Estos asteroides ya estaban ahí mucho antes de que existiera la Tierra
Los asteroides Ryugu e Ivuna se formaron en los dos primeros millones de años del sistema solar, son los planetesimales más antiguos que se conocen, y su composición química es casi idéntica a la del propio Sol
El sistema solar tiene unos 4.600 millones de años. Que dos millones no suenen a nada en esa escala es comprensible, pero en la historia temprana del sistema solar son un abrir y cerrar de ojos geológico: el momento en que el disco de gas y polvo que rodeaba al Sol recién formado empezaba a coagularse en los primeros objetos sólidos. Un nuevo estudio confirma que los cuerpos progenitores del asteroide Ryugu y del meteorito Ivuna surgieron justo en esa ventana inicial, antes incluso que la mayor parte de los materiales que luego ensamblarían planetas.
Condrito carbonáceo tipo Ivuna: el raro entre los raros
Los meteoritos carbonáceos son los registros más primitivos de la química del sistema solar primordial. Dentro de ellos, los condritos tipo Ivuna (abreviados CI, del inglés Ivuna-type carbonaceous) son los más raros y los más valiosos desde el punto de vista científico. Su nombre procede del meteorito Ivuna, que cayó en Tanzania en 1938 y que se convirtió en el espécimen de referencia del grupo. El asteroide Ryugu, al que la misión japonesa Hayabusa-2 viajó entre 2018 y 2020 y del que regresó con muestras a la Tierra, pertenece a este mismo grupo.
Lo que hace especiales a estos materiales va más allá de su antigüedad: su composición los convierte en el único tipo de roca conocida cuya abundancia de elementos coincide casi exactamente con la del Sol, que concentra más del 99% de toda la masa del sistema solar. Para el geoquímico Qing-Zhu Yin, de la Universidad de California en Davis y uno de los líderes del estudio, sostener en la mano un fragmento de estas rocas equivale a sostener el sistema solar entero.
Sin condrulos: la pista que revela la edad
La mayor parte de los meteoritos carbonáceos contiene condrulos, pequeñas gotas de silicato fundido que se formaron durante episodios de calentamiento en el disco solar primitivo. Los CI, en cambio, carecen de ellos. Ese detalle resulta ser la clave del nuevo trabajo, publicado en la revista Science por el equipo de Yin. Si los condrulos solo empezaron a producirse en masa entre 2,2 y 3,5 millones de años después del inicio del sistema solar, y los CI no los tienen, la conclusión es que sus cuerpos progenitores se ensamblaron antes de que esa lluvia de gotas fundidas comenzara.
El razonamiento encaja con el nuevo fechado geoquímico que el equipo realizó sobre cristales de dolomita extraídos tanto de las muestras de Ryugu como del propio meteorito Ivuna. La dolomita se forma durante la alteración acuosa, un proceso químico que ocurre cuando el agua interactúa con la roca. Determinar cuándo ocurrió ese proceso permite fijar la edad máxima del cuerpo que lo albergó. El resultado: menos de dos millones de años tras el Big Bang del sistema solar. Como ventaja añadida, los isótopos de oxígeno de los cristales revelaron también la temperatura a la que ocurrió esa alteración acuosa: entre 37 y 96 grados Celsius.
Los primeros ladrillos de los planetas
Los planetesimales son objetos sólidos de kilómetros a decenas de kilómetros de diámetro que se formaron en las primeras fases del sistema solar y que luego colisionaron y se fusionaron para dar lugar a protoplanetas y, finalmente, a los planetas que conocemos hoy. El estudio sitúa a los progenitores de Ryugu e Ivuna en la primera generación de esos ladrillos cósmicos, anteriores incluso a los que dieron lugar a los condritos carbonáceos más comunes. Como subraya Yin, la naturaleza ha conservado estos materiales desde el amanecer del sistema solar y ha tenido la amabilidad de entregarlos para que podamos estudiarlos, tanto en forma de meteorito que cae espontáneamente sobre la Tierra como en forma de muestra traída expresamente por una misión espacial.
El trabajo refuerza la utilidad científica de las misiones de retorno de muestras de asteroides. Las partículas que Hayabusa-2 trajo de Ryugu han resultado ser testigos directos de los primeros dos millones de años del sistema solar, un período del que los científicos tienen muy poca evidencia física. El sucesor de Hayabusa-2, la misión Hayabusa-3, ya está en planificación y tiene entre sus objetivos visitar otro asteroide de tipo CI. Lo que pueda encontrarse allí promete añadir otra página a la historia más temprana del sistema solar que compartimos.
REFERENCIA
- Earliest aqueous alteration of CI chondrites and Ryugu samples dated to within 2 million years of solar system formation (Yin, Q.-Z. et al., Science, 2026. DOI: 10.1126/science.adw4498)
Una representación del asteroide Ryugu, realizada a partir de imágenes tomadas por la sonda Hayabusa 2 el 12 de julio de 2018. (Kevin Gill/JAXA, CC BY 2.0)
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