Aunque no se puede generalizar, un análisis genético de casi 450.000 personas en Reino Unido detecta cientos de evidencias de incesto, lo que podría explicar por qué los ingleses son feos, y otros efectos en la salud y la fertilidad
La comediante británica Chloe Pitts dice en su monólogo «toda la gente británica es fea, todo lo que dicen es cierto, pero la razón es que en su día los vikingos nos robaron a todas las mujeres guapas». El hecho de que el Reino Unido sea un conjunto de islas tampoco ayuda, ya que en este entorno se da una mayor consanguineidad y endogamia, con consecuencias negativas para la población.
La endogamia, cuando dos personas con parentesco cercano tienen descendencia, es un tema rodeado de tabúes, leyes y silencios. Por eso sabemos mucho menos de lo que parece sobre su frecuencia real y sus consecuencias, más allá de lo que cuentan los registros policiales o los rumores de pueblo. En genética, sin embargo, el registro se lee en el ADN.
Un equipo de investigadores buscó una forma de estimar la tasa de “endogamia extrema” en Reino Unido y, de paso, explorar si deja huella en la salud. Publicaron sus resultados en Nature Communications tras analizar datos del UK Biobank, un gran repositorio con información sanitaria y genética de participantes voluntarios.
La endogamia y el incesto en el Reino Unido
Los autores partieron de una idea sencilla: si casi nadie habla del tema, la estadística tradicional se queda corta. La endogamia extrema, tal como la definieron, se refiere a reproducción entre familiares muy cercanos, como hermanos, o relaciones del tipo tío y sobrina o tía y sobrino. En la mayoría de sociedades esto se considera tabú, y además suele ser ilegal, así que la información disponible resulta limitada y sesgada.
Para sortear ese muro, recurrieron al UK Biobank, que incluye a unas 450.000 personas voluntarias de ascendencia europea. En vez de depender de árboles genealógicos o de denuncias, examinaron directamente el genoma. Buscaron grandes “tramos” donde el ADN aparece idéntico en ambas copias, lo que los genetistas llaman runs of homozygosity, o rachas de homocigosidad.
Esto son zonas en el genoma en las que se hereda la misma versión genética por partida doble, porque los padres compartían ancestros muy cercanos. Cuantas más y más largas sean esas cadenas, más probable es que exista parentesco estrecho entre progenitores. Es una manera de medir la endogamia con lupa molecular, sin necesidad de preguntar en la cena familiar.
Al filtrar la base de datos con ese criterio, el equipo identificó 125 personas cuyos genomas encajaban con endogamia extrema. Eso equivale aproximadamente a 1 caso por cada 3.652 individuos en la muestra. El número no coincide con los registros policiales de incesto, que apuntaban a una tasa menor, alrededor de 1 por cada 5.247, lo que ya sugiere que la realidad no siempre deja rastro en el papel.
Los riesgos del incesto: más bajos, menos listos, menos fértiles
El siguiente paso fue mirar qué pasaba con la salud y la “aptitud” biológica de esas 125 personas en comparación con el resto. Según el análisis, presentaban un riesgo algo mayor de varios efectos adversos. En promedio eran algo más bajos, mostraban peores resultados en medidas cognitivas, y también parecían tener más dificultades reproductivas.
Además, los datos sugerían peor función pulmonar y una mayor probabilidad de padecer enfermedades que la media. No hablamos de un destino inevitable, sino de diferencias estadísticas, de esas que no se ven a simple vista, pero aparecen cuando comparas grupos grandes y haces números con cuidado. La idea central es la conocida “depresión por endogamia”, que ocurre cuando variantes perjudiciales recesivas tienen más posibilidades de coincidir en la misma persona.
Los propios autores subrayaron una limitación importante: el UK Biobank no representa a toda la población británica como si fuera un censo perfecto. Quien se apunta voluntariamente a un estudio así tiende a ser más sano, con más recursos y mayor nivel educativo. Si ese sesgo existe, lo más probable es que haga que la estimación se quede corta, porque quienes sufren más problemas de salud podrían participar menos.
Aun con esa cautela, el trabajo respalda la idea, sostenida desde hace tiempo, de que la endogamia cercana aumenta el riesgo de efectos negativos en salud y reproducción. Y lo hace con una herramienta difícil de discutir, el propio ADN, que no entiende de leyes ni de pudor, solo de herencia.
REFERENCIA
Extreme inbreeding in a European ancestry sample from the contemporary UK population