El lanzamiento de Artemis 2 tendrá lugar poco después de la medianoche, y un cohete del tamaño de un edificio llevará a cuatro astronautas hasta la Luna por primera vez en 54 años
Imagen De izquierda a derecha, los astronautas de la NASA Reid Wiseman, comandante de Artemis II; Victor Glover, piloto de Artemis II; Christina Koch, especialista de misión de Artemis II; y el astronauta de la CSA (Agencia Espacial Canadiense) Jeremy Hansen, especialista de misión de Artemis II, posan para una fotografía de grupo durante su visita al cohete SLS (Sistema de Lanzamiento Espacial) y a la nave espacial Orión de la misión Artemis II de la NASA, el lunes 30 de marzo de 2026, en el Complejo de Lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy de la NASA en Florida. Crédito: NASA/Bill Ingalls
En la rampa 39B de Cabo Cañaveral, la escena parece tranquila desde lejos, pero por dentro es puro pulso acelerado. Un cohete no arranca como un coche, se despierta a base de comprobaciones, válvulas y señales eléctricas que tienen que encajar al milímetro y a la décima de segundo. Y hoy, 1 de abril de 2026, Artemis II se juega todo en ese encaje: el primer vuelo tripulado del programa Artemis, la prueba que debe demostrar que volver a viajar hacia la Luna es posible, una vez más.
La cuenta atrás entra en sus horas más delicadas mientras los equipos de la NASA rematan diagnósticos sobre los cuatro motores RS-25, los mismos que empujarán al Space Launch System (SLS) más allá de la órbita baja. No basta con que funcionen, tienen que mantener sensores y conexiones en perfecto funcionamiento, porque si falla la telemetría del motor la misión podría acabar en desastre.
El lanzamiento de Artemis 2, previsto para después de medianoche
Arriba, en la etapa superior, la llamada «interim cryogenic propulsion stage» (etapa de propulsión criogénica provisional) queda en modo de espera tras las verificaciones previas. La palabra clave aquí es criogénica, ya que el combustible, hidrógeno líquido, se almacena a temperaturas de -253º C, lo que produce constantes fugas e inestabilidad.
Mientras tanto, Orión, el vehículo tripulado polivalente (MPCV), una nave espacial parcialmente reutilizable, también se prepara por dentro. Sus baterías de vuelo ya están cargadas para sostener aviónica, comunicaciones y sistemas de soporte vital durante el despegue y el arranque de la misión. En paralelo, los equipos empiezan a cargar las baterías de la etapa central del SLS, las que alimentarán sistemas de control durante el ascenso, cuando el cohete atraviese la atmósfera.

Partes del cohete de la misión lunar Artemis II. NASA
Los ingenieros revisan posibles fugas en los trajes presurizados de la tripulación, porque un fallo de sellado ante una despresurización de cabina no tiene vuelta atrás. Anoche, además, la plataforma se dejó casi desierta: fuera personal no esencial, dentro solo especialistas con tareas muy concretas.
En las horas previas cobra protagonismo un personaje invisible, el “ground launch sequencer”, un sistema automatizado que ejecuta miles de órdenes en el tramo final del conteo. Cuando entra en juego, el lanzamiento deja de ser una conversación humana y se convierte en un metrónomo controlado por ordenador. También se sustituye aire por nitrógeno gaseoso en cavidades internas del cohete, para crear un ambiente inerte que reduzca riesgo de combustión durante el repostaje.
Buen tiempo para un viaje de ida y vuelta a la Luna
El cielo, por una vez, parece que colabora. La previsión habla de un 80% de condiciones favorables, aunque la meteorología espacial y detalles como nubes cúmulo o vientos de superficie pueden tumbar el plan en el último minuto. Por eso la NASA trabaja con especialistas de Space Launch Delta 45, actualizando la decisión con datos en tiempo real.
La misión es simple solo en apariencia. Cuatro astronautas, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen, se embarcan en un viaje de unos diez días alrededor de la Luna, pero sin alunizar. La idea es probar los sistemas de soporte vital, navegación, seguridad y rendimiento del SLS y de Orión en el entorno real del espacio profundo, justo donde no hay margen para el error.
Quien quiera verlo en directo puede seguir la extensa cobertura de la NASA, con una retransmisión de operaciones de repostaje desde primera hora y la emisión completa del lanzamiento a mediodía en EE.UU., disponible en NASA+, YouTube y otras plataformas. Porque si todo sale bien, el momento durará segundos, pero la nueva era lunar arrancará para los años que vengan
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