Sabemos qué comió este búho fósil de 47 millones de años, y eso cambia muchas cosas

El esqueleto de un búho fósil hallado en la mina de Messel, en Alemania, conserva su última comida y nos explica el momento en que pasaron a la vida nocturna
En la mina de Messel, cerca de Fráncfort, hay un yacimiento que funciona como una cámara fotográfica geológica. Hace 47 millones de años era un lago rodeado de bosque, y lo que caía al fondo quedaba sellado en el barro con un detalle asombroso. En la campaña de 2025 apareció el esqueleto de un ave de unos 12 centímetros, completo salvo el cráneo. Las plumas de las alas y la cola seguían intactas. Era un búho joven, y todavía tenía la cena en el estómago. Una cucaracha de color azul verdoso con brillo metálico.
Averiguar si un animal extinguido salía de día o de noche parece imposible, pero se puede deducir a partir de lo que comió, porque cada presa tiene sus horarios. Otra pista son las plumas. Las rapaces nocturnas actuales tienen el borde del ala deshilachado, como un peine, y eso rompe el flujo de aire y hace el vuelo silencioso. La tercera clave son las proporciones de los huesos del ala. Volar en silencio exige alas largas y lentas, no como el fósil de Messel. Por eso el equipo de Gerald Mayr, del Instituto Senckenberg de Fráncfort, lo considera un cazador diurno. El estudio se publica en Current Biology.
Una cucaracha iridiscente a pocos metros
En la zona del estómago quedaban unos restos iridiscentes. Los investigadores reconocieron en ellos un ala de cucaracha, por sus nervios longitudinales gruesos y sus numerosas nervaduras transversales. La confirmación llegó cuando encontraron una cucaracha muy parecida y mucho mejor conservada a pocos metros del ave, en el mismo sedimento.
El brillo metálico es la clave. Esos colores los produce la propia estructura microscópica del ala, que descompone la luz como una pompa de jabón. No hay pigmento de por medio. Un color así solo luce cuando le da el sol. Entre los insectos actuales, las alas iridiscentes van asociadas a la vida diurna, de modo que una cucaracha brillante es casi con seguridad un bicho de día.
Al nuevo animal le han puesto Masillastrix blattophaga. La primera parte combina el nombre antiguo de Messel con la palabra latina para búho. La segunda significa, literalmente, comedora de cucarachas.
Alas que no estaban hechas para el silencio
Las plumas de vuelo del fósil no tienen las características de las rapaces nocturnas modernas. Les faltan los flecos del borde que amortiguan el ruido.
El húmero de Masillastrix es bastante más corto que el de cualquier búho actual. Sus alas todavía no eran largas ni servían para planear sin hacer ruido. A un cazador diurno le sirve de poco el sigilo. Le interesa más la vista, y a plena luz la vista funciona de sobra.
La única grieta del razonamiento está en el horario de la cena. Un búho crepuscular podría haber cazado esa cucaracha al amanecer o al atardecer, cuando los insectos diurnos siguen activos y la luz ya flojea. El contenido del estómago, por sí solo, no cerraría el caso. Lo que lo cierra es que las tres pistas apunten en la misma dirección.
Cuándo se apagó la luz
Los paleontólogos daban por hecho que los búhos vienen de antepasados diurnos. Algunos fósiles antiguos del grupo tienen crestas óseas sobre las cuencas de los ojos que parecen viseras para protegerse del sol. "Existe un consenso en que los búhos tienen que haber evolucionado a partir de un antepasado diurno", explica Mayr. Lo que faltaba era una prueba directa, y hasta ahora el registro era tan pobre que muchas especies se conocen por un par de huesos sueltos.
Hace 47 millones de años, al menos un miembro del grupo seguía cazando de día. El búho más antiguo con las proporciones de ala de un búho moderno vivió en Francia hace unos 35 millones de años. El cambio al turno de noche se produjo, por tanto, en algún momento de ese intervalo.
El misterio que sigue abierto
Queda por saber por qué lo hicieron. Las dos explicaciones habituales tienen un problema de calendario. Una dice que los búhos se retiraron a la noche para no competir con águilas, halcones y demás rapaces diurnas. La otra, que aprovecharon la explosión de mamíferos nocturnos, un menú abundante y sin competencia.
Los dos grupos, sin embargo, se diversificaron hace entre 20 y 25 millones de años. Para entonces los búhos ya llevaban como mínimo diez millones de años volando en silencio. La causa, sea la que sea, hay que buscarla antes.
El búho más antiguo que se conoce, Ogygoptynx wetmorei, tiene unos 60 millones de años, apenas cinco millones después de la extinción de los dinosaurios. Entre ese fósil y el de Messel hay un hueco enorme y casi vacío. "Todavía sabemos muy poco sobre la evolución temprana de las aves modernas", reconoce Mayr. Un esqueleto completo con la cena dentro ayuda bastante a rellenarlo.
REFERENCIA
- Evidence for diurnal habits in an exceptionally preserved Eocene owl. Mayr G, Šmídová L, Richter A, Wedmann S. Current Biology, 3 de noviembre de 2026.
- Perfectly preserved owl fossil from 47 million years ago could help to solve a major evolutionary mystery. Live Science, 6 de noviembre de 2026.
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