Un mes después del encuentro con Marte, la cámara HiRISE de la NASA retrató al 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar conocido, pero las imágenes siguen sin publicarse

Los asteroides y cometas son viejos conocidos de nuestro sistema solar, pero los objetos interestelares que vienen de fuera son rarísimos. En más de un siglo de observaciones modernas, solo hemos confirmado tres: 1I/‘Oumuamua en 2017, 2I/Borisov en 2019 y 3I/ATLAS en 2025. Cada uno se ha comportado de forma distinta, desde el “cigarro” sin coma aparente de ‘Oumuamua hasta la cola clásica de Borisov.

ATLAS, llamado así porque fue detectado por el sistema ATLAS en Chile, avanza por una órbita hiperbólica, lo que delata su origen fuera de nuestro sistema solar. La NASA y varios telescopios internacionales han seguido su evolución para medir su tamaño, actividad y composición, y ya hay trabajos preliminares sobre su contenido en agua, polvo y la posible aceleración no gravitatoria.

El 3I/ATLAS en Marte

El 3I/ATLAS pasó a unos 29 millones de kilómetros de Marte a inicios de octubre. Durante esa aproximación, la sonda Mars Reconnaissance Orbiter (MRO) apuntó su cámara de alta resolución HiRISE para obtener las imágenes más nítidas del visitante, con un detalle tres veces mejor que el de Hubble en julio.

Sin embargo, esas imágenes aún no han visto la luz. Según informa Futurism, se han quedado atrapadas en un cuello de botella burocrático provocado por el cierre federal en EE.UU., que ocurrió pocos días después de la toma. «Esta información es de gran importancia para avanzar en nuestra comprensión de los visitantes interestelares», escribió la congresista Anna Paulina Luna en una carta al administrador interino de NASA, Sean Duffy, pidiendo su publicación. NASA le respondió que divulgará los datos en cuanto reabra el Gobierno.

Mientras tanto, hay otras pistas. La agencia espacial china publicó tomas del orbitador marciano Tianwen-1, que se acercó a unos 30 000 kilómetros de ATLAS. En esas imágenes se aprecia un núcleo envuelto por una coma de varios miles de kilómetros. Si las de HiRISE se liberan, permitirán estimar el tamaño del núcleo con más precisión, ya que el «píxel más brillante» fija un límite superior para su diámetro, un parámetro clave que aún oscila entre estimaciones de unos pocos kilómetros basadas en fotometría y modelos de coma.

El ATLAS está resultando muy escurridizo. Las observaciones desde España del 5 de noviembre informaron de la ausencia de cola visible tras su paso por el perihelio, algo inusual en un cometa activo. Además, varios equipos han reportado señales de “aceleración no gravitatoria”, un comportamiento típico de cometas cuando la desgasificación actúa como un minúsculo motor, aunque su magnitud y dirección siguen sin esclarecerse.

Aquí conviene ser prudentes: hay hipótesis muy especulativas que hablan de tecnología extraterrestre, pero la mayoría de astrónomos interpretan ATLAS como un cometa natural con una composición atípica, impulsado probablemente por CO₂ y agua, y con partículas de polvo relativamente grandes. La publicación de los datos de MRO y otras fuentes ayudará a discriminar entre explicaciones físicas convencionales y exageraciones.

Los datos perdidos por el cierre del gobierno en EE.UU.

¿Qué nos dicen los estudios revisados o en preimpresión? Una detección en ultravioleta con el satélite Swift halló emisiones de OH, el subproducto clásico de la fotodisociación del agua, lo que confirma actividad hídrica. Otra serie de observaciones desde el NOT sugiere que la producción de polvo sigue una ley con la distancia al Sol compatible con un impulsor volátil fuerte como el CO₂. Y un trabajo reciente propone que la composición de ATLAS muestra un enriquecimiento extremo en CO₂ respecto al agua, quizá porque los rayos cósmicos han “cocinado” sus capas externas durante millones de años en el espacio interestelar. Estas piezas encajan con un cometa, no con una sonda extraterrestre.

En paralelo, el Hubble ya dejó en julio la imagen más definida hasta ahora, con una envoltura en forma de lágrima alrededor del núcleo, y NASA ha explicado que estas campañas, junto con las del Observatorio Vera C. Rubin, ayudarán a fijar el tamaño y la densidad, parámetros que permitirán comparar ATLAS con ‘Oumuamua y Borisov. Cuanto antes salgan las imágenes de HiRISE, antes sabremos si el núcleo es compacto o poroso, y si su tamaño encaja con la actividad observada.

REFERENCIA

Interstellar comet 3I/ATLAS: discovery and characterization