectual. Visto en el contexto más amplio de reliquias e imágenes devocionales, este episodio ofrece un relato inusualmente detallado de fraude clerical. La literatura de la época suele tratar estos temas de forma genérica.
El dictamen de Oresme le llevó a desconfiar más en general de la palabra de ciertos clérigos. La conclusión no era un golpe aislado, sino una alerta metodológica. El historiador Andrea Nicolotti, uno de los principales expertos mundiales en la Sábana, valora los resultados como “nuevas pruebas históricas de que incluso en la Edad Media sabían que la Sábana no era auténtica”. Para él, lo tecnológico y lo científico siguen apuntando en la misma dirección.
Nicolotti subraya que el hallazgo es especialmente relevante porque confirma que, en la década de 1370, un lienzo se presentó fraudulentamente como auténtico en Lirey. La noticia corrió, llegó hasta París. Por eso Oresme pudo citarla en un libro con la seguridad de que sus lectores captarían la alusión. Su opinión importa porque no estaba implicado en la disputa.
“Con este documento, la historia que ya conocíamos por otras fuentes queda perfectamente confirmada”, añade. El artículo de Sarzeaud traza además la trayectoria física del lienzo en esos años. La Sábana llegó a Lirey, en la Champaña francesa, y por eso se la conocía entonces como la Sábana de Lirey. El autor sitúa la referencia de Oresme en un documento escrito entre 1355 y 1382, probablemente después de 1370. Hipotetiza que Oresme supo del fraude cuando era erudito y consejero del rey en la década de 1350.
El lienzo se mostró en Lirey hasta alrededor de 1355, cuando el obispo de Troyes ordenó retirarlo. Investigaciones extensas habían reunido indicios de su falta de autenticidad, con pagos a personas para simular milagros. Tras ello, la Sábana quedó oculta durante más de treinta años, hasta que el papa Clemente VII autorizó de nuevo su exhibición.
La autorización vino con condiciones. Se debía informar a los fieles de que se trataba de una “figura o representación de la Sábana” y presentarla como tal. En 1389 se proclamó formalmente su carácter artificial en un memorial para el mismo pontífice. El obispo pidió incluso a Carlos VI de Francia que prohibiera más exhibiciones, y describió el lino como “un paño manufacturado, representado artificialmente”.
Hoy, muchos siglos después, abundan las réplicas por todo el mundo, mientras el original se expone en contadas ocasiones. La devoción no desaparece, pero la vitrina se abre poco.
¿Qué implica, en opinión de Sarzeaud, la conclusión de Oresme para la autenticidad de la Sábana? “La Sábana es el caso más documentado de una reliquia falsificada en la Edad Media, y uno de los pocos ejemplos de un culto denunciado y detenido por la Iglesia y por clérigos”, afirma. Añade que solemos imaginar a la gente de aquella época como crédula, pero Oresme ofrece un ejemplo precioso de pensamiento crítico, evaluación de testimonios y descarte de pruebas no corroboradas.
“Resulta llamativo que, de los miles de reliquias de ese periodo, la más claramente descrita como falsa por la Iglesia medieval sea hoy la más famosa.” Ironías de la historia, que a veces tiene mejor guion que la ficción.
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