La «cúpula dorada» de defensa espacial antimisiles cuesta 175.000 millones de dólares, pero los científicos dicen que no funcionará porque las leyes de la física no se negocian.
En la era moderna, los misiles intercontinentales (ICBM) y otras armas avanzadas como los misiles hipersónicos plantean enormes desafíos para la defensa militar. Estos proyectiles, que pueden portar cabezas nucleares, recorren miles de kilómetros a velocidades supersónicas. El sistema de defensa antimisiles busca interceptarlos antes de que impacten su objetivo, tarea que implica detectar, seguir y neutralizar un blanco en movimiento que puede viajar por el espacio.
La dificultad es tal que se compara con “acertar una bala con otra bala”, aunque incluso esto es subestimar la dificultad. Ante las crecientes amenazas nucleares de Rusia, China y Corea del Norte, el presidente Donald Trump ha vuelto a la carga con una propuesta ambiciosa: un nuevo sistema de defensa antimisiles llamado “Cúpula Dorada” (Golden Dome), que promete proteger a Estados Unidos de cualquier ataque. Según Trump, el sistema costará 175.000 millones de dólares y estará operativo antes de que termine su mandato. Sin embargo, buena parte de la comunidad científica considera que esta idea es más ciencia ficción que ciencia factible.
Actualmente, Estados Unidos ya cuenta con un sistema de defensa antimisiles para interceptar ataques limitados con misiles balísticos intercontinentales (ICBM), especialmente de países como Corea del Norte. Pero según un informe de febrero de la Sociedad Estadounidense de Física (APS), incluso ese sistema tiene un éxito incierto. Y lo que Trump propone va mucho más allá: interceptar no sólo ICBMs, sino también misiles hipersónicos, cruceros avanzados y otros proyectiles. Además, el sistema no se limitaría a interceptores terrestres: la “Cúpula Dorada” incluiría armas en órbita, preparadas para neutralizar misiles desde el espacio.
“El poder interceptar de forma fiable incluso un solo misil balístico intercontinental armado nuclearmente es extremadamente difícil”, advirtió Frederick Lamb, físico de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign y presidente del grupo que elaboró el informe de la APS, durante una reunión en marzo. “La capacidad de cualquier sistema de defensa antimisiles para hacerlo de manera fiable no ha sido demostrada”.
El «Golden Dome», una propuesta inviable
El sistema actual de defensa en EE. UU. (con 44 interceptores en Alaska y California) se centra en la fase intermedia del vuelo de un ICBM, es decir, cuando el misil ya ha salido del planeta y viaja por el espacio antes de caer. Este sistema, llamado “defensa de medio curso basada en tierra”, ha costado más de 60.000 millones de dólares y tiene una efectividad del 60 % en las pruebas. Sin embargo, estas pruebas no son totalmente realistas, y aún no se ha probado el sistema en un ataque real con ICBMs.
Uno de los grandes problemas de interceptar misiles en esta fase es que los adversarios pueden usar contramedidas, como soltar señuelos o basura espacial para confundir al sistema. “En el espacio, objetos con masas distintas se mueven igual, así que una cabeza nuclear y un globo diseñado para parecerse a ella pueden ser indistinguibles”, explicó James Wells, físico de la Universidad de Michigan.
La otra opción es interceptar en la llamada “fase de impulso”, cuando el misil aún está saliendo del suelo. Pero esta etapa dura apenas unos minutos, lo que exige interceptores muy cerca del sitio de lanzamiento, algo inviable en países grandes como China o Rusia. La alternativa propuesta por la “Cúpula Dorada” es usar interceptores en órbita baja terrestre. Pero eso también tiene su problema: se necesitaría una constelación masiva de satélites para asegurar que siempre haya uno en posición.
De hecho, el informe de la APS calcula que para interceptar un solo ICBM de Corea del Norte se necesitarían más de 1.000 interceptores en órbita. Para diez misiles, se necesitarían hasta 30.000. En comparación, actualmente hay unos 12.000 satélites activos en todo el mundo, muchos de ellos parte del sistema Starlink de SpaceX.
Y si el objetivo es protegerse de un país con cientos de misiles, como Rusia o China, entonces el número de satélites requeridos se dispara aún más. Thomas González Roberts, experto en astrodinámica del Instituto de Tecnología de Georgia, advierte que “defenderse de una región pequeña no es lo mismo que protegerse de un continente entero”. Para él, muchas de las propuestas de la Cúpula Dorada “son inviables”.
Trump no ofreció detalles técnicos en la conferencia del 20 de mayo, pero aseguró que la Cúpula Dorada podrá interceptar misiles “lanzados desde cualquier lugar del mundo e incluso desde el espacio”. Según Roberts, eso implica un sistema extremadamente complejo. “Cuesta creer que algo así pueda hacerse con 175.000 millones de dólares”, señala. “Incluso con las estimaciones más optimistas, parece imposible, y más aún si debe estar listo en tres años”.
El costo también preocupa. En las últimas siete décadas, EE. UU. ya ha gastado más de 400.000 millones de dólares en sistemas de defensa antimisiles. El proyecto de presupuesto actual destina 25.000 millones para el año fiscal 2025. Y un informe del 5 de mayo de la Oficina de Presupuesto del Congreso calcula que el esfuerzo espacial de la Cúpula Dorada costaría entre 161.000 y 542.000 millones en 20 años.
A pesar de las dudas, hay defensores del proyecto que creen que ya es hora de tomarse en serio una defensa integral. “La iniciativa de priorizar la defensa aérea y de misiles está más que justificada”, opinó Tom Karako, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. Para otros, como Robert Peters de la Fundación Heritage, la bajada de costes en lanzamientos espaciales hace más viable esta propuesta. Pero incluso él reconoce que la Cúpula Dorada no será un escudo impenetrable, sino una forma de disuadir ataques menores y garantizar que cualquier adversario necesite lanzar un ataque masivo —lo que, a su vez, provocaría una respuesta igual de devastadora.
En palabras de Victoria Samson, de la Fundación Mundo Seguro, la defensa antimisiles no es una cuestión de voluntad política sino de límites físicos: “La tecnología ha avanzado mucho, pero las leyes de la física no han cambiado. Y ahí está el verdadero reto”.
REFERENCIA
Strategic Ballistic Missile Defense. Challenges to Defending the U.S.