Un científico de la NASA propone que un cometa rozó la Tierra en el 5 a.e.c., y explica por qué pudo parecer inmóvil sobre Belén durante horas

Para la mayoría de los expertos, la validez histórica del Nuevo Testamento es relativa. En los evangelios se mezclan personajes y circunstancias históricas con mitos e interpretaciones que seguramente se añadieron siglos más tarde. Por eso no es de extrañar que produzca tanta fascinación la Estrella de Belén, un acontecimiento astronómico que solo se menciona de pasada en el Evangelio de Mateo.

Desde hace siglos, astrónomos e historiadores discuten qué pudo ser la Estrella de Belén. Unos invocan la fe, otros buscan una explicación natural. Las hipótesis más citadas hablan de una conjunción de planetas, como la de Júpiter y Saturno en el 7 a.e.c., o de una supernova que habría estallado por sorpresa. A ese debate se suman las minuciosas crónicas chinas, que registraron un cometa muy brillante visto durante más de 70 días en el 5 a.e.c.. Ahora, un investigador de la NASA cree haber encontrado la primera explicación que encaja con el movimiento descrito en el Evangelio de Mateo y con esas crónicas orientales.

El cometa del año 5 que pudo ser la Estrella de Belén

El protagonista es Mark Matney, científico planetario de la NASA, que acaba de publicar en el Journal of the British Astronomical Association una reconstrucción orbital del cometa de 5 a.e.c. a partir de las fuentes chinas. Su modelo explora familias de trayectorias compatibles con aquellas observaciones, y selecciona las que acercan el objeto muchísimo a la Tierra. Tanto, que durante unas horas su movimiento hacia el este, visto desde el suelo, casi cancelaría el efecto de la rotación terrestre. Los ingenieros de satélites conocen bien ese truco óptico y lo llaman “movimiento geosincrónico temporal”. Desde Judea, un cometa así habría parecido detenerse sobre un punto concreto del paisaje para, después, seguir su camino.

Mateo lo cuenta con precisión literaria. Primero, la estrella “apareció en oriente”. Luego “fue delante” de los magos en su corto viaje de Jerusalén a Belén. Al final, “se detuvo” sobre el lugar donde estaba el niño. Matney muestra que un acercamiento extremo podría reproducir esas tres escenas con ojos de observador. En una de sus reconstrucciones, la pausa habría ocurrido una mañana de junio del 5 a.e.c., con el cometa elevándose y alineado con la carretera de Jerusalén a Belén. Para unos viajeros que avanzan hacia el sur, ver “algo” que va delante, que se eleva y que luego queda casi encima resulta perfectamente plausible.

El cometa que pasó muy cerca

La clave está en el “casi rozó” de su cálculo. El cometa, según el rango más probable, habría pasado entre 380.000 y 400.000 kilómetros de la Tierra, a distancias lunares. Puede sonar audaz, pero no rompe ninguna regla celeste. En 2014, el cometa Siding Spring pasó a solo 141.000 kilómetros de Marte, un tercio de la distancia media entre la Tierra y la Luna, y nadie lo llamó milagro. Simplemente, suceden estos encuentros poco comunes. Matney recuerda aquel precedente para ilustrar que los acercamientos muy próximos, aunque raros, entran dentro de lo posible.

Giotto adoracion de los magos

Adoración de los magos, Giotto. Wikimedia Commons

La propuesta encaja con otra pista del texto bíblico. Si el cometa fue visible durante meses, su “estrella” no sería un fogonazo pasajero, sino un faro que los magos podían seguir y reinterpretar según avanzaba la estación. También encaja con la mentalidad de la época. En la astrología grecorromana y oriental, los cometas no eran meros adornos del cielo. Se leían como presagios de cambios de régimen, nacimientos reales e intervenciones divinas. Si uno de ellos aparecía, brillante y pertinaz, un grupo de astrólogos de élite podía perfectamente organizar un viaje.

El propio autor subraya que su estudio no cierra el caso. “Esta es la primera candidata astronómica que reproduce el movimiento descrito por Mateo, donde la estrella ‘fue delante’ de los magos hasta que ‘se detuvo’ sobre el lugar del niño Jesús”, escribe. No es la última palabra. Existen, al menos, cuatrocientas propuestas académicas que intentan encajar el puzle.

Kepler defendió la famosa conjunción de 7 a.e.c.. Otros han preferido una nova o supernova. Y muchos creyentes siguen cómodos con la idea de un signo sobrenatural o una metáfora poderosa. Pero por primera vez una órbita concreta, apoyada en registros históricos, explica por qué algo en el cielo pudo parecer fijo sobre una pequeña ciudad durante unas horas. Esa es la audacia de la hipótesis, y también su atractivo.

REFERENCIA

The star that stopped: The Star of Bethlehem & the comet of 5 BCE