Un estudio con gemelos suecos encuentra que los síntomas de autismo y TDAH se mantienen estables, el boom de diagnósticos apunta a otros factores.

Los diagnósticos de autismo y de déficit de atención han aumentado en todo el mundo en los últimos años, pero ¿quiere eso decir que cada vez más personas, sobre todo niños, los padecen? El autismo, llamado trastorno del espectro del autismo o TEA, es una condición del neurodesarrollo que afecta la comunicación social y la conducta repetitiva. Por su parte, el TDAH, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, engloba inatención, impulsividad e hiperactividad que dificultan el rendimiento.

Un equipo del Centro de Neuropsiquiatría Gillberg, en la Universidad de Gotemburgo, analizó nueve cohortes de nacimiento consecutivas en Suecia para intentar responder una pregunta incómoda. Si los diagnósticos clínicos de TEA y TDAH no paran de crecer, ¿están creciendo también los síntomas en la población general adolescente?

Los investigadores recurrieron al estudio CATSS, el Estudio de Gemelos Infantiles y Adolescentes de Suecia. Incluyeron casi 10 000 gemelos nacidos entre 1993 y 2001. Cuando cada participante cumplió 18 años, sus progenitores completaron cuestionarios en línea.

Para el TEA, los padres respondieron 12 preguntas alineadas con criterios diagnósticos. Para el TDAH, rellenaron 17 ítems centrados sobre todo en inatención y funciones ejecutivas. Es decir, en problemas para mantener la concentración y organizar tareas, no en hiperactividad.

El equipo comparó promedios de síntomas por año de nacimiento. También miró la proporción de jóvenes en los percentiles más altos, quienes acumulan más rasgos relacionados con los trastornos.

No hay un aumento de los síntomas

El resultado para el TEA fue claro. Los síntomas parentales de autismo se mantuvieron estables en chicos y en chicas a lo largo de todo el periodo. Tampoco creció el porcentaje de jóvenes en el top de síntomas. En palabras del autor principal, Olof Arvidsson, “En los nueve años de nacimiento examinados, no se observaron signos de aumento de los síntomas del TEA en la población, a pesar del aumento de los diagnósticos”.

El panorama del TDAH resultó más complejo. En chicos, los síntomas que reportaron los padres no cambiaron de forma apreciable. Se mantuvieron estables tanto los promedios como la proporción de varones en los percentiles altos.

En chicas, los autores sí detectaron un aumento. Fue pequeño, pero estadísticamente significativo, tanto en puntuaciones medias como en la proporción en el top del 10%. El año de nacimiento, sin embargo, solo explicó una fracción mínima de la variación. Según Arvidsson, “En el caso del TDAH, no se observó ningún aumento entre los chicos. Sin embargo, en las chicas de 18 años se observó un aumento muy pequeño, pero estadísticamente significativo, de los síntomas del TDAH. El aumento en cifras absolutas fue pequeño en relación con el aumento de los diagnósticos clínicos”.

La escalada de diagnósticos de TEA y TDAH no refleja una ola de síntomas cada vez mayores, hay otras fuerzas en juego

El estudio sugiere que la escalada de diagnósticos de TEA y TDAH no refleja una ola de síntomas cada vez mayores. Señala otras fuerzas en juego. La población y los profesionales están más atentos, así que más familias buscan evaluación. Los manuales diagnósticos han ampliado criterios. Lo que antes no cruzaba el umbral, ahora sí lo cruza.

También cambia la percepción de la discapacidad asociada a los mismos síntomas. Padres y docentes podrían valorar hoy como más incapacitantes conductas que antes sorteaban con apoyos informales. La escuela exige más funciones ejecutivas y habilidades sociales complejas. En ocasiones, para conseguir recursos académicos para las escuelas se necesita una etiqueta diagnóstica. Eso empuja a pedir una evaluación.

En chicas, el ligero repunte podría reflejar un mejor reconocimiento del TDAH femenino. Ellas suelen mostrar menos hiperactividad visible y más inatención y desorganización, por lo que pasan más desapercibidas. El alza de ansiedad y depresión en adolescentes puede solaparse con síntomas de TDAH y activar más consultas.

El trabajo también explica sus límites. La tasa de respuesta de los cuestionarios parentales fue de alrededor del 41%. Los autores comprobaron posibles sesgos y estiman que las tendencias temporales principales se mantienen, aunque más participación daría más músculo estadístico. Además, la medida de TDAH se centró en la inatención. La hiperactividad quedó fuera, por lo que las conclusiones hablan sobre todo del componente atencional.

Mirar tendencias de síntomas, y no solo diagnósticos, ayuda a los gestores sanitarios. Si los síntomas no suben, pero sí los diagnósticos, hay que entender por qué, y adaptar recursos educativos y clínicos en consecuencia. El equipo planea estudiar con más detalle la incidencia de diagnósticos por grupos y cómo absorber la demanda sin dejar a nadie atrás.

La conclusión práctica es tranquilizadora. No vemos una marea silenciosa de síntomas de TEA o de TDAH que arrase a los jóvenes. Vemos un sistema que detecta más, define más amplio y demanda papeles para acceder a apoyos. Saberlo evita alarmas injustificadas y permite centrar esfuerzos donde más falta hacen.

REFERENCIA

ASD and ADHD symptoms in 18-year-olds – A population-based study of twins born 1993 to 2001