Los pájaros carpinteros sincronizan sus exhalaciones breves con cada golpe que dan al tronco, igual que los tenistas que gritan mucho al golpear la pelota
¿Qué tienen en común Rafael Nadal, Monica Seles, Serena Williams y Novak Djokovic? Todos estos tenistas famosos gruñen y gritan cuando golpean la pelota con fuerza. Algunos de estos gruñidos pueden alcanzar los 100 decibelios en algunos torneos. Resulta que no son los únicos que usan el poder de su voz para golpear más fuerte: los pájaros carpinteros tienen una estrategia similar.
Un grupo de investigadores de Brown University y de la Universidad de Münster han estudiado cómo el pájaro carpintero convierte su cuerpo en una herramienta. Los pájaros carpinteros soportan desaceleraciones de hasta 400 gramos cuando golpean la madera, eso es casi medio kilo de presión para un pájaro que apenas pesa 60 gramos. Si fuera una persona, se rompería el cuello al primer golpe.
Durante años se ha analizado cómo los cráneos y cuellos del pájaro carpintero resisten ese castigo. Faltaba saber qué papel tiene la respiración en cada impacto. El trabajo publicado en el Journal of Experimental Biology ha tomado datos de pájaros carpinteros de pico blanco silvestres. Los autores registraron la actividad muscular y los patrones de respiración mientras las aves picoteaban y mientras emitían suaves gruñidos.
La respiración de los pájaros carpinteros y los tenistas que gritan mucho
Los investigadores capturaron de forma temporal ocho ejemplares y los filmaron con vídeo de alta velocidad durante tres días. Midieron señales eléctricas en músculos de la cabeza, el cuello, el abdomen, la cola y las patas. También registraron la presión del aire en un tramo de la vía respiratoria de seis aves y el volumen de aire exhalado en dos, antes de liberar a todos los animales.
Con esas piezas, reconstruyeron la secuencia de un golpe potente. El flexor de la cadera y los músculos del cuello anterior impulsan el cuerpo hacia delante para clavar el pico. Al mismo tiempo, las aves preparan el impacto echando la cabeza ligeramente hacia atrás y activando tres músculos situados en la base del cráneo y la parte posterior del cuello.
El abdomen entra en juego como un corsé natural que tensa el tronco y estabiliza el eje del cuerpo. La cola también participa, primero al flexionar el músculo caudal (el de la cola) y después al fijar la cadera contra el tronco del árbol justo en el instante del golpe. Esa coordinación convierte a cada individuo en un martillo biológico de precisión. La rigidez corporal, bien distribuida, evita pérdidas de energía y protege estructuras delicadas.
Los gruñidos al golpear
Las aves no golpean siempre igual. Afinan la fuerza según lo que hacen. Cuando taladran madera dura, la contracción del flexor de la cadera anterior aumenta de intensidad. Cuando emiten toques suaves para comunicarse, ese mismo músculo reduce su esfuerzo, lo que da como resultado impactos menos enérgicos.
El estudio revela otro componente clave. Cada vez que el pico impacta, el pájaro exhala con fuerza, como quien suelta un gruñido. Esa exhalación coincide con el máximo esfuerzo de los músculos del tronco, y ocurre de forma rítmica.
“Se sabe que este patrón de respiración genera una mayor co-contracción de la musculatura del tronco”, dice Antonson, autor del estudio. En otras palabras, el gruñido estabiliza el centro del cuerpo y potencia cada golpe. El paralelismo con los tenistas profesionales no es accidental.
Cuando el pájaro cambia a un toque rápido, la sincronía se mantiene. Las aves inhalan una microinspiración de unos 40 milisegundos entre golpes sucesivos. Pueden alcanzar ritmos de hasta 13 golpes por segundo, sin perder la cadencia entre respiración y movimiento.
En condiciones naturales, esos gruñidos pasan inadvertidos. El redoble del pico contra la madera los tapa por completo. Sin embargo, los sensores dejan claro que están ahí, perfectamente sincronizados y al servicio del rendimiento.
El panorama que emerge es el de una coordinación neuromuscular total. Del pico a la cola, el pájaro carpintero ajusta sus músculos y su respiración para maximizar la transmisión de energía y controlar la fuerza con precisión. Así horada troncos, se comunica con otros de su especie y sobrevive a fuerzas extremas sin romperse.
REFERENCIA