El consumo de pornografía en Ucrania puede trazarse por la evolución de la guerra: cuando aumentan la violencia y los muertos, aumentan las búsquedas de porno
Las guerras no solo causan muertes, desplazan a la gente y destruyen ciudades. También alteran la vida íntima y la forma en la que las personas mantienen su cordura en medio del desastre. La pandemia ya mostró que el miedo y el aislamiento cambian la forma en que buscamos placer. Hasta ahora, la investigación sobre sexualidad en conflictos armados ha dependido sobre todo de encuestas a posteriori, pero esta vez tenemos datos en directo.
El estudio publicado en Archives of Sexual Behavior por el equipo liderado por Issam Nessaibia analizó fuentes abiertas y anónimas para medir, semana a semana, cómo la invasión rusa de Ucrania alteró el consumo de pornografía. “Las guerras transforman la vida social, emocional y sexual, pero faltaban datos a gran escala y no sesgados”, resume Nessaibia.
Los autores combinaron tres fuentes de información. Extrajeron la popularidad semanal de términos de Google Trends, consultaron las estadísticas públicas de Pornhub y cruzaron ambas con los informes de víctimas civiles de la Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. El periodo estudiado va del 2 de enero al 31 de julio de 2022, lo que permite capturar el estallido del conflicto el 24 de febrero y sus primeras fases.
El consumo de pornografía durante la guerra
Los investigadores siguieron búsquedas como “Ukrainian war map”, que funciona como termómetro del interés por el frente, y términos generales como “Pornhub” o “pornography”, que reflejan el tirón del contenido sexual. Para limpiar los datos del análisis, comprobaron la normalidad de los datos con la prueba de Shapiro-Wilk, una fórmula de eliminación de datos fuera de la norma, y calcularon correlaciones entre variables.
El resultado dibuja un punto de inflexión en marzo de 2022. A medida que aumentaban las víctimas semanales, crecía también el volumen relativo de búsquedas relacionadas con pornografía. La curva se elevó rápido y, pasados ciertos niveles de mortalidad, tendió a estabilizarse.
El equipo aplicó un análisis de mediación para identificar si una tercera variable explicaba parte del vínculo entre la violencia y el porno. La candidata ganadora fue la “conciencia de distanciamiento social”, algo ya visto en la pandemia y que, en plena guerra, se asocia con la sensación de aislamiento y peligro. “Un hallazgo inesperado fue el papel mediador de la ‘conciencia de distanciamiento social’, más predictiva que las cifras de víctimas por sí solas”, explicó Nessaibia. En otras palabras, la percepción de separación y amenaza pudo empujar a conductas sexuales solitarias como estrategia de autorregulación emocional.
Buscando al enemigo y la gestión del terror
Los cambios no fueron solo de cantidad. También varió el menú. Ucrania se convirtió en el único país del top 20 mundial donde la categoría más vista fue “Reality”. Las búsquedas del término “stuck” se dispararon más de un 500% respecto a 2021, y crecieron también “black woman” y “truth or dare”. A pesar de la agresión, el interés por contenidos “Russian” se mantuvo por encima de la media global y “Russian homemade” apenas cayó un puesto respecto al año anterior. Los autores sugieren que convertir el objeto del miedo en fantasía puede ser una forma de manejar la ansiedad.
El artículo interpreta estos hallazgos con la teoría de la gestión del terror, que propone que, cuando recordamos nuestra mortalidad, buscamos amortiguadores psicológicos. El sexo, incluso en su versión digital y solitaria, puede servir como regulador rápido del ánimo. En momentos de alto estrés por miedo, el cerebro confunde con facilidad las señales de amenaza y excitación, lo que favorece desvíos hacia estímulos sexuales que calman y centran. Los autores hablan incluso de un “estímulo supranormal” de fácil acceso en la pornografía, capaz de proporcionar alivio momentáneo sin riesgos físicos.
Los propios investigadores subrayan que estas métricas son indicadores de interés, no radiografías de motivaciones individuales. “Las asociaciones que observamos describen tendencias colectivas. No implican que todo el mundo aumentara su consumo, ni que usar porno sea siempre desadaptativo”, aclara Nessaibia. El equipo propone explorar efectos a largo plazo sobre deseo, sexualidad en pareja y natalidad. La guerra puede dejar huellas en la intimidad que no se ven en los partes oficiales. Este trabajo demuestra, al menos, que también allí, en silencio y a solas, la guerra se nota.
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