En ratones con obesidad, las inyecciones para adelgazar basadas en tirzepatida, comercializada como Mounjaro, activa la grasa parda, aumenta el gasto energético y mejora el metabolismo
La obesidad y la diabetes tipo 2 no dependen únicamente de cuántas calorías entran y salen, también importa cómo decide el cuerpo almacenarlas o gastarlas. En los últimos años han aparecido fármacos como Ozempic (semaglutida) que reducen mucho el apetito y el peso, pero aún queda por aclarar qué hacen exactamente en los tejidos y por qué mejoran parámetros metabólicos incluso más allá del adelgazamiento.
La tirzepatida, nombre genérico del medicamento Mounjaro, ha cambiado el panorama del tratamiento de la obesidad y de la diabetes tipo 2 mal controlada. Aun así, sus mecanismos celulares y moleculares no se conocen del todo. Un estudio en ratones aporta nuevas pistas y sugiere que el fármaco mejora el metabolismo de forma directa al activar la grasa parda, un tipo de tejido adiposo especializado en gastar energía.
El trabajo lo ha liderado Marion Peyrou, investigadora Ramón y Cajal en la Facultad de Biología y el Instituto de Biomedicina de la Universidad de Barcelona (IBUB), junto con el Institut de Recerca Sant Joan de Déu (IRSJD) y el CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBEROBN). El objetivo era entender mejor qué hace la tirzepatida en distintos “depósitos” de grasa, algo que resulta muy difícil de analizar con este nivel de detalle en humanos.
La tirzepatida destaca frente a otros fármacos antiobesidad porque actúa a la vez sobre dos receptores hormonales, GIP y GLP-1. Dicho de forma simple, imita señales intestinales que, entre otras cosas, ayudan a reducir la ingesta y favorecen la pérdida de peso. Hasta aquí, lo conocido. La pregunta era si el medicamento hace algo más que empujar a comer menos.
Las inyecciones para adelgazar y la grasa parda
Para separar el efecto “fármaco” del efecto “menos comida”, el equipo trabajó con ratones con obesidad inducida por dieta rica en grasa. Trataron a un grupo con tirzepatida y lo compararon con otro grupo que no recibió el medicamento, pero que comió la misma cantidad. Ese diseño permite distinguir qué cambios dependen del compuesto y cuáles solo aparecen por la restricción de alimento.
El resultado clave fue que la tirzepatida activó la grasa parda, un tipo de grasa que, a diferencia de la grasa blanca que almacena energía y tiende a acumularse en la obesidad, se comporta como un “horno” biológico. “Esta activación está asociada con una mayor capacidad para quemar energía metabólica y con la producción de batocinas por parte del tejido adiposo marrón, moléculas que son beneficiosas para el metabolismo”, explica Marion Peyrou. Las batocinas son moléculas señalizadoras liberadas por la grasa parda que pueden influir positivamente en el metabolismo.
Este hallazgo importa porque sugiere que la tirzepatida tiene efectos metabólicos más allá del adelgazamiento que logra al reducir el apetito. “Este fármaco no solo reduce el peso corporal, sino que también tiene efectos beneficiosos sobre el metabolismo. El tejido adiposo marrón activo «quema» la glucosa y la grasa del organismo, lo que contribuiría a su efecto positivo no solo en la reducción del peso corporal, sino también en la disminución de los niveles de glucosa y grasa en sangre y en la mejora del metabolismo”, señala Peyrou. En otras palabras, no solo cambia el “cuánto comes”, también empuja el “cómo gastas”.
La activación de la grasa parda lleva años como estrategia tentadora contra la obesidad y otros trastornos metabólicos, pero los intentos farmacológicos previos han tropezado con efectos adversos, sobre todo cardiovasculares. En este contexto, los autores subrayan que la tirzepatida, pese a activar la grasa parda, no muestra esos efectos negativos en el modelo, y de hecho se asocia a beneficios cardiovasculares en el uso clínico.
Si futuros estudios confirmaran un mecanismo similar en personas, reforzaría la idea de tratamientos más completos que combinan menos ingesta con más gasto energético. También podría ayudar a afinar la prescripción y a identificar perfiles de pacientes que se beneficien especialmente, por ejemplo quienes tengan el gasto energético más comprometido. Aun así, el equipo pide prudencia, porque los resultados provienen de ratones y puede haber diferencias relevantes entre especies en regulación metabólica, distribución de grasa y respuesta a fármacos.
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