Dadas sus características anatómicas, histológicas y fisiológicas, a la piel se la puede considerar un órgano corporal en toda regla. Y como representa casi la sexta parte del total de nuestro peso, es el mayor de todo el cuerpo.

Su “manto áci­do” impide el paso de bacterias y hongos ha­cia el interior. Además, las secreciones de las glándulas sebáceas y sudoríparas de la epidermis configuran una fina película de aguay ácidos grasos que protege la lisura y elasticidad de la piel para mantenerla impermeable y evitar la pérdida de humedad.

Como función metabólica, en ella se produce la síntesis de vitamina D a partir de la exposición a la luz del sol de la provitamina D ingerida. En su interior, los hidratos de carbono se convierten en grasa (y viceversa). Su función sensorial es informar al cerebro de la temperatura (para regularla), los dolores, las presiones, etc.

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Pedro J. Cañones
Secretario de la Soc. Medicina

Enviada por Daniela Fuentes Pérez, Llanes (Asturias)

Redacción QUO