Un análisis global revela que el calor extremo afecta a un tercio de la humanidad, y hace que las actividades cotidianas, como subir escaleras, barrer el suelo o cargar bolsas sean un deporte de riesgo
El cuerpo humano funciona como una fábrica que quema combustible para moverse y, a la vez, como un radiador que necesita soltar calor para no recalentarse. Cuando el aire está muy caliente y húmedo, esa salida se atasca. El sudor sigue ahí, pero evapora peor, como si intentaras secarte con una toalla empapada. En ese punto, la pregunta ya no es “qué temperatura hace”, sino “qué actividad te permite ese calor sin disparar tu temperatura interna”.
Eso es justo lo que ha intentado medir un equipo internacional: traducir el calentamiento global a algo más tangible que una media anual. Según su análisis, alrededor de un tercio de la población mundial vive ya en zonas donde el calor limita severamente la actividad en los meses más duros, incluso para adultos jóvenes y sanos.
La unidad de medida son los MET (Metabolic Equivalent of Task), que expresan cuánta energía gastas comparado con estar en reposo. En números, el estudio define condiciones “manejables” para menores de 65 años como aquellas en las que todavía puedes sostener unos 3,3 MET, actividades cotidianas tipo barrer o caminar a paso moderado sin entrar en estrés térmico. Cuando el entorno te empuja hacia 1,5 MET, el catálogo de movimientos se reduce a estar sentado o tumbado, y ahí aparece la palabra que asusta: “inhabitable” en términos de vida diaria.
Cuánta piel hace falta para sobrevivir al calor extremo
Para llegar a ese mapa, los autores mezclaron dos mundos. Por un lado, la fisiología: pruebas en cámaras de calor midiendo cuánto sudan las personas y un parámetro llamado “skin wettedness”, que viene a ser cuánta piel queda realmente mojada y disponible para evaporar y enfriar. Por otro, 70 años de datos horarios de temperatura y humedad, de 1950 a 2024, cruzados con población y desarrollo humano.
De media, las personas mayores de 65 años sufren ahora unas 900 horas al año en las que el calor restringe de forma severa la actividad al aire libre, frente a unas 600 horas en 1950. Es como añadir más de un mes de días perdidos por el calor.
Los lugares más duros se concentran en regiones tropicales y subtropicales y, dentro de los países, en quienes trabajan fuera y tienen menos acceso a refrigeración. El reportaje cita como zonas especialmente castigadas el suroeste de Asia, el sur de Asia y partes de África occidental, con diferencias enormes entre áreas y oficios.
La coautora Jennifer Vanos lo resume así: “La mayoría de los estudios sobre el calor se centran en lo mucho que se siente. Este plantea otra pregunta: ¿qué puede hacer con seguridad un cuerpo humano con ese calor?”. Y Luke Parsons, primer autor, pone el dedo en la llaga climática: “A menos que dejemos de quemar petróleo, carbón y gas, las restricciones de habitabilidad causadas por el calor extremo solo serán más comunes y extensas, especialmente a medida que la población mundial envejece”.
El estudio también deja una imagen que funciona como tráiler del futuro. En 2024, el año más cálido registrado, más del 43% de los adultos jóvenes y casi el 80% de los mayores vivieron al menos algún periodo en el que la combinación de calor y humedad limitó de forma severa lo que podían hacer con seguridad. Si 1,5 °C ya aprieta así, cada décima extra no es una abstracción, es tiempo robado a la vida cotidiana.
REFERENCIA
Intensifying Global Heat Threatens Livability for Younger and Older Adults