Los niños la tienen, pero no estaba claro si los animales tienen imaginación, hasta que los científicos se tomaron un té con Kanzi el bonobo, que además es capaz de jugar con objetos imaginarios

¿De pequeño jugabas a las cocinas, con comida imaginaria, que luego te comías fingiendo que era de verdad? Hasta hace poco, muchos científicos situaban la imaginación, y en particular el “juego simbólico” infantil, como un rasgo exclusivamente humano. La literatura recogía anécdotas en primates, por ejemplo crías de chimpancé que acunan palos como si fueran bebés, pero faltaban estudios controlados que despejasen dudas. Un trabajo publicado en Science por investigadores de la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de St Andrews tiene la respuesta. Con un diseño inspirado en el juego de tomar té imaginario en la guardería, sugiere que al menos un gran simio puede pensar más allá del aquí y ahora.

Los autores se sentaron frente a Kanzi, un bonobo de 43 años que respondía a indicaciones verbales señalando con el dedo. Sobre la mesa colocaron jarras y tazas transparentes, todas vacías. En la primera tarea, la experimentadora “sirvió” un chorro de zumo imaginario en dos tazas, y después fingió vaciar por completo el contenido de una de ellas. A continuación preguntó: “¿Dónde está el zumo?”. Kanzi señaló la taza “llena” la mayor parte de las veces pese a que, en sucesivos ensayos, los investigadores cambiaban de sitio los recipientes. Así descartaron que el animal se guiase por posiciones fijas.

El equipo introdujo un control clave. Si Kanzi pensaba que en las tazas había zumo real, aunque no se viera, podría confundirse. Por eso repitieron el juego colocando, junto a la taza con “zumo” fingido, otra con zumo verdadero. Cuando le preguntaron qué quería, Kanzi eligió casi siempre el zumo real. Esa preferencia indica que entendía la diferencia entre objeto imaginario y objeto tangible, y que no estaba respondiendo a ciegas ni por simple rutina.

Kanzi demuestra que los animales tienen imaginación

Una tercera prueba trasladó la idea a la comida. La experimentadora fingió morder una uva de un cuenco vacío y “guardó” el resto en uno de dos tarros transparentes. Después simuló vaciar el otro tarro y preguntó por las uvas. Kanzi volvió a señalar el tarro correcto donde, solo en la ficción compartida, quedaban uvas. La consistencia de sus respuestas, sin recompensas en la mayoría de los ensayos, reforzó que no se trataba de condicionamiento.

Los investigadores subrayan que no bastan anécdotas sueltas para atribuir imaginación a otras especies. Por eso diseñaron un protocolo cercano al que se usa con niños pequeños y lo aplicaron a un solo sujeto, pero con múltiples tareas. “Es un descubrimiento decisivo que sus vidas mentales vayan más allá del aquí y ahora”, dijo el coautor Christopher Krupenye. “La imaginación se ha visto como un elemento crítico de lo que significa ser humano, pero que quizá no sea exclusiva de nuestra especie resulta transformador”. También recordó el precedente de Jane Goodall, cuando la fabricación de herramientas por chimpancés obligó a redefinir qué nos hace humanos.

Amalia Bastos, coautora, recalcó lo sorprendente de los datos. “Es tremendamente llamativo y muy emocionante que los datos parezcan sugerir que los simios, en su mente, pueden concebir cosas que no están ahí”, afirmó. Aun así, el equipo se cuida de no exagerar. Kanzi, criado en un entorno humano y habituado a la interacción con personas, representa un caso particular. La hipótesis ahora es llevar el mismo paradigma a otros grandes simios con menos “aculturación” para comprobar si también entienden los objetos fingidos.

El resultado tiene implicaciones evolutivas. Si un bonobo comparte con nosotros la capacidad de sostener una ficción compartida, aunque sea sencilla, quizá sus raíces se remonten al ancestro común de humanos y grandes simios, hace entre 6 y 9 millones de años. De ser así, la imaginación no solo nutriría nuestros cuentos infantiles, también habría ayudado a otros primates a practicar habilidades sociales y a planificar, al menos en escenarios sencillos.

Krupenye lo resumió con un llamamiento ético. “Deberíamos sentirnos impulsados por estos hallazgos a cuidar de estas criaturas con mentes ricas y bellas y asegurar que sigan existiendo”. El té era de mentira, pero la pista que ofrece sobre lo que piensan los simios es muy real.

REFERENCIA

Evidence for representation of pretend objects by Kanzi, a language-trained bonobo

Imagen: Kanzi, un bonobo de 43 años que vive en Ape Initiative. – Copyright Ape Initiative