Un análisis de miles de personas sugiere que comer carne, pescado, huevos y lácteos en mayor cantidad está asociado a  presentar menores niveles de depresión y ansiedad

La relación entre dieta y salud mental se ha convertido en uno de los campos más activos de la nutrición moderna. Durante años, la investigación se ha centrado sobre todo en vitaminas, minerales y ácidos grasos, como los omega-3 presentes en el pescado. Sin embargo, los científicos también estudian cada vez más el papel de los macronutrientes, es decir, proteínas, grasas y carbohidratos. Dentro de este grupo, las proteínas han despertado especial interés porque aportan aminoácidos, las moléculas que el cuerpo utiliza, entre otras muchas cosas, para fabricar neurotransmisores que regulan el estado de ánimo, como la serotonina o la dopamina.

Un nuevo estudio ha analizado la relación entre el consumo de proteína animal y los síntomas de depresión y ansiedad en adultos. Los investigadores compararon las dietas habituales de los participantes con sus niveles de bienestar psicológico. Los resultados muestran que una mayor ingesta de proteína procedente de alimentos animales se asocia con niveles más bajos de estos trastornos emocionales.

Las proteínas animales incluyen alimentos como carne, pescado, huevos y productos lácteos. Estos alimentos contienen todos los aminoácidos esenciales, es decir, aquellos que el cuerpo humano no puede fabricar por sí mismo. Por ese motivo se consideran proteínas completas.

Según los investigadores, los aminoácidos pueden influir directamente en el cerebro. Algunos de ellos actúan como precursores de neurotransmisores, las sustancias químicas que permiten la comunicación entre neuronas. Por ejemplo, el aminoácido triptófano participa en la producción de serotonina, un neurotransmisor que regula el estado de ánimo, el sueño y el apetito.

Comer carne, tener menos depresión y ansiedad

En el análisis, las personas con mayor consumo de proteína animal mostraron puntuaciones más bajas en cuestionarios de depresión y ansiedad. Esto no significa necesariamente que la proteína animal cure estos trastornos. Sin embargo, sí sugiere que la dieta podría influir en el equilibrio emocional de forma más directa de lo que se pensaba.

Los investigadores también señalan que la relación entre alimentación y salud mental es compleja. El estado de ánimo depende de muchos factores, desde el estrés y el sueño hasta el ejercicio físico o las relaciones sociales. La dieta es solo una pieza más de ese rompecabezas.

Además, los estudios observacionales como este detectan asociaciones, pero no pueden demostrar una relación causa-efecto. Es posible, por ejemplo, que las personas con mejor salud mental mantengan dietas más equilibradas o estilos de vida más saludables en general. Para aclarar esta cuestión harían falta ensayos controlados en los que se modifique la dieta de los participantes y se observen los cambios en su estado psicológico.

Los autores también advierten que el tipo de proteína animal podría ser importante. No todos los alimentos tienen el mismo perfil nutricional. El pescado aporta ácidos grasos omega-3, mientras que la carne roja contiene hierro y vitamina B12, pero también puede incluir grasas saturadas en mayor cantidad.

Por otro lado, las proteínas vegetales, presentes en legumbres, frutos secos o cereales, también pueden formar parte de una dieta saludable. En muchas culturas, estas fuentes constituyen la base de la alimentación diaria. Lo más probable, según los expertos, es que la combinación de distintos alimentos sea la estrategia más beneficiosa para el organismo.

En cualquier caso, el estudio añade una nueva pieza al creciente interés por la llamada “nutrición psiquiátrica”, un campo que investiga cómo lo que comemos influye en el cerebro. Comprender mejor esa relación podría ayudar en el futuro a diseñar estrategias dietéticas que complementen los tratamientos tradicionales de la depresión y la ansiedad.

REFERENCIA

The Association Between Plant and Animal Protein Intake With Depression, Anxiety, and Stress