Una ola de calor puede alterar tu ADN y acelerar tu envejecimiento biológico, según revela un nuevo estudio
El envejecimiento biológico no siempre sigue el ritmo del calendario. En lugar de contar solo los años que llevamos vivos, los científicos pueden medir nuestro envejecimiento observando cambios moleculares en el ADN, un campo conocido como epigenética.
El calor extremo, como el que soportan ciudades como Madrid durante buena parte del año, no solo agota y deshidrata: puede envejecer tus células más rápido de lo normal. Así lo demuestra un nuevo estudio publicado en la revista Science Advances, donde se detalla cómo la exposición prolongada a temperaturas elevadas puede alterar el comportamiento de nuestros genes, acelerando el envejecimiento biológico a nivel molecular.
«El impacto es similar al que tienen el tabaco o el alcohol», explica Eunyoung Choi, gerontóloga de la Escuela Leonard Davis de Gerontología de la Universidad del Sur de California y autora principal del estudio. Su equipo analizó a más de 3.600 personas mayores de 56 años repartidas por todo Estados Unidos, comparando su edad epigenética (es decir, la edad biológica según ciertos marcadores moleculares) con los niveles de calor a los que estuvieron expuestas.
Los resultados fueron impactantes. Aquellos que vivían en zonas con más de medio año de temperaturas por encima de los 32 ºC (como Phoenix) mostraban, en promedio, una edad biológica 14 meses superior a la de personas en lugares mucho más frescos, como Seattle, donde estas temperaturas apenas se alcanzan unos pocos días al año.
«Quizá no parezca una gran diferencia, pero puede tener un enorme impacto en la salud y la calidad de vida de las personas», comenta Deborah Carr, gerontóloga de la Universidad de Boston, quien no participó en la investigación. Carr recuerda que un envejecimiento biológico acelerado suele estar vinculado a enfermedades como demencia, diabetes o problemas cardiovasculares, y cuanto antes aparezcan estos síntomas, más tiempo y recursos requieren para ser tratados.
Nuestro ADN se cocina con las olas de calor
La clave de este proceso está en la metilación del ADN, una especie de «reloj molecular» que cambia con el tiempo. Aunque este proceso no altera los genes en sí, sí modifica la manera en que se expresan. Y esos cambios pueden tener consecuencias tanto positivas como negativas. En este estudio, los investigadores detectaron que la exposición al calor estaba claramente relacionada con un patrón de metilación acelerado, incluso teniendo en cuenta otros factores como el nivel de ingresos, la educación, el ejercicio físico o si la persona fumaba.
“Sabemos que algunas personas envejecen más rápido que otras, y esto tiene mucho que ver con la edad biológica más que con la cronológica”, afirma Choi. El equipo utilizó modelos climáticos para calcular la exposición térmica de los participantes, considerando no solo la temperatura, sino también la humedad —componente esencial del índice de calor— durante diferentes periodos (días, meses, hasta seis años antes de la toma de muestras de sangre).
Tom Clanton, fisiólogo de la Universidad de Florida, destaca la importancia del hallazgo. Aunque ya se conocía la relación entre calor y enfermedades cardíacas, aún no se entendían bien los mecanismos detrás de esos efectos a largo plazo. “Este estudio empieza a explicar cómo el calor actúa a nivel genómico para acelerar el envejecimiento del corazón y de otros órganos vitales”, señala.
Y el problema va a más. El cambio climático está aumentando el número de días de calor extremo en gran parte del país. Según el National Climate Assessment de Estados Unidos, para mediados de siglo muchas regiones podrían experimentar entre 20 y 30 días adicionales de calor sofocante al año. Esto preocupa especialmente porque, como recuerda Carr, la población estadounidense también está envejeciendo, y los cuerpos de las personas mayores toleran peor el calor: sudan menos, el flujo sanguíneo hacia la piel disminuye y muchos medicamentos dificultan la regulación térmica.
Pero el impacto no se limita a las personas mayores. Robert Meade, experto en fisiología del calor de la Universidad de Harvard, lo resume así: “Es como intentar mantenerte a flote mientras alguien te lanza un ladrillo. El calor es una carga extra para todos los sistemas fisiológicos del cuerpo”. Y esa carga adicional puede ser especialmente peligrosa cuando se acumula a lo largo del tiempo.
Por eso, Meade y otros expertos creen que el siguiente paso de esta investigación debería centrarse en lo que ocurre dentro de los hogares: si las personas viven en caravanas sin ventilación o tienen acceso a aire acondicionado marca una gran diferencia. Un análisis más personalizado podría ayudar a identificar con más precisión quiénes corren más riesgo y cómo protegerlos.
Mientras tanto, este estudio añade una prueba más de que el calor no solo se siente en la piel, sino también en nuestros genes. Y con cada ola de calor, el reloj molecular del envejecimiento podría estar adelantando la hora.
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