Un alfarero enterrado en una vasija revela secretos genéticos del Imperio Antiguo, la época en que se levantaban las primeras pirámides.

Durante el Imperio Antiguo de Egipto, mientras surgían las primeras pirámides, la región ya era un hervidero de actividad humana, cultural y comercial. Por primera vez, los científicos han logrado secuenciar el genoma completo de un individuo que vivió en el Egipto antiguo hace unos 4.800 años, justo en los albores de la construcción de las pirámides. Este hallazgo sin precedentes proviene de los restos de un hombre adulto enterrado en una gran vasija de cerámica dentro de una tumba excavada en la roca, en la antigua ciudad de Nuwayrat, a unos 265 kilómetros al sur de El Cairo.

Según el análisis genético, el individuo tenía el cabello y los ojos marrones y una piel oscura, características físicas que reflejan su ascendencia mayoritariamente norteafricana (en un 80%), combinada con un 20% de linajes procedentes de Asia occidental. Este cruce genético sugiere que el Egipto temprano era un auténtico crisol cultural, donde confluían poblaciones migrantes y comerciantes del continente africano y de regiones mesopotámicas, que hoy corresponden a Irak, Turquía e Irán.

Ubicación geográfica del individuo Nuwayrat. (Morez Jacobs et al., Nature, 2025)

Ubicación geográfica del individuo Nuwayrat. (Morez Jacobs et al., Nature, 2025)

Hasta ahora, gran parte del conocimiento sobre los contactos culturales entre Egipto y otras civilizaciones del Creciente Fértil se basaba en la arqueología, especialmente en objetos como plantas domesticadas, animales, sistemas de escritura o tecnologías como el torno de alfarero. Pero el hallazgo del genoma de este individuo proporciona la primera prueba directa de herencia genética mesopotámica en el Egipto del tercer milenio antes de nuestra era.

La conservación de ADN en el clima egipcio ha sido siempre un gran obstáculo para los genetistas. “Egipto es un lugar con una historia escrita y arqueológica extraordinaria, pero la conservación del ADN ha sido un gran reto que hasta ahora impedía disponer de registros genómicos comparables”, explica el genetista Pontus Skoglund, fundador del primer laboratorio de ADN antiguo de alta capacidad en el Reino Unido, con sede en el Instituto Francis Crick.

Gracias a técnicas genéticas avanzadas y a protocolos que evitan la contaminación moderna, el equipo logró secuenciar con éxito el ADN más antiguo jamás recuperado de Egipto. Esto marca un nuevo comienzo para el estudio de los movimientos poblacionales en el valle del Nilo.

El hombre de Nuwayrat medía aproximadamente 1,60 metros de altura. El estado de sus dientes, muy desgastados, y los signos de artritis severa en su pie derecho indican que tenía entre 44 y 64 años cuando murió, lo que se considera una edad avanzada para la época. Su entierro sugiere un estatus social elevado: fue depositado dentro de una gran vasija de cerámica en una tumba tallada en la roca, lo cual no era una práctica común para personas de oficios manuales.

Recipiente de cerámica en el que se descubrió al individuo Nuwayrat. Reproducido por cortesía del Museo Garstang de Arqueología, Universidad de Liverpool. (Morez Jacobs et al., Nature, 2025)

Recipiente de cerámica en el que se descubrió al individuo Nuwayrat. Reproducido por cortesía del Museo Garstang de Arqueología, Universidad de Liverpool. (Morez Jacobs et al., Nature, 2025)

Sin embargo, su esqueleto revela detalles inesperados. El bioarqueólogo Joel Irish, de la Universidad Liverpool John Moores, señala que sus huesos indican una vida de trabajo físico repetitivo. “Los huesos de la pelvis están expandidos, los brazos muestran evidencia de movimientos continuos hacia adelante y hacia atrás, y hay una artritis considerable, pero solo en el pie derecho”, comenta. Para Irish, esto sugiere que el individuo se dedicaba a la alfarería, probablemente con torno.

“El tipo de entierro que recibió no sería habitual para un alfarero, así que puede que fuera especialmente talentoso o que lograra ascender socialmente gracias a su oficio”, añade el investigador.

La dieta también refuerza esta imagen de un egipcio asentado y relativamente próspero. El análisis isotópico de un molar muestra que creció en el árido valle del Nilo y que su alimentación incluía proteínas animales y cultivos como el trigo y la cebada, típicos de la región en esa época.

La historia de este individuo es notable no solo por su vida, sino también por lo que ha sobrevivido de ella. Su esqueleto fue excavado en 1902 y donado al Museo Mundial de Liverpool. Durante la Segunda Guerra Mundial, los bombardeos destruyeron gran parte de la colección de restos humanos del museo, pero sus huesos sobrevivieron milagrosamente. Más de un siglo después, han vuelto a cobrar vida gracias a la ciencia.

“Este individuo vivió y murió durante un periodo de grandes cambios en el antiguo Egipto, y ahora hemos podido contar parte de su historia”, afirma Linus Girdland Flink, arqueogenetista de la Universidad de Aberdeen.

Por supuesto, un solo individuo no puede representar a toda una civilización. Pero su ADN y su entierro aportan un primer vistazo a la diversidad genética y cultural de los egipcios en los tiempos de las pirámides. Los investigadores esperan que este avance técnico permita una exploración más profunda y matizada de la civilización egipcia y de quienes la habitaron.

Con cada fragmento de ADN recuperado, la historia de Egipto se vuelve un poco más humana.

REFERENCIA

Whole-genome ancestry of an Old Kingdom Egyptian