Los investigadores han desarrollado anticuerpos monoclonales que bloquean por completo la infección por el virus de Epstein-Barr en modelos animales, abriendo la puerta al primer tratamiento preventivo contra uno de los virus más extendidos del planeta.
Probablemente lo tienes. No lo sabes, no te ha dado síntomas graves (o los has olvidado), pero el virus de Epstein-Barr (VEB) vive latente en tu organismo desde que eras niño, igual que en el 95% de los adultos de todo el mundo. Durante décadas ha sido uno de esos virus que la ciencia sabía que causaba problemas serios pero no lograba detener. Ahora, por primera vez, un equipo de investigadores ha conseguido bloquearlo por completo en modelos con sistemas inmunitarios humanos.
Un virus que se esconde de casi todas nuestras defensas
El virus de Epstein-Barr pertenece a la familia de los herpesvirus y es el agente causante de la mononucleosis infecciosa (la llamada «enfermedad del beso»). Pero su impacto va mucho más allá de la fiebre y el cansancio de la adolescencia. El VEB está vinculado a varios tipos de cáncer (linfoma de Burkitt, carcinoma nasofaríngeo, linfoma de Hodgkin), a la esclerosis múltiple e incluso a algunos trastornos neurodegenerativos. El problema que ha frustrado durante años los intentos de desarrollar un tratamiento específico es su estrategia de invasión: el virus se une a los linfocitos B, las células que producen los anticuerpos, de una manera tan eficiente que encuentra una puerta de entrada en prácticamente todas ellas.
«Encontrar anticuerpos humanos que bloqueen la entrada del virus de Epstein-Barr en nuestras células inmunitarias ha sido especialmente difícil porque, a diferencia de otros virus, el VEB encuentra la manera de unirse a casi todos nuestros linfocitos B», explicó Andrew McGuire, bioquímico y biólogo celular de la División de Vacunas y Enfermedades Infecciosas del Fred Hutch. «Decidimos utilizar nuevas tecnologías para intentar cubrir ese vacío y acabamos dando un paso crítico hacia el bloqueo de uno de los virus más comunes del mundo».
Ratones con anticuerpos humanos, la clave del avance
Para sortear la barrera que había bloqueado la investigación anterior, el equipo del Fred Hutchinson Cancer Center utilizó una estrategia poco habitual en este campo: ratones modificados genéticamente para producir anticuerpos humanos. Esto permitió identificar anticuerpos con la estructura de los humanos (y por tanto sin riesgo de rechazo inmunitario en personas) capaces de atacar al VEB.
Los investigadores se centraron en dos proteínas clave de la superficie del virus: la gp350, que ayuda al virus a adherirse a las células humanas, y la gp42, que le permite fusionarse con ellas y penetrar en su interior. Identificaron diez anticuerpos prometedores en total (dos contra gp350 y ocho contra gp42) y los sometieron a pruebas en modelos animales con sistemas inmunitarios humanizados. El resultado fue decisivo: uno de los anticuerpos dirigidos contra la proteína gp42 consiguió bloquear por completo la infección. Un segundo anticuerpo, el que ataca a gp350, ofreció protección parcial. Ningún estudio previo había llegado tan lejos.
Una urgencia especial para pacientes de trasplante
Aunque el hallazgo tiene relevancia para la población general, las implicaciones más inmediatas apuntan a un grupo muy vulnerable: los más de 128.000 pacientes que reciben trasplantes de órganos sólidos o de médula ósea cada año solo en Estados Unidos. Estos pacientes deben tomar fármacos inmunosupresores para que su cuerpo no rechace el órgano donado, y esa misma supresión del sistema inmunitario abre la puerta a que el VEB se reactive o se transmita a través del órgano del donante.
La consecuencia más temida es el trastorno linfoproliferativo postrasplante (TLPT), una forma de linfoma frecuentemente impulsada por el VEB descontrolado que puede resultar letal. En la actualidad no existe ningún tratamiento aprobado para prevenirlo. «Prevenir la viremia por Epstein-Barr tiene un gran potencial para reducir la incidencia del TLPT y limitar la necesidad de reducir la inmunosupresión, ayudando así a preservar la función del órgano trasplantado y mejorando los resultados del paciente», señaló Rachel Bender Ignacio, profesora asociada e infectóloga del Fred Hutch y de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington.
El camino hacia la clínica
Los investigadores ya tienen clara la hoja de ruta. El objetivo es desarrollar una infusión de anticuerpos monoclonales que pueda administrarse de forma preventiva a pacientes en situación de alto riesgo antes de un trasplante, o que pueda usarse para bloquear la primoinfección en personas que aún no han estado expuestas al virus (como muchos niños que van a recibir un trasplante). El Fred Hutch ha registrado una patente sobre los anticuerpos descubiertos y el equipo trabaja ya con un socio industrial para dar los siguientes pasos: pruebas de seguridad en adultos sanos y, después, ensayos clínicos en los pacientes con mayor riesgo.
Más allá del VEB, el estudio publica también algo con implicaciones más amplias: el método de los ratones con anticuerpos humanos ha demostrado ser una vía eficaz para identificar protecciones contra otros patógenos difíciles de atacar. Después de décadas de frustraciones frente a un virus que coloniza casi todos los cuerpos humanos sin que nadie lo invite, la ciencia ha encontrado, por fin, un punto débil en su armadura.
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