El Swaindelphys solastella, una zarigüeya del tamaño de un erizo pero enorme para su época, ayuda a entender cómo vivían los primates tempranos.
Durante el Paleoceno, hace unos 60 millones de años, la Tierra se recuperaba de la gran extinción que acabó con los dinosaurios. En este periodo surgieron muchos grupos de mamíferos modernos. Entre ellos estaban los metaterios, una rama evolutiva que incluye a los marsupiales actuales y a sus parientes extintos. A diferencia de los placentarios, los metaterios crían a sus crías en una bolsa o marsupio, como la zarigüeya actual (possum en inglés).
Los paleontólogos de la Universidad de Kansas han descrito por primera vez una nueva especie de metaterio prehistórico encontrado en el Parque Nacional Big Bend, en Texas, que vivió hace unos 60 millones de años. La especie, bautizada como Swaindelphys solastella, es considerablemente más grande que otros miembros conocidos de su género, aunque su tamaño no supera al de un erizo actual. Sin embargo, dentro del contexto de los pequeños marsupiales del Paleoceno, es un auténtico gigante.
La autora principal del estudio, Kristen Miller, estudiante de doctorado del Instituto de Biodiversidad y Museo de Historia Natural de la Universidad de Kansas, pasó un año examinando fósiles que habían sido recolectados hace décadas por la paleontóloga Judith Schiebout en el oeste de Texas. Entre estos restos se encontraban molares que llamaron la atención de Miller y la llevaron a investigar qué tipo de metaterio representaban.
Miller realizó comparaciones morfológicas con otras especies de marsupiales de la misma época. Inicialmente, se barajaron dos hipótesis: que se tratase de un superviviente de un grupo de metaterios grandes del Cretácico, o bien que fuera un miembro muy antiguo de un grupo del Eoceno. Sin embargo, el análisis descartó ambas posibilidades, y demostró que se trataba de una nueva especie del género Swaindelphys, hasta ahora desconocida.
“Son no solo los metaterios más grandes de este periodo, sino también los más recientes y situados más al sur”, explicó Miller.
Su director de tesis y coautor del estudio, Chris Beard, destacó que los primeros mamíferos fósiles del Paleoceno en la zona de Big Bend ya se conocían desde hacía décadas, pero que su equipo se ha centrado en investigar las especies más pequeñas y difíciles de encontrar. “Este nuevo fósil destaca porque es el marsupial de mayor tamaño corporal hallado en el Paleoceno de América del Norte”, comentó Beard. “Y como se suele decir, todo es más grande en Texas”.
Un pequeño gigante
El descubrimiento no solo es relevante por el tamaño del animal. Según los investigadores, Swaindelphys solastella podría ofrecer nuevas pistas sobre los primeros primates que habitaron estos ecosistemas del sur de Estados Unidos. De hecho, debido a ciertas similitudes ecológicas, los paleontólogos consideran que estos marsupiales podrían haberse comportado de manera parecida a los primates primitivos, lo que los convierte en una herramienta útil para estudiar la evolución temprana de nuestros propios ancestros.
El trabajo, que incluyó el análisis de colecciones fósiles de la Universidad Estatal de Luisiana y de la Universidad de Texas en Austin, así como nuevas excavaciones en el Parque Nacional Big Bend, fue financiado por The Leakey Foundation. Esta organización, centrada en investigar la evolución humana, se interesó en el proyecto al saber que en la zona podrían encontrarse fósiles de primates y criaturas similares, conocidas como «primatomorfos».
Según Beard, “estos marsupiales probablemente sean análogos ecológicos de los primeros primates. No son técnicamente primates, pero están muy cerca del linaje que dio origen a ellos”.
El entorno del Paleoceno en esta región era muy diferente al desierto actual. Según Miller, el clima era mucho más cálido y húmedo, con abundante vegetación, ríos y corrientes. Los fósiles de Swaindelphys solastella se hallaron en depósitos fluviales, lo que indica que estos animales vivían cerca de sistemas de agua dulce.
Además, el estudio de estos fósiles también permite comparar la fauna del sur con la del norte del continente. En lugares como la Cuenca de Bighorn, en Wyoming, el registro fósil es muy completo y permite utilizar una técnica llamada biostratigrafía, que consiste en usar fósiles para datar las capas geológicas. Sin embargo, en el sur, como en Texas, este registro es más fragmentario y los investigadores sospechan que ciertas barreras geográficas antiguas pudieron afectar a la distribución de las especies.
Trabajando con colegas del Departamento de Geología de la Universidad de Kansas, los investigadores han identificado lo que podría haber sido una antigua elevación del terreno en el sur de Wyoming, que actuó como un divisor natural del paisaje y afectó a la dispersión de especies. “Al norte de esa barrera, encontramos las especies clásicas del Bighorn en sus periodos esperados”, explicó Miller. “Pero al sur, en las cuencas de drenaje que nacen en las Rocosas centrales, las cosas empiezan a volverse un poco raras”.
Este patrón sugiere que el paisaje jugó un papel crucial en la evolución y distribución de la fauna del Paleoceno. Algunas especies pudieron cruzar estas barreras naturales, mientras que otras quedaron aisladas. Es precisamente esta hipótesis la que Miller planea investigar más a fondo en su tesis doctoral. “Queremos comprobar, de manera cuantitativa, si realmente hay una diferencia significativa a uno y otro lado de esa barrera geográfica”, concluyó.
El estudio de Swaindelphys solastella no solo aporta una nueva pieza al rompecabezas de la historia evolutiva de los marsupiales, sino que también arroja luz sobre cómo los paisajes del pasado moldearon la biodiversidad que hoy conocemos.
REFERENCIA
Imagen: Reconstrucción de una especie de Swaindelphys descubierta en el Parque Nacional Big Bend de Texas y descrita por paleontólogos de la Universidad de Kansas. Crédito: Kristen Tietjen