Alexis Terrón es biólogo y director científico del programa MedCoral, enfocado en la conservación de corales, dentro de la Asociación Hombre y Territorio. Durante la presentación del Forever Green Day celebrado en Málaga, con la participación del Real Betis Balompié, abordó la importancia de la restauración y conservación de los ecosistemas marinos, especialmente de los corales mediterráneos, y la necesidad de impulsar la colaboración científica y social para proteger la biodiversidad frente al cambio climático y la actividad humana.

¿Por qué es tan importante conservar los corales?

Los corales son ingenieros del ecosistema: organismos que, al secretar esqueletos calcáreos durante años, construyen estructuras tridimensionales de una complejidad que ningún otro ser vivo marino iguala. En el Mediterráneo, esa función la cumplen las más de 200 especies que habitan en este mar, entre los que se encuentran el coral naranja (Astroides calycularis) y la madrépora del Mediterráneo (Cladocora caespitosa), los únicos corales formadores de verdaderos arrecifes o pseudo-arrecifes de coral de este mar interior europeo. Sin ellos, desaparece el sustrato físico del que dependen cientos de especies para reproducirse, refugiarse y alimentarse.

Pero la importancia de los corales va más allá de la biodiversidad. Son bioindicadores de primera magnitud: su estado de salud refleja con precisión la temperatura del agua, la acidificación, la contaminación y la presión antropogénica. Cuando los corales enferman o mueren, el ecosistema entero acusa el golpe. Y también nos afecta directamente: los arrecifes coral del planeta generan servicios ecosistémicos valorados en billones de euros anuales, desde la protección costera hasta la base biológica de la pesca artesanal o el mantenimiento de actividades económicas como el buceo recreativo.

En el contexto mediterráneo, donde los corales son menos conocidos que los tropicales pero igualmente vulnerables, y en muchos casos endémicos, conservarlos es preservar un patrimonio natural único e irrecuperable a escala humana. Cuando lo perdemos, no lo recuperamos en nuestra vida.

 ¿Qué hace únicos a los corales del Mediterráneo frente a los de otros mares?

La imagen que la mayoría tiene de los corales es la de los grandes arrecifes tropicales: estructuras masivas, de aguas cálidas y cristalinas, rebosantes de peces de colores. Los corales mediterráneos son radicalmente distintos, y esa diferencia es precisamente lo que los hace fascinantes.

En el Mediterráneo, los corales tapizan las paredes rocosas en los primeros metros de profundidad, ofreciendo un paisaje sin igual a aquellas personas que puedan admirarlo. No necesitan la simbiosis con algas fotosintéticas que caracteriza a los corales tropicales; obtienen su energía filtrando el plancton de la columna de agua. Eso los hace más adaptados a condiciones de baja luminosidad, pero también más vulnerables a los episodios de calentamiento superficial del mar, que en el Mediterráneo han sido especialmente intensos en los últimos treinta años.

Hay además un factor de singularidad biogeográfica: el Mediterráneo es un mar semicerrado, con una historia geológica y climática propia, que ha dado lugar a comunidades coralinas con un alto grado de endemismo. Muchas de las especies que documentamos en el mar de Alborán, en el Estrecho de Gibraltar o en la Costa Tropical de Granada no se encuentran en ningún otro lugar del planeta. Eso les confiere un valor de conservación global que rara vez se reconoce fuera del ámbito científico.

 ¿En qué estado se encuentran actualmente los ecosistemas coralinos del Mediterráneo y cuál es la principal amenaza?

El diagnóstico es preocupante. Los datos que hemos recopilado en el marco del proyecto CoralConect muestran descensos drásticos en la cobertura de algunas de las especies más representativas del litoral andaluz entre 2011 y 2026. En ciertas localidades de la costa occidental de Granada y de Castell de Ferro, la pérdida de cobertura coralina supera el 60 %. No son cifras abstractas: son colonias que llevaban décadas, quizás siglos, construyendo ese ecosistema.

Las amenazas son múltiples y actúan de forma sinérgica. El calentamiento del agua es la más grave a largo plazo: las olas de calor marinas que hemos vivido en el Mediterráneo occidental, especialmente las de 2003, 2008 y los veranos extremos de la última década, han provocado episodios masivos de mortalidad en gorgonias y otros organismos sésiles. A eso se suma la acidificación oceánica, que dificulta la calcificación de los esqueletos coralinos, y la degradación de la calidad del agua por escorrentías agrícolas, sedimentos y residuos.

Pero hay una amenaza emergente que en el mar de Alborán tiene una presencia devastadora: el alga invasora Rugulopteryx okamurae, originaria del Pacífico y detectada por primera vez en el Estrecho de Gibraltar en 2015. Esta macroalga crece a una velocidad extraordinaria y literalmente asfixia las comunidades bentónicas que encuentra a su paso, incluidos los corales. En algunas zonas ya monitorizadas por MedCoral, el programa para la conservación de corales de la Asociación Hombre y Territorio, la invasión ha recubierto por completo fondos que hasta hace pocos años albergaban comunidades de coral muy diversas. Es un escenario de urgencia real, no potencial.

 ¿Cómo se replanta o recupera un arrecife de coral dañado por la presión humana y el aumento de la temperatura del agua?

La restauración de poblaciones de coral en el Mediterráneo es un campo relativamente joven, pero en los últimos años hemos acumulado experiencia y métodos contrastados. El protocolo que aplicamos en MedCoral tiene tres fases: rescate y recuperación de colonias desprendidas mediante trasplante a arrecifes artificiales.

En la fase de rescate, recogemos fragmentos o colonias viables de zonas donde la presión del alga invasora u otras perturbaciones hacen inviable su supervivencia in situ. Esos fragmentos se trasladan a estructuras arrecifales donde son trasplantadas y permanecen allí para formar una población independiente que conectará con otras poblaciones de alrededor, pudiendo restaurar la conectividad genética de los corales en el litoral. Para corroborar esto, se monitorizan parámetros de supervivencia y desarrollo reproductivo.

El proyecto CoralConect plantea algo más ambicioso: articular un corredor ecológico de coral de 600 kilómetros a lo largo del mar de Alborán, conectando poblaciones de diferentes localidades del litoral andaluz para favorecer la conectividad genética y la resiliencia del conjunto. No basta con restaurar un punto aislado; necesitamos restaurar la red. Para eso estamos trabajando con la Universidad de Sevilla en el análisis genético y microbiómico de las poblaciones, lo que nos permitirá trasplantar colonias entre localidades con mayor probabilidad de éxito adaptativo.

Foto: Alexis Terron @terron.alexis fotografiado por Ales Ibáñez Yuste (@alesibanez)