Por primera vez, tenemos sangre de dinosaurio (fosilizada)

dinosaurio sangre

Los científicos han encontrado posibles glóbulos rojos fosilizados en un dinosaurio brasileño con plumas de hace 115 millones de años que guardan restos del hierro hemo, la molécula que transporta el oxígeno en la sangre

Hace 115 millones de años, un pequeño dinosaurio con plumas murió en una costa del actual nordeste de Brasil. Su cuerpo quedó atrapado en una alfombra de bacterias que cubría el suelo, y ese detalle podría haber cambiado su destino como fósil. Un equipo internacional liderado por la geoquímica Kliti Grice, de la Universidad Curtin, en Australia, ha encontrado en sus huesos unas diminutas estructuras ovaladas que interpreta como glóbulos rojos mineralizados. Dentro de ellas había restos del hemo, la molécula que da color a la sangre. El estudio se publica en la revista PNAS.

Para entender la importancia del hallazgo hay que saber qué es el hemo. Es una pequeña molécula con un átomo de hierro en el centro que forma parte de la hemoglobina, la proteína que llena los glóbulos rojos y transporta el oxígeno por el cuerpo. La hemoglobina es una proteína frágil que se degrada con rapidez tras la muerte. El hemo, en cambio, es químicamente más estable, y su hierro puede reaccionar con los minerales del entorno. Durante mucho tiempo se pensó que cualquier resto orgánico desaparecía por completo en menos de un millón de años. Encontrar hemo dentro de células fósiles de 115 millones de años desafiaría esa idea.

Imágenes microscópicas de las estructuras fósiles que parecen ser glóbulos rojos. (Universidad de Curtin)
Imágenes microscópicas de las estructuras fósiles que parecen ser glóbulos rojos. (Universidad de Curtin)
Índice
  1. Un dinosaurio atrapado en un tapete de bacterias
  2. Un hallazgo que no convence a todos
  3. Sangre humana en un tapete australiano
  4. REFERENCIA

Un dinosaurio atrapado en un tapete de bacterias

El protagonista es Aratasaurus museunacionali, un dinosaurio terópodo descrito en 2020 a partir de unos huesos hallados en una mina del estado de Ceará en 2008. Según los cálculos de los investigadores, el ejemplar tenía unos cuatro años, pesaba unos 34 kilos y medía 3,1 metros del hocico a la punta de la cola.

El equipo tomó pequeñas muestras de los huesos de las patas traseras (fémur, tibia y huesos del pie) y las analizó con varias técnicas complementarias. Usaron microscopía electrónica de barrido para observar su estructura, y pirólisis (calentar la muestra hasta descomponerla) combinada con espectrometría de masas para identificar las moléculas presentes. También buscaron ADN antiguo, sin encontrarlo.

Dentro de los canales vasculares del hueso, los conductos por los que circulaba la sangre, aparecieron estructuras con forma de elipse cargadas de hemo. "Nadie había encontrado nunca hemo dentro de un glóbulo rojo fósil", asegura Grice. Para la investigadora, el hallazgo "aporta un tipo de evidencia completamente nuevo para estudiar la fisiología de los dinosaurios".

La clave de esta conservación excepcional podría estar en el lugar donde murió el animal. Los tapetes microbianos son capas de bacterias y arqueas que cubren el suelo en muchas zonas costeras. Al envolver un cadáver, lo aíslan del oxígeno y favorecen que los minerales sustituyan los tejidos blandos antes de que se descompongan. "El hecho de que el fósil quedara envuelto en un tapete microbiano probablemente ayudó muchísimo", explica Grice.

Un hallazgo que no convence a todos

La búsqueda de restos orgánicos en dinosaurios tiene una larga historia de polémicas. La paleontóloga Mary Schweitzer, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, fue pionera al detectar compuestos derivados del hemo en huesos de Tyrannosaurus rex en los años noventa y tejidos blandos en otro ejemplar en 2005. Sus resultados fueron muy discutidos durante años, aunque hoy el campo de los tejidos blandos fósiles crece con rapidez.

Precisamente Schweitzer, que no participó en el nuevo estudio, se muestra escéptica con la interpretación de los glóbulos rojos. Acepta que en el hueso hay hemo y colágeno y elogia que se hayan combinado varios métodos. Su objeción está en el tamaño. Según ella, las estructuras miden unas 15 micras, menos que casi todos los glóbulos rojos de los animales no mamíferos. A diferencia de los nuestros, esos glóbulos conservan el núcleo y suelen ser más grandes.

Mauricio Barbi, de la Universidad de Regina, en Canadá, considera convincentes las pruebas de que las estructuras son compatibles con glóbulos rojos, aunque recuerda que su identificación "todavía implica cierta interpretación". En cualquier caso, lo que se ha encontrado son restos químicos dentro de estructuras mineralizadas. Nadie ha recuperado células intactas ni hemoglobina conservada.

Sangre humana en un tapete australiano

Para despejar las dudas, el equipo de Grice quiere reproducir el proceso en el laboratorio. Están comprobando si la sangre humana se mineraliza al exponerla a tapetes microbianos recogidos en la bahía Shark, en Australia Occidental, uno de los pocos lugares del planeta donde estas comunidades de bacterias siguen formando estructuras parecidas a las de hace miles de millones de años.

Si el método se confirma, los huesos fósiles podrían convertirse en un archivo químico de la biología de los dinosaurios. El tamaño y la forma de los glóbulos rojos, por ejemplo, dan pistas sobre el metabolismo de un animal y sobre si era de sangre caliente, una de las grandes preguntas abiertas de la paleontología. Por ahora, la sangre de los dinosaurios sigue siendo un rastro químico tenue, aunque cada vez más difícil de ignorar.

REFERENCIA

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